Un ucraniano tomado como rehén por Rusia cuenta cómo limpiaba las salas de tortura
Vladislav Buryak, a la derecha, con su padre, Oleg: 'La tortura continuaba, a veces durante varias horas'. Foto: c/o Oleg Buryak

Un joven ucraniano de 16 años describió cómo estuvo secuestrado por soldados rusos durante 90 días mientras escuchaba cómo torturaban a otros prisioneros en una celda cercana.

Vladislav Buryak, que fue separado de su familia el 8 de abril en un retén cuando intentaba huir de la ciudad de Melitopol, fue liberado después de una negociación de varios meses entre su padre, Oleg –un funcionario ucraniano local– y los soldados rusos, que querían intercambiar a Vladislav por una persona de interés para los militares rusos.

El vívido relato de Vladislav sobre su tiempo en cautiverio es una descripción de los violentos interrogatorios que implican brutales palizas, y confirma otros informes sobre el maltrato infligido por las fuerzas separatistas rusas y prorrusas a las personas detenidas.

El joven es uno de los aproximadamente 500 casos de rehenes civiles cuya información fue recopilada por el Centro por las Libertades Civiles en Ucrania, entre los que figuran varios jóvenes más, aunque la organización señala que ese total probablemente es la punta del iceberg.

En una entrevista con The Guardian, Vladislav describió su largo calvario y cómo fue sacado de un convoy de vehículos.

“Salimos de Melitopol hacia Zaporizhzhia a las 9 de la mañana”, contó, sentado junto a su padre. “Alrededor de las 11 nos detuvieron en el retén, donde los soldados rusos comenzaron a revisar los documentos”.

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Un militar ruso vigila un silo de cereales en Melitopol el 14 de julio. Foto: Olga Maltseva/AFP/Getty Images

“Me preguntaron si había filmado el retén y me exigieron que les diera mi teléfono. Entonces encontraron un video de Telegram ucraniano en el que aparecían soldados rusos hablando sobre cómo no querían luchar”.

“Eso los hizo enojar, y un soldado con una ametralladora me apuntó y me dijo que tenía que seguirlo y me llevó a la tienda donde estaban ‘filtrando’ a las personas que se iban. Ahí fue cuando descubrieron que yo era el hijo de un funcionario local y valioso como rehén“.

Vladislav comentó que lo llevaron a un lugar que era utilizado como prisión en Vasylivka, donde permaneció más de 40 días en una sola celda antes de ser trasladado a un hotel para pasar su último mes de cautiverio.

“Me hicieron trabajar lavando el piso de la sala que usaban para los interrogatorios, limpiando las habitaciones de los oficiales y sacando la basura. La celda en la que estaba se encontraba a pocos metros del lugar donde realizaban los interrogatorios. Podía escuchar los gritos de las personas, y cuando limpiaba la sala podía ver manchas de sangre. Como me podía mover cuando limpiaba las celdas, a veces tenía la oportunidad de ver lo que les había pasado a las personas y a veces podían hablar conmigo durante un minuto más o menos cuando los guardias no estaban vigilando”.

Vladislav describió la sala donde se realizaban los interrogatorios: “Había una mesa de metal y dos sillas. Una era para la persona interrogada y la otra para la persona que tomaba notas”.

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Un militar ruso haciendo guardia en Melitopol. Foto: Olga Maltseva/AFP/Getty Images

Había manchas de sangre y vendas mojadas. También podía escuchar los interrogatorios, al menos tres veces a la semana. ‘¿Tienen armas?’ ‘¿Quién más tiene armas?’. Gritaban y las personas que eran torturadas gritaban muy fuerte”.

“Golpeaban a las personas y las torturaban con descargas eléctricas. Si alguien no decía algo, la tortura continuaba, a veces durante varias horas”.

“También vi a las personas después, y sus rostros estaban llenos de moretones. Tenía mucho miedo de que me golpearan a mí también, así que intenté mantenerme insensible. Nunca me dijeron por qué me tenían retenido, pero supuse que era para intercambiarme”.

Mientras Vladislav permanecía retenido, su padre negociaba con los rusos para intentar asegurar la liberación de su hijo.

“La primera vez que me llamaron fue el día después de que se llevaron a Vladislav, el 9 de abril”, contó Oleg. “Me dijeron: ‘Tengo a tu hijo’. Me dijeron: ‘Necesito a esta persona para el intercambio’. Era evidente que era un rehén. Pero también comprendí que era valioso para ellos y que por ello probablemente no le iban a hacer daño”.

“No podía discutir con ellos y decirles: ¡es un niño! No había espacio para el debate. Para el 4 de julio ya habían dejado claro que podría ser liberado si se liberaba a esta persona. En todos los 90 días solo pude hablar con Vladislav en seis ocasiones, e incluso en esas ocasiones sabíamos que los rusos estaban escuchando”.

El relato de la familia Buryak corrobora otras denuncias de tortura, entre ellas un informe elaborado por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) que indicaba que había encontrado evidencia verosímil de crímenes contra la humanidad cometidos por las fuerzas rusas durante la invasión de Ucrania, entre ellos “signos de tortura y malos tratos en los cadáveres de los civiles asesinados… mostrando un desprecio por el principio de humanidad que debería guiar la aplicación del derecho internacional humanitario”.

El informe añadió: “Algunas de las violaciones más graves incluyen el asesinato selectivo de civiles, entre ellos periodistas, defensores de los derechos humanos o alcaldes locales; las detenciones ilícitas, los secuestros y las desapariciones forzadas de dichas personas; las deportaciones a gran escala de civiles ucranianos a Rusia; las distintas formas de maltrato, entre ellas la tortura, infligidas a los civiles detenidos y a los prisioneros de guerra; el incumplimiento de las garantías de los juicios justos; y la imposición de la pena de muerte”.

El informe también registraba el descubrimiento de una “serie de cámaras de tortura separadas por paredes de concreto” en un campamento de verano en la ciudad de Bucha, en las afueras de Kiev, incluida una habitación que, según indicó el informe, parecía haber sido utilizada para ejecuciones, y que tenía agujeros de bala en las paredes. En otra habitación, en la que según los expertos había evidencia de tortura y tortura con agua, se hallaron cinco hombres muertos “cubiertos con quemaduras, moretones y heridas”.