¿Qué puede significar para la Iglesia católica la jubilación del papa Francisco?
El sacerdote italiano monseñor Leonardo Sapienza (izquierda) gesticula mientras el papa Francisco se prepara para su audiencia general semanal en la Aula Pablo VI. Foto: Maurizio Brambatti/EPA

Ha pasado casi una década desde que el papa Benedicto XVI se convirtió en el primer pontífice en 600 años en retirarse en lugar de morir en el cargo.

La idea de que haya dos papas –uno en activo y otro emérito– intrigó a algunas personas y preocupó a otras. Incluso se convirtió en el tema de una película de bromance sumamente dramatizada, protagonizada por Anthony Hopkins y Jonathan Pryce.

¿Pero tres papas? Esa posibilidad la planteó el papa Francisco el pasado fin de semana cuando comentó a los periodistas, a su regreso a Roma tras una visita penitencial a Canadá, que la “puerta está abierta” para su jubilación. No sería una catástrofe, señaló.

Sus comentarios, al término de un viaje de seis días desafiantes en el que el Santo Padre fue visto utilizando una silla de ruedas, una andadera y un bastón, no fueron la primera vez que Francisco ha insinuado su retiro.

Casi tan pronto como fue nombrado, en marzo de 2013, a la edad de 76 años, Francisco comenzó a hacer alusión al momento en que dejaría de ser papa, ya fuera por su fallecimiento o por su jubilación.

Su salud –que ha sido un motivo de preocupación desde que le extirparon un pulmón cuando era adolescente– ha empeorado en los últimos años. Tiene ciática, y el año pasado se realizó una cirugía importante para extirpar una sección de su intestino grueso. La operación requirió seis horas de anestesia general, algo que le causó efectos secundarios permanentes, y una estancia de 10 días en el hospital.

Esto, comentó él, es la causa de su renuencia a realizarse una nueva cirugía para reparar una distensión de ligamentos en su rodilla derecha, a pesar del dolor casi constante que le provoca.

El biógrafo papal Austen Ivereigh señaló: “Desde muy poco tiempo después de ser elegido, Francisco dijo que la renuncia del papa Benedicto había cambiado la institución del papado y que a partir de ese momento todos los papas tendrían que reflexionar sobre si debían renunciar por motivos de fragilidad”.

“Los papas modernos realizan muchos viajes extenuantes y exigentes. La naturaleza extrovertida del papado contemporáneo supone un sinfín de reuniones y actos multitudinarios, y se requiere un cierto grado de condición física”.

“Además, la medicina moderna significa que puedes seguir viviendo en un estado frágil de una manera que antes no se podía. Ahora, el hecho de ser elegido de por vida debe ser entendido como: mientras se tenga vitalidad”.

Al dejar el cargo, Benedicto asumió el título de papa emérito. Sigue vistiendo la tradicional sotana blanca del titular y vive en el Vaticano, en el monasterio Mater Ecclesiae. El papa Francisco ya ha indicado que adoptará el título de obispo emérito de Roma, vivirá tranquilamente fuera del Vaticano y evitará la sotana blanca papal.

Hace un par de semanas, en una entrevista televisada, el papa Francisco describió a su predecesor como “santo y discreto”. Sin embargo, añadió: “En el futuro, se deberían definir más las cosas, o hacerlas más explícitas”.

La existencia de dos papas no siempre ha sido algo sencillo. Ivereigh comentó: “Cuando se creó el papado emérito, efectivamente como una nueva institución, el temor era que resultara confuso, que pudiera constituir un foco de oposición o un contraste con el papa existente”.

“No creo que el propio Benedicto haya hecho algo para fomentar eso. Pero creo que ha permitido que haya una especie de corte a su alrededor. Se han producido muchos casos en los que el papa emérito efectivamente ha sido manipulado al servicio de las agendas tradicionalistas. Esto crea la impresión de que hay una rivalidad”.

“Francisco ha sido increíblemente paciente al respecto y no parece haberle molestado, pero creo que ha tomado nota de ello”.

A corto plazo, es probable que Francisco reduzca aún más el número de viajes al extranjero, aunque anunció una visita a Kazajistán en septiembre y está dispuesto a reprogramar un viaje a Sudán del Sur que fue pospuesto a principios de este año por recomendación médica.

La decisión sobre su jubilación sería tomada después de una profunda reflexión y discernimiento, y probablemente esperarían hasta que Benedicto –que ahora tiene 95 años y está en una condición extremadamente frágil– haya muerto, explicó Ivereigh.

“Toda transición papal es traumática. Pero Francisco sabrá en qué momento la Iglesia necesitará energía fresca y renovación. Encontrará el momento adecuado”.