El diseñador de moda de 23 años que viste a la primera vicepresidenta afroamericana de Colombia
El nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro, con la vicepresidenta Francia Márquez. Foto: Juan Barreto/AFP/Getty Images

Esteban Sinisterra Paz, un diseñador de moda de 23 años de la región colombiana del Pacífico, asolada por el conflicto y empobrecida, apenas había comenzado su carrera cuando recibió la llamada de una clienta que haría historia.

Francia Márquez –la reconocida activista medioambiental y la primera vicepresidenta afroamericana electa de Colombia– se encontraba en la línea, y quería que le confeccionara dos trajes.

“Cuando recibí su llamada, fue increíble, ya que no se trataba solamente de mí o de ella, sino de toda nuestra comunidad”, comentó Sinisterra, un afrocolombiano que dirige la marca de ropa hecha a la medida, Esteban African. “Esta es una historia escrita por todos aquellos que fueron excluidos e ignorados, pero que un día se levantaron y dijeron: ‘Queremos un cambio para nuestra comunidad'”.

A Sinisterra y a otros millones de electores se les concedió su deseo la noche del 16 de junio, cuando Gustavo Petro, de 62 años –exguerrillero y exalcalde de Bogotá, la capital– ganó la presidencia después de una larga y amarga campaña para arrebatarle el poder a las élites políticas del país. Es la primera vez que el conservador país sudamericano es gobernado por un personaje de izquierda.

Su campaña se vio fortalecida por la incorporación de Márquez, de 40 años, en la boleta, quien fue noticia en todo el mundo cuando se convirtió en la compañera de fórmula de Petro en marzo. Al igual que Petro –que en su juventud fue miembro del ahora desaparecido grupo rebelde M-19–, Márquez es considerada como una forastera incendiaria. Gran parte de su apoyo suele derivar de que no es una política típica, de piel clara y procedente de una rica estirpe política y empresarial.

“Su victoria me hizo creer de verdad en la democracia”, comentó Sinisterra. “A los don nadie como nosotros y Francia nunca nos tomaron en cuenta, pero ahora sabemos que podemos lograr muchísimo cuando trabajamos colectivamente”.

Márquez, madre soltera y extrabajadora doméstica, ganó el prestigioso premio Goldman en 2018 por su labor de activismo contra una mina de oro ubicada en su pueblo, después de haber liderado a 80 mujeres en una marcha de 563 kilómetros hasta Bogotá.

Al igual que Márquez, Sinisterra se vio desplazado por el conflicto de Colombia con los grupos rebeldes de izquierda, entre ellos las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que ha causado estragos en las zonas rurales durante décadas, cobrando más de 260 mil vidas y obligando a siete millones de personas a abandonar sus hogares. Otros grupos rebeldes, como el todavía activo Ejército de Liberación Nacional (ELN), los paramilitares alineados con el Estado y las fuerzas de seguridad colombianas, también han cometido atrocidades.

Se esperaba que el acuerdo de paz firmado con las FARC en 2016 introdujera el desarrollo en las comunidades rurales, pero, en su lugar, otros grupos armados –de ideología de izquierda y de derecha, aunque unidos por su participación en el tráfico de drogas– se han desplazado y ahora disputan el territorio.

Cuando era pequeño, Sinisterra se vio obligado a huir de su hogar ubicado en la provincia de Nariño, en el suroeste de Colombia, cuando los combates entre grupos rivales se volvieron muy intensos. “Había tantos grupos armados alrededor, que ni siquiera sabíamos cuál era cuál, pero mi familia sabía que nos teníamos que ir”, explicó el diseñador. “Fui uno de esos pocos jóvenes colombianos que pudieron escapar de la guerra”.

El diseñador comentó que los trajes de Márquez, de colores vivos y con estampados, reflejaban las tradiciones afrocolombianas.

“El rojo es lo que usamos cuando queremos crear ese impacto de la fuerza de una mujer del Pacífico”, explicó Sinisterra. “Francia en realidad nunca tuvo una estética propia porque estaba muy concentrada en su lucha, así que fue genial trabajar con ella en la creación de una imagen sin perder su esencia”.

A pesar del gran apoyo que reciben Márquez y Petro en las comunidades marginales y en muchas ciudades, los dos se enfrentarán a una serie de desafíos nada envidiables en sus cargos.

La inflación está aumentando junto con la deuda nacional del país, la producción de cocaína se encuentra en su punto más alto, y la vecina Venezuela sigue inmersa en una crisis económica, con refugiados que huyen todos los días a Colombia.

Petro, conocido por su enorme ego y su estilo despótico, también tendrá que gestionar a su vicepresidenta, quien cuenta con su propia base de apoyo y es una principiante política poco acostumbrada a las negociaciones que con frecuencia son necesarias en las oficinas del poder.

“Márquez es una activista que está acostumbrada a exigir cosas muchas veces imposibles”, señaló Sergio Guzmán, director y cofundador de Colombia Risk Analysis, una empresa consultora local. “Por lo tanto, la pregunta es: ¿hasta qué momento ella tendrá paciencia con Petro para que cumpla sus promesas de reforma rural, justicia económica y sobre la renegociación del tratado de libre comercio con Estados Unidos?”.

Sin embargo, para los partidarios de Márquez, ella representa una excepcional oportunidad para progresar en materia de derechos de las personas más pobres de Colombia, que elogian su intención de crear un ministerio para la igualdad.

“Francia es la primera vicepresidenta afroamericana de un país que durante mucho tiempo decidió invisibilizar a las personas como ella y que solo prestaba atención a los hombres blancos”, señaló Yacila Bondo, una joven activista afrocolombiana. “Ahora el panorama está abierto de par en par”.