Los brasileños temen regresar a la dictadura
Jair Bolsonaro convocó a sus partidarios a salir a las calles el 7 de septiembre, en lo que los opositores temen pueda ser el pretexto para un ataque contra la democracia. Foto: Adriano Machado/Reuters

Fueron años crueles y brutales. Los disidentes agonizaban en las cámaras de tortura. Los rebeldes eran fusilados a sangre fría. Los artistas huían al extranjero.

“Fue una época de constante pena y miedo”, dijo el abogado brasileño y exministro de Justicia José Carlos Dias sobre la dictadura militar que se apoderó de su país en 1964 y que gobernaría durante más de dos décadas. “La violencia no era solo algo que los torturadores disfrutaban. Era la política del gobierno”.

En 1977, Dias y un grupo de expertos jurídicos afines decidieron que ya no podían tolerar la represión y se pronunciaron con un histórico manifiesto prodemocrático titulado “Carta a los brasileños”.

El documento –una extraordinaria reprimenda a los gobernantes militares de Brasil y un momento decisivo en la lucha por la libertad– fue leído en una concurrida reunión en la principal facultad de derecho de São Paulo una tarde de agosto de ese año.

Denunciamos como ilegítimos a todos los gobiernos que se basan en la fuerza… Una dictadura es un régimen que gobierna para nosotros, pero sin nosotros”, proclamó el vocero del grupo, el profesor conservador Goffredo da Silva Telles Júnior.

Exactamente 45 años después, Dias, quien defendió a cientos de presos políticos durante la dictadura y fue detenido en tres ocasiones, regresará esta semana al mismo lugar para hacer un llamado similar.
En la mañana del jueves, intelectuales, empresarios teatrales y artistas se congregarán en uno de los patios de la universidad para defender otro manifiesto inspirado en el grito de guerra de 1977, denominado “Carta a las mujeres y a los hombres brasileños en defensa del Estado Democrático de Derecho”.

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Fotos de personas que fueron asesinadas o desaparecieron durante la dictadura de 1964-1985 exhibidas en el 58º aniversario del golpe militar, en el Parque Ibirapuera en São Paulo el 31 de marzo de 2022. Foto: Nelson Almeida/AFP/Getty Images

“Estamos viviendo un momento de inmenso peligro para la normalidad democrática”, advierte la proclamación de 2022, que han firmado más de 800 mil personas de todo el espectro político. “No existe espacio para la reincidencia autoritaria en el Brasil actual. La dictadura y la tortura pertenecen al pasado”.

El documento –entre cuyos firmantes figuran ricos banqueros y magnates, destacados miembros del poder judicial y tres expresidentes– no menciona de forma directa al hombre cuyas acciones inspiraron a sus autores. Sin embargo, su identidad resulta muy evidente: el presidente brasileño de extrema derecha que aspira a la dictadura, Jair Bolsonaro, de quien algunos temen que esté a punto de intentar volver a sumir al país en otra era de tiranía.

“Viví bajo una dictadura y no quiero vivir bajo otra”, comentó Dias, quien ayudó a redactar ambos manifiestos y está convencido de que Bolsonaro está conspirando para aferrarse al poder de cara a unas elecciones presidenciales que parece que va a perder.

“Las encuestas indican que será derrotado. Pero no hay duda de que está sentando las bases para dar un golpe de Estado. Tengo la convicción de que quiere repetir lo que ocurrió en el Capitolio en Estados Unidos“, afirmó Dias en referencia al ataque del 6 de enero contra el Congreso perpetrado por los partidarios de Donald Trump.

Bolsonaro –un populista proTrump cuyo hijo político estuvo en Washington durante aquella insurrección fallida y se reunió con simpatizantes y familiares de Trump– nunca se ha mostrado tímido en cuanto a su desprecio por la democracia o su admiración por autócratas como el general chileno Augusto Pinochet.

Desde que tomó posesión del cargo en 2019, Bolsonaro ha alentado en repetidas ocasiones las protestas antidemocráticas y ha atacado las instituciones de Brasil. En una ocasión invitó a la esposa del torturador más infame de la dictadura para que lo visitara en el palacio presidencial, calificándolo como un “héroe nacional”.

En su visita a Hungría a principios de este año, Bolsonaro elogió a su primer ministro de extrema derecha, Viktor Orbán –quien ha gobernado el país desde 2010 y ha sido acusado de socavar la democracia– llamándolo como “un hermano”.

Sin embargo, los temores acerca del futuro de la joven democracia de Brasil han aumentado en el período previo a las elecciones decisivas que se llevarán a cabo en octubre y que, según indican las encuestas, las ganará el rival izquierdista de Bolsonaro, Luiz Inácio Lula da Silva.

De cara a la derrota electoral y a la posibilidad de ir a la cárcel por su calamitosa respuesta al Covid-19 y otros presuntos delitos, Bolsonaro se ha radicalizado, instando a sus seguidores a “salir a la calle por última vez”.

“Somos la mayoría, somos personas honradas y estamos dispuestos a luchar por nuestra libertad”, declaró siniestramente el presidente brasileño el mes pasado cuando lanzó su campaña de reelección.

Tales amenazas, así como la extravagante decisión de Bolsonaro de convocar a los embajadores extranjeros para criticar el internacionalmente respetado sistema de votación electrónica de Brasil, convencieron a algunos de que Bolsonaro está preparando algún tipo de ruptura política previa a las elecciones.

Dias y otras personas temen que la agitación pueda ocurrir el 7 de septiembre, cuando Brasil celebre los 200 años de su independencia de Portugal y Bolsonaro haya ordenado a sus simpatizantes que marchen por la playa de Copacabana de Río de Janeiro en compañía de miembros de las fuerzas armadas.

“Es simplemente una locura y temo que se puedan producir escenas de violencia”, advirtió Dias, presidente de un grupo defensor de los derechos humanos llamado Arns Commission.

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Toallas con la imagen del presidente Jair Bolsonaro, a la izquierda, y del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva colgadas para su venta junto a un pizarrón que muestra el recuento de ventas diarias del vendedor de cada toalla de los contendientes presidenciales, en Río de Janeiro el mes pasado. Foto: Silvia Izquierdo/AP

Según se informa, los directores de inteligencia están investigando si los extremistas radicales de derecha están conspirando para atacar a los seguidores de Bolsonaro en el mitin y atribuir el crimen a los izquierdistas en un intento de cambiar el rumbo de las elecciones.

Incluso los medios de comunicación conservadores, como la revista Veja, han expresado su preocupación, incluyendo en una portada reciente la imagen de una bomba de tiempo imaginaria preparada para detonar el 7 de septiembre de 2022.

Muchas personas desestiman las declaraciones de Bolsonaro como las fanfarronerías vacías de un político en decadencia, o un intento de animar a su base e intimidar a los opositores antes de la votación prevista para el 2 de octubre.

No obstante, en un mensaje dirigido a The Guardian, el exjuez del Supremo Tribunal Federal Celso de Mello señaló que la retórica golpista de Bolsonaro y su “despreciable espíritu autocrático” significaban que era esencial que los brasileños amantes de la democracia adoptaran una postura antes de las elecciones.

“La conducta de Bolsonaro ha demostrado ser intolerable”, indicó De Mello, firmante del manifiesto prodemocrático, quien dijo que la retórica del presidente se desvió “peligrosamente hacia el pantano de los discursos sediciosos”.

Otro de los firmantes, el cantautor Nando Reis, comentó que sentía temor por los posibles disturbios que pudieran producirse en las próximas semanas.

“Existe una amenaza real para la democracia aquí… No podemos simplemente ignorar a alguien que está loco e insta a los civiles a que se armen y después los incita a ‘defender su libertad'”, dijo Reis.

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Hombres no identificados detienen a un estudiante durante una protesta en São Paulo el 9 de octubre de 1968, durante la dictadura militar. Foto: Anónimo/AP

“Las personas no lo tomaron con seriedad antes y se convirtió en el presidente de Brasil”, agregó el músico. “Espero todo de Bolsonaro, menos la sensatez”.

Dias explicó que se sentía alentado por la inesperadamente amplia y diversa respuesta que recibió la campaña prodemocrática, cuyos promotores han sido calificados por Bolsonaro como “despreciables arrogantes”. El manifiesto será leído en las universidades de todo el país el jueves, al tiempo que se prevén protestas en las calles.

Una segunda declaración prodemocrática, que Dias leerá en el evento que se llevará a cabo en São Paulo, fue firmada por asociaciones capitalistas, entre ellas la Federación Brasileña de Bancos (Febraban), así como el mayor sindicato de Brasil. “El capital y el trabajo se unen para defender nuestra democracia y nuestra libertad”, señaló Dias, que consideró que la insólita colaboración se produjo en el momento oportuno.

“Brasil se encuentra en cuidados intensivos. Tenemos un presidente absolutamente demente que… rinde homenaje a torturadores y dictadores. Nos enfrentamos al riesgo de tener que vivir una dictadura una vez más, y esto es inconcebible”, comentó el abogado de 83 años.

El hecho de pronunciarse era arriesgado, dado el ponzoñoso ambiente político y los cientos de miles de armas de fuego que han entrado en circulación bajo el gobierno del presidente brasileño, que está a favor del uso de las armas.

“Nos estamos exponiendo. No tengo ninguna duda de que todos nosotros nos estamos enfrentando al riesgo de la violencia”, admitió Dias.

“Pero debemos luchar contra esto mientras exista la posibilidad de que sobrevivamos en democracia… Debemos luchar hasta el final, y mientras siga vivo seguiré luchando”.