‘Estoy cansada de las mentiras’: las jóvenes activistas que lideran la acción climática
Laura Kirwin, Izzy Raj-Seppings, Ava Princi y Liv Heaton forman parte de un grupo de ocho adolescentes que emprendieron acciones legales contra el gobierno australiano, argumentando que tenía la obligación jurídica de tener en cuenta el impacto climático en las generaciones futuras. Foto: James Gourley/AP

En ocasiones se necesita la claridad de la juventud para captar un momento.

Izzy Raj-Seppings tuvo esa claridad cuando se mantuvo firme frente a la residencia del primer ministro australiano a pesar de que la policía antidisturbios le ordenó que se moviera.

La joven formaba parte de un pequeño grupo que protestaba contra la falta de acción del entonces primer ministro Scott Morrison en lo que respecta a la crisis climática, mientras el país sufría incendios forestales sin precedentes en el sureste.

Una foto de Izzy, que tenía 13 años, con lágrimas cayendo por su cara, mientras un agente de policía le decía que se moviera, la catapultó al frente de una generación emergente a la que le estaban fallando sus líderes e instituciones públicas.

No estaba planeado de esta manera, era apenas la segunda vez que Izzy participaba en una protesta. Sin embargo, su momento de resistencia coincidió con el creciente movimiento juvenil mundial, inspirado en su mayor parte en las protestas organizadas por Greta Thunberg, School Strike 4 Climate.

The Guardian ha proporcionado una plataforma a estos activistas a medida que el movimiento, con frecuencia liderado por mujeres jóvenes elocuentes y con autoridad, ha evolucionado y se ha expandido. En un artículo escrito entre compromisos escolares, Izzy resumió la actitud hacia la clase política: “Su negación ha perdurado demasiado tiempo. Estoy cansada, cansada de las mentiras y de que desvíen la atención. Estoy cansada de ver cómo mi futuro, el de mis amigos y mi familia, el de todos nosotros, se quema ante nuestros ojos”.

'Estoy cansada de las mentiras': las jóvenes activistas que lideran la acción climática - Miranda-Whelehan
‘No continuaremos como lo han hecho las generaciones anteriores ni permitiremos que nuestras acciones de hoy tengan consecuencias devastadoras para los de mañana’: Miranda Whelehan. Foto: ITV

Miranda Whelehan, activista que forma parte del grupo de activismo Just Stop Oil, expresó opiniones similares en abril después de que un presentador de la televisión matutina británica la ridiculizara en una escena que bien podría haber salido de la película satírica No miren arriba.

Whelehan comentó a The Guardian que entendía la razón por la que la gente pensaba que existían paralelismos entre su experiencia y la de los personajes de la película interpretados por Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence. Ambos sufrieron entrevistas con presentadores que “creen saber más que los científicos jefe o los académicos que han estudiado la crisis climática durante décadas, y se niegan a escuchar lo contrario”.

“Es una ceguera deliberada y nos va a matar”, escribió Whelehan. “No continuaremos como lo han hecho las generaciones anteriores ni permitiremos que nuestras acciones de hoy tengan consecuencias devastadoras para los de mañana. Es hora de romper ese ciclo y defender lo que es correcto”.

Distintos activistas recorren caminos diferentes para intentar lograrlo. Para Bella Lack, de 19 años, una activista que se convirtió en escritora sobre el cambio climático, fue posible defender lo que es correcto encontrando a jóvenes de todo el planeta que trabajaban para hacer cambios en sus comunidades que ayudaran a mejorar el mundo y pudieran inspirar a otros.

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Para intentar que las personas se comprometieran emocionalmente con la acción contra el cambio climático, Bella Lack, de 19 años, decidió recopilar una serie de historias que se convirtieron en el libro The Children of the Anthropocene. Foto: Stephen Bell/Alamy

Las historias que Lack recopiló se convirtieron en un libro, The Children of the Anthropocene. Incluyen una huelga de hambre realizada por un par de hermanas que convenció al gobernador de Bali para que prohibiera las bolsas de plástico y una campaña de una joven abogada de Mumbai que desembocó en una campaña comunitaria para limpiar miles de toneladas de plástico arrastradas a una playa.

Lack comentó al Observer que, en lugar de contarle a la gente historias abstractas de destrucción con las que era difícil identificarse, ella creía que la manera de generar un cambio consistía en compartir historias que coincidieran con un viejo dicho de las campañas medioambientales: piensa globalmente, actúa localmente. El objetivo era “intentar que las personas se comprometan emocionalmente con lo que está ocurriendo”.

La lucha de Vanessa Nakate consiste en intentar garantizar que África reciba la atención que le corresponde a nivel mundial. África es responsable de menos del 4% de las emisiones globales, pero corre un riesgo desproporcionado respecto a la crisis climática. Entrevistada por The Guardian el pasado mes de diciembre, Nakate, de 25 años, habló sobre el hecho de haber sido recortada de una fotografía de Associated Press de jóvenes activistas en el Foro Económico Mundial de Davos de 2020.

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‘Es importante reconocer que la crisis climática fue provocada por los países desarrollados y que los países en vías de desarrollo son los que están sufriendo’: Vanessa Nakate. Foto: Evelyn Freja/The Guardian

Al ser la única activista no blanca en la foto, su omisión ejemplificó su argumento. “La eliminación de nuestras voces es, literalmente, la eliminación de nuestras historias y de lo que las personas aprecian en sus vidas”, dijo en otra entrevista reciente.

El argumento de Nakate fue directo. Si las conversaciones sobre la crisis climática no incluyen a los activistas africanos, se exacerbarán y agravarán las injusticias existentes. “Es importante reconocer que la crisis climática fue provocada por los países desarrollados y que los países en vías de desarrollo son los que están sufriendo. Esto crea una enorme responsabilidad que recae en los países desarrollados para que tomen medidas, para que haya justicia climática, especialmente para las comunidades que están en primera línea”, señaló.

The Guardian continúa siguiendo el activismo de los jóvenes a medida que avanza hacia una nueva fase en la que la crisis ya no es un problema del futuro, sino un fenómeno actual muy real.

Para Raj-Seppings, que ahora tiene 16 años, ha significado unirse a la acción legal emprendida por ocho adolescentes contra el gobierno australiano, que argumentó que este tenía la responsabilidad jurídica de tener en cuenta el impacto climático en las generaciones futuras antes de aprobar la expansión de una mina de carbón. La victoria histórica de los adolescentes fue posteriormente anulada en una apelación.

Sin embargo, Raj-Seppings seguía considerando que la campaña había valido la pena. Hizo lo que el activismo pretende hacer: construir de cara al cambio remodelando la conversación sobre la responsabilidad jurídica del gobierno para hacer frente a la crisis climática. Ese debate se ha intensificado desde que el nuevo gobierno laborista fue elegido en mayo.

“No se puede ganar todo de una sola vez”, dijo, con claridad, en una reciente entrevista con The Guardian. “Hay que aceptar las pequeñas victorias y seguir presionando”.

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