Lula: el ascenso, la caída y el resurgimiento del presidente electo de Brasil
Luiz Inácio Lula da Silva celebra tras ganar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del domingo en Brasil. Foto: Nelson Almeida/AFP/Getty Images

Es uno de los políticos más influyentes y longevos de Latinoamérica, un estadista que tiene facilidad de palabra y que Barack Obama calificó en su momento como “el presidente más popular de la Tierra”.
Pero si no hubiera sido por una reprimenda de Fidel Castro hace casi cuatro décadas, Luiz Inácio Lula da Silva bien podría haber abandonado lo que se convertiría en una de las carreras políticas más destacadas que ha conocido la región.

“Él le dio un regañó”, comentó el biógrafo y amigo de Lula, Fernando Morais, sobre el momento en el que el revolucionario cubano reprendió al sindicalista brasileño por considerar que este había tirado la toalla tras fracasar en su intento de convertirse en gobernador de São Paulo en 1982.

“Escucha, Lula… no tienes derecho a abandonar la política. No tienes derecho a hacerle esto a la clase trabajadora”, le dijo Castro al brasileño durante un viaje a La Habana, según la biografía de Morais, que es un éxito de ventas. “¡Regresa a la política!”

El cronista de Lula cree que fue un momento crucial en la vida de su tema principal, de 77 años de edad, que se tomó a pecho el consejo de su anfitrión cubano.

Cuatro años después, en 1989, el exbolero y obrero de una fábrica, lanzó su primer intento, finalmente infructuoso, para convertirse en el primer presidente de clase trabajadora de Brasil. Perdió otras dos elecciones presidenciales, en 1994 y 1998, antes de alcanzar finalmente su objetivo en 2002, un triunfo histórico que provocó una efusión de emoción y esperanza en todo el país.

“Lloré muchísimo”, recordó Morais sobre el momento en que vio a Lula dirigirse a la multitud en la principal avenida de São Paulo, llamada Paulista, tras su victoria. “Eran lágrimas de alegría y de satisfacción”, dijo el escritor. “Me conmovió profundamente”.

La historia de Lula –quien recuperó la presidencia tras una reñida victoria contra Jair Bolsonaro el domingo– comienza en el estado nororiental de Pernambuco, donde nació en la pobreza rural en 1945.

A los siete años, Lula emigró al sur junto con su madre, Dona Lindu, y sus seis hermanos en busca de una vida mejor, y terminó cerca de la ciudad portuaria de Santos, en la costa de São Paulo. Tres años después, la familia de Lula se mudó a la capital del estado y, con poco dinero, rentaron la trastienda de un bar que Lula recuerda como una “pocilga”.

“En medio de la noche (los borrachos) … entraban a orinar o a vomitar. Cuando llovía… las ratas y las ranas eran arrastradas desde la calle y al día siguiente tenían que limpiar todo”, explicó Morais.

El biógrafo de Lula cree que esas duras experiencias fueron –y siguen siendo– las que hicieron que millones de brasileños depositaran su confianza en un líder cuya historia de vida reflejaba la de ellos.
“(La gente piensa), este hombre es igual que yo. Se ha enfrentado a las mismas tragedias que yo.

Compartió una casa de dos habitaciones con otras 27 personas”, comentó Morais.

‘Voy a llorar’: euforia en las calles de Brasil ante la victoria de Lula, video

En São Paulo, un Lula adolescente trabajó como oficinista antes de capacitarse como tornero durante los primeros años de la década de 1960, cuando Brasil se encontraba sumido en dos décadas de dictadura militar.

De acuerdo con Morais, que conoció a Lula a finales de los años 70 en el centro manufacturero de São Paulo, en aquellos días el futuro presidente de Brasil estaba más interesado en el futbol que en la política. Cuando un agente del entonces clandestino Partido Comunista intentó reclutarlo en una banca a la salida de una iglesia, “Lula se puso furioso”.

Sin embargo, la rutina del trabajo en las fábricas y la represión del régimen militar brasileño comprendido entre 1964 y 1985 constituyeron una llamada de atención.

“Solo al ser testigo del sufrimiento diario de ser un trabajador brasileño –los bajos salarios, las peores condiciones de trabajo imaginables– comenzó a cambiar su mentalidad”, explicó Morais.

Cuando el hermano de Lula fue secuestrado y torturado por las fuerzas de seguridad en 1975, fue la gota que derramó el vaso. “Fue un momento decisivo”, señaló Morais.

Lula entró de lleno en el movimiento obrero y, en 1979, lideró una serie de huelgas históricas, consolidando su posición como el líder sindical más famoso de Brasil y sentando las bases para la creación del Partido de los Trabajadores (PT) que Lula lidera hasta el día de hoy.

Después de llegar al poder en 2002, Lula utilizó las ganancias extraordinarias del auge de las materias primas para ayudar a millones de ciudadanos a salir de la pobreza y se convirtió en un respetado estadista internacional, ayudando a Brasil a conseguir el Mundial de Futbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

“Convirtió a Brasil en un actor importante en la escena mundial… Brasil era un país serio, ayudó a crear el G20, estableció relaciones… con el BRIC (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Los brasileños fueron nominados para dirigir la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Organización Mundial para la Agricultura y Alimentación (FAO)”, explicó Richard Bourne, biógrafo británico de Lula.

Lula dejó el poder en 2010 con unos índices de aprobación cercanos al 90%. No obstante, la década siguiente fue brutal para el izquierdista y su partido. El PT se vio envuelto en una serie de escándalos de corrupción de gran magnitud y fue culpado de hundir a Brasil en una recesión severa. La sucesora de Lula, Dilma Rousseff, fue destituida en 2016 en lo que muchos partidarios calificaron como un “golpe” político.

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Luiz Inácio Lula da Silva tras su victoria en 2002. Foto: Orlando Kissner/AFP/Getty Images


Dos años más tarde, Lula fue encarcelado después de ser condenado por cargos de corrupción que fueron anulados el año pasado, sentando las bases para su sensacional intento para recuperar la presidencia.

Lula pasaría 580 días tras las rejas, tiempo durante el cual fue elegido como presidente el exmilitar de extrema derecha Bolsonaro, dando paso a una era de destrucción del Amazonas y de aislamiento internacional.

Sin embargo, el veterano izquierdista utilizó su tiempo en la cárcel sabiamente, tramando lo que hace unos pocos años parecía un regreso impensable al palacio presidencial de Brasilia.

En la noche del domingo, tras la confirmación de su asombroso regreso, prometió reunificar su país, diciendo a los periodistas en un hotel en São Paulo: “Vamos a vivir nuevos tiempos de paz, amor y esperanza”.