La árbitra Stéphanie Frappart rompe con la narrativa para hacer historia en el Mundial
Stéphanie Frappart en plena acción durante el partido entre Costa Rica y Alemania. Foto: Raúl Arboleda/AFP/Getty Images

Se trata quizás del mayor testimonio de la calidad de la actuación de la árbitra francesa Stéphanie Frappart y de sus asistentes, Neuza Back, de Brasil, y Karen Díaz, de México, el hecho de que la cobertura de un momento tan histórico de la Copa Mundial masculina se limitara a breves menciones.


Al hacerse cargo del enfrentamiento entre Alemania y Costa Rica en la última jornada de partidos del Grupo E, Frappart se convirtió en la primera mujer que arbitra una Copa Mundial masculina, y la sensación fue decididamente de normalidad.
Frappart está acostumbrada a hacer historia: fue la primera mujer en arbitrar en la Ligue 2 masculina, después en la Ligue 1 en Francia y la primera mujer en arbitrar en la Champions League y la Supercopa de la UEFA.


En consecuencia, también está acostumbrada al ruido que conlleva. En medio de la respuesta abrumadoramente positiva que recibió la designación de Frappart y sus asistentes, y que muchos consideraron un antídoto para un torneo sumido en la polémica, se repitieron las mismas frases de siempre: “La forma en que corre la árbitra es graciosa. No puedo ver el partido sin sentir vergüenza”, tuiteó un espectador. “Estoy a favor de que haya una árbitra. De hecho, ¡creo que debería haber más!”, añadió otro con una cara de guiño y emojis de fuego. “¡Estoy enamorado! Quiero decir, ¡es una gran árbitra!”, dijo otro.


Sin embargo, estas fueron excepciones, ya que se dedicó un mayor tiempo de tendencia a la actuación de Victor Gomes, el árbitro del otro partido entre España y Japón, mientras los equipos se movían emocionantemente de un lado a otro de la cancha.
En muchos aspectos, la presencia de Frappart importó mucho más que el espectáculo. Se han expresado muchas críticas, muy justificadas, sobre la decisión de organizar el Mundial en un país que penaliza las relaciones entre personas del mismo sexo y en el que las personas LGBTQ+ tienen menos derechos, donde los derechos de las mujeres están sumamente restringidos, y en estadios construidos sobre los cadáveres de trabajadores migrantes.


Una de las narrativas clave de este torneo ha sido la supresión del apoyo a los derechos humanos más básicos y cualquier muestra de solidaridad con las personas afectadas. Desde la debacle que supuso el brazalete OneLove hasta la retirada inicial de todas las prendas relacionadas con la bandera del arcoíris por parte de los guardias de seguridad del estadio, el intento de despolitizar el torneo ha sido feroz.


La decisión de la FIFA de designar un equipo de árbitros compuesto únicamente por mujeres para encargarse del partido entre Alemania y Costa Rica rompió la tendencia de un torneo que se plegaba a la presión de sus anfitriones.
En un país en el que las mujeres qataríes se ven obligadas a obtener el permiso de un tutor masculino para casarse, trabajar, viajar al extranjero, estudiar y muchas cosas más, tres mujeres calentaron en el Estadio Al Bayt listas para hacer historia en medio de la acción en un país que probablemente no les permitiría hacer lo que hacen si fueran qataríes.


Ha habido mujeres periodistas y locutoras en los palcos de prensa y en los estudios durante este torneo, pero solo se les verá en las pantallas de los países de dichas emisoras, en países en los que tener a una mujer en pantalla es cada vez más normal (si es que aún no se aprecia extensamente). Pero esas mujeres no estarán en las pantallas de las emisoras anfitrionas de los países que no creen que deberían estar ahí.


Tener a Frappart de pie en el centro de la cancha del mayor torneo deportivo del mundo situó a una mujer inevitablemente en el centro del escenario. Puso a una mujer en todas las salas de todos los espectadores. Transmitió a los espectadores que las mujeres tienen un lugar en el futbol, que tienen autoridad y que pueden ser deportistas. Por supuesto, se intentará no mostrar a la árbitra y a sus asistentes vestidas con playeras de manga corta y shorts, como lo ha hecho la cadena estatal iraní durante varios años, pero es mucho más difícil cortar a la árbitra que a las aficionadas en el público.