Subastarán una obra de Munch que estuvo oculta en un granero junto a su célebre cuadro <em>El grito</em>
Dance on the Beach en 1939 a bordo del transatlántico de Thomas Olsen, el MS Black Watch. Foto: Sotheby's

Una pintura de Edvard Munch que yacía oculto en un granero junto a una versión de El grito, para mantenerlo fuera del alcance de los soldados alemanes, será vendida en una subasta y las ganancias se repartirán entre la familia del judío que se vio obligado a venderlo cuando huía de los nazis.

La monumental obra Dance on the Beach será subastada por Sotheby’s de Londres el 1 de marzo y se calcula que alcanzará entre 12 y 20 millones de libras (entre 200 y 400 millones de pesos).

Con poco más de cuatro metros de ancho, se trata de una enigmática composición en la que aparecen figuras bailando y dos de los grandes amores del artista, relaciones que acabaron en tragedia y desamor.

La familia de Thomas Olsen, naviero noruego y vecino de Munch, que murió en 1969, es quien vende la pintura. Olsen la compró en Oslo en 1934, pocos meses después de que Curt Glaser, eminente académico alemán, se viera obligado a venderlo en Berlín.
Ambos hombres habían sido amigos cercanos del artista, que pintó retratos de sus respectivas esposas, Henriette Olsen y Elsa Glaser.

Ahora, a través de la casa de subastas Sotheby’s, sus descendientes han negociado su próxima venta, enmendando al menos un error de los nazis que, en la década de 1930, incluyeron a Munch entre los artistas prohibidos por considerarlos “degenerados”.

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Dance on the Beach fue pintada como uno de 12 paneles para el empresario teatral Max Reinhardt. Foto: Sotheby’s

Dance on the Beach formaba parte de una obra maestra de 12 grandes paneles que el director teatral Max Reinhardt encargó en 1906 para su teatro vanguardista ubicado en Berlín. Munch diseñó escenografías para sus representaciones de Espectros de Henrik Ibsen y Hedda Gabler y, al crear su teatro en círculo, Reinhardt le pidió que pintara un friso que rodeara al público en un vestíbulo del piso superior, sumergiéndolos en lo que el artista llamaba “imágenes de la psique moderna”.

Cuando el teatro fue remodelado en 1912, dividieron el friso y Dance on the Beach fue adquirido por Glaser, director de la Biblioteca Estatal de Arte de Berlín, que publicó la primera monografía alemana sobre Munch, entre otras publicaciones académicas, y reunió una destacada colección de arte. Perseguido por los nazis por su origen judío, Glaser perdió su trabajo y su departamento fue confiscado. Vendió su colección, huyó a Suiza y finalmente se trasladó a Estados Unidos, donde murió en 1943.

Olsen colgó Dance on the Beach en el salón de primera clase de su transatlántico de pasajeros, el MS Black Watch, que realizó un viaje entre Oslo y Newcastle durante varios meses en 1939. La pintura formaba parte de su extraordinaria colección de unas 30 obras de Munch. Después de que Gran Bretaña declarara la guerra a Alemania, las escondió en un remoto granero de un bosque noruego. Entre ellas figuraba una versión de El grito, que Sotheby’s vendió en representación de la familia Olsen por la cifra récord de 119.9 millones de dólares en 2012. Su recaudación financió el museo de Petter Olsen en Ramme, en el fiordo de Oslo, y la restauración de la casa de Munch en ese lugar.

Lucian Simmons, vicepresidente de Sotheby’s y responsable mundial de restitución, comentó a The Observer: “No se trata únicamente de una pintura asombrosa, que tiene esta increíble historia de haber sido encargada por Max Reinhardt, que fue una superestrella en el mundo del teatro, sino que también tiene esta increíble historia gemela de pertenecer a estos dos grandes patrocinadores de este artista”.

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Retrato de Edvard Munch en su estudio en Berlín, 1902. Foto: Foto 12/UIG/Getty Images

Y añadió: “Glaser y su primera esposa visitaban regularmente a Munch en Oslo y, cuando Munch visitó Berlín en la década de 1920, se alojó con los Glaser. Por lo tanto, no se trataba simplemente de una relación de patrocinio. Asimismo, los Olsen tenían una casa justo al lado de la de Munch. Esta es una pintura fenomenal, y tiene una historia fenomenal”.

Se cree que las figuras de Dance on the Beach representan la inocencia, el amor, la vida y la muerte, temas recurrentes para Munch, que se enfrentó a más de una tragedia. Perdió a su madre cuando tenía cinco años y a su hermana mayor nueve años después –ambas a causa de la tuberculosis–, mientras que su hermana mayor pasó gran parte de su vida en un hospital psiquiátrico. Munch sufrió una grave crisis nerviosa en 1908.

Simon Shaw, vicepresidente de Sotheby’s Nueva York, comentó: “Junto a imágenes inmediatamente reconocibles como El grito, Amor y dolor, Madonna y Las chicas en el puente, las representaciones de figuras bailando se convirtieron en un motivo clave en las obras del artista a partir de finales de la década de 1890″.

Dance on the Beach capta esa sensación de “vida que se desarrolla ante sus ojos (los de Munch)”, explicó, incorporando muchos de los temas más importantes de su obra, así como las personas que plagaban la memoria del artista.
En primer plano, dos de los grandes amores de Munch rondan el lienzo: Tulla Larsen y Millie Thaulow.

“La primera fue una relación turbulenta que terminaría con Munch disparándose en la mano en el calor de la pasión, y la segunda era la esposa de su primo, y el primer amor de Munch”, dijo Shaw.

Es probable que Dance on the Beach despierte interés en todo el mundo, ya que es la única parte de la serie del friso que sigue en manos privadas. Todas las demás se encuentran en museos. Se expondrá al público antes de la subasta en Sotheby’s, en Londres, del 22 de febrero al 1 de marzo.

Este artículo fue modificado el 15 de enero de 2023. Las ganancias de la venta de El grito en 2012 fueron destinadas al museo de Petter Olsen en Ramme y a la restauración de la casa de Munch en ese lugar, y no a la reapertura del Museo Munch en Oslo, como indicaba una versión anterior basada en la información facilitada.