Campo de batalla: candidatos locales de México enfrentan violencia mortal
Un técnico forense trabaja en el lugar donde Bertha Gisela Gaytán, candidata a la alcaldía, fue asesinada por desconocidos durante un mitin de campaña, en San Miguel Octopan, Guanajuato, el 1 de abril. Foto: Juan Moreno/Reuters

Candidato a la alcaldía de Guanajuato tiene al ejército en su azotea después de que la candidata a la que sustituyó fuera asesinada a tiros, uno de los 30 casos de violencia mortal en lo que va de campaña.

El desayuno con Juan Miguel Ramírez, candidato a la alcaldía de Celaya (México), se ve interrumpido por el ruido sordo de las botas del ejército al bajar las escaleras para intentar detener la violencia mortal.

Los soldados han estado acampando en el tejado de la casa familiar del candidato desde que Ramírez sustituyó a su predecesora, Gisela Gaytán, asesinada a tiros el primer día de su campaña electoral en una de las ciudades más peligrosas de México.

Gaytán es uno de los 30 candidatos que han sido asesinados en el camino hacia la votación del 2 de junio en México. Cientos más han abandonado o pedido protección, mientras los grupos del crimen organizado se disputan la influencia en el gobierno, corroyendo de paso la democracia mexicana.

La violencia refleja en parte la magnitud de las elecciones, las mayores de la historia de México. En ellas se decidirá el sucesor del presidente, Andrés Manuel López Obrador, así como más de 20 mil cargos a nivel federal, estatal y municipal.

Todos los partidos políticos se han visto afectados por la violencia, pero son los candidatos y las autoridades municipales los más afectados. Es a la vez la capa menos protegida del estado y donde los grupos criminales buscan acuerdos con las autoridades para profundizar su control sobre el territorio local y sus negocios.

Varias facciones se disputan Celaya (500 mil habitantes), una de las mayores ciudades industriales del estado de Guanajuato.

“Se ha convertido en un campo de batalla”, afirma Falko Ernst, analista para México de la organización sin fines de lucro Crisis Group. “No se trata solo de rutas de la droga, sino de desvío de petróleo, mercados locales de extorsión y mercados minoristas de metanfetamina”.

Desde 2020, aproximadamente una de cada mil personas en Celaya ha sido asesinada cada año. Es la ciudad más peligrosa para ser policía en México: en los últimos tres años, al menos 34 agentes han sido asesinados.

Horas antes de su muerte, Gaytán ofreció una rueda de prensa en la que expuso sus propuestas para combatir la corrupción y mejorar la seguridad en Celaya como candidata de Morena, el partido del presidente López Obrador. Tanto Celaya como Guanajuato han sido gobernados por el partido conservador PAN durante décadas.

En ese momento, Ramírez, que ayudó a diseñar la plataforma de Gaytán, estaba trabajando con el resto de su equipo en su casa.

Todos tenían sus teléfonos en silencio. “Nos enteramos de la noticia cuando alguien vino a decírnoslo”, dijo Ramírez. “Al principio no queríamos creerlo. Luego nos enseñaron una foto”.

“(Sustituirla) fue una decisión difícil, porque el asesinato de Gisela no fue un asesinato ordinario”, dijo Ramírez. “Le metieron una bala en el cuello y luego le dispararon por todo el cuerpo”.

“Le dispararon muchas veces”, repitió, ensimismado por el recuerdo durante un momento.

El fiscal general del estado ha anunciado en dos ocasiones la detención de sospechosos, afirmando haber desmantelado la célula que asesinó a Gaytán, pero sin proporcionar información sobre el móvil.

El gobernador del estado, Diego Sinuhé, ha dicho que están explorando todas las posibles líneas de investigación, incluyendo que facciones dentro del propio Morena descontentas con la selección de Gaytán como candidata puedan haber estado involucradas.

“No he recibido amenazas, pero sí he sentido un ambiente hostil por parte del gobierno del estado”, dijo Ramírez, quien calificó el anuncio de que el propio Morena estaba siendo investigado como un intento de “intimidación”.

Los propios candidatos no son los únicos en peligro.

La semana pasada, el padre de Saúl Trejo, candidato de Morena a la alcaldía del cercano municipio de Tarimoro, fue asesinado a tiros.

“Ir tras los familiares es una forma de presionar al candidato”, dijo Alejandro, hijo de Ramírez y jefe de campaña. “Quizá quieran evitar un enfrentamiento directo con los soldados, pero pueden llegar a ti indirectamente”.

Los soldados vigilan no sólo la casa de Ramírez, sino también la de su hija.

Sin embargo, Alejandro se muestra optimista ante los riesgos de una campaña centrada en la familia.

“Estamos acostumbrados”, dice, antes de reflexionar un momento. “Sinceramente, hay mucha alegría cuando estás en campaña. Pero a veces hablo con los soldados y me comentan pequeñas cosas. Como anoche: llegamos después de medianoche y me dijeron que un Kia azul nos había estado siguiendo. Y de repente te das cuenta de lo que está pasando”.

Los ataques a políticos son sólo “la punta del iceberg” en lo que respecta a los intentos delictivos para influir en las elecciones y penetrar en el Estado, afirmó Ernst.

La violencia se extiende más allá de la campaña electoral y a un abanico más amplio de actores. “Detrás de un político asesinado seguramente hay periodistas, activistas y líderes religiosos agredidos”, afirmó Sandra Ley, de la organización sin fines de lucro México Evalúa.

Este tipo de agresiones han ido en aumento en los últimos gobiernos, sin que ningún partido las haya abordado.

En algunas partes de México, el control criminal es ahora tal que resulta difícil afirmar que se estén celebrando elecciones libres y justas.

“En (el estado de) Guerrero hay lugares donde los grupos del crimen organizado controlan muchas esferas de la vida, no sólo la política, sino también la económica y la social”, afirma Mónica Meltis, directora ejecutiva de Data Cívica, que realiza un seguimiento de la violencia política. “Controlan cuándo la gente puede salir de sus casas”.

“Y luego hay que preguntarse quién está siendo seleccionado para tomar decisiones (en el gobierno)”, añadió Meltis. “Seguramente son personas con acuerdos con grupos de la delincuencia organizada”.

En general, la violencia política se correlaciona con una menor participación electoral, quizás reflejando la percepción de los votantes de que los candidatos están siendo preseleccionados por grupos criminales, o el miedo a la violencia durante el acto mismo de votar.

En Celaya, el efecto del asesinato de Gaytán no se verá claramente hasta el 2 de junio.

“Es feo decirlo, pero con el asesinato de Gisela subió la intención de voto para Morena”, dijo Ramírez.

“Le estamos diciendo a la gente que vaya a votar como si fuera a ir al mercado o a llevar a los niños a la escuela. Que vayan a votar como si fuera un día más”, dijo Ramírez. “Que vayan a votar a pesar del miedo que todos tenemos”.

Traducción: Ligia M. Oliver

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