Claves para entender quienes somos, a partir del #Censo2020Mx
Foto: ©Foto: Angélica Escobar.

México está entrando en una transición demográfica que será muy difícil de revertir. Hacia 2050 podría estar enfrentando una crisis social y económica derivada del envejecimiento de su población.

De acuerdo con los datos que arroja el Censo Nacional de Población y Vivienda 2020, “vamos en ese camino”, afirma Baruch Sangines, geógrafo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Demógrafo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

“En el país se ha venido observando un gradual proceso de envejecimiento, aunque sigue siendo joven, esto se ve reflejado en la edad media, que pasó de 26 a 29 años en la última década, es decir, en 2020, la mitad de la población tiene 29 años o menos. El proceso de envejecimiento también queda en evidencia en la pirámide poblacional, que presenta una tendencia a reducir su base, mientras que continúa su ensanchamiento tanto en el centro como en la parte alta, lo que significa que la proporción de niñas, niños y adolescentes ha disminuido y se ha incrementado la proporción de adultos y adultos mayores”, anunció este lunes el propio Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), al dar a conocer los resultados de su cuestionario básico.

Este fenómeno de crecimiento poblacional a la baja no es nuevo, pero se ha acentuado a partir del 2000, aunque el país ha registrado diferentes períodos, explica Sangines, lo cual brinda elementos para hacer tal afirmación.

A  partir de 1900, por ejemplo, en el país hubo un mayor registro de muertes que de nacimientos. “Con el avance médico empezaron las personas comenzaron a morir menos y a tener más hijos y a partir de 1920, cuando nacieron mis abuelos, hubo un ‘baby boom’ donde había mujeres que tuvieron hasta 15 hijos, en un contexto de revolución económica y mayores posibilidades de crecimiento laboral, sobre todo en las ciudades. Hubo una explosión demográfica. Y el fenómeno desde entonces empieza a desarrollarse, porque después, los hijos de nuestros abuelos (nuestros padres), y después nosotros, entramos en un proceso de tener menos hijos o no tenerlos (en años más recientes). No es un fenómeno nuevo, está sucediendo desde, al menos, 20 años atrás”.

Muestra de lo anterior, según el propio INEGI, es que la población de 60 años y más pasó de 9.1% en 2010 a 12.0% en 2020, mientras que la población de 0 a 17 años disminuyó de 35.4% en 2010 a 30.4% en 2020.

Censo 2020 gráficosEste decrecimiento histórico, destaca Sangines, habla de una transición demográfica que ya se dio en Europa hacia los años 90, en un contexto donde las mujeres (no todas) acceden más al mercado laboral y aplazan su decisión de no tener hijos. “Se sabía que en América Latina también iba a pasar. En México ya está sucediendo”.

En países europeos este este déficit se empezó a sustituir con población migrante, lo cual contribuyó a elevar su tasa de crecimiento, pero en México no va a suceder lo mismo porque aquí no se reciben migrantes que encuentren aquí su destino meta en esa dimensión, aunque pasen por aquí para dirigirse a Estados Unidos.

“Lo que llama la atención o preocupa, es que somos una población donde en el 2010, el llamado bono demográfico –que implica la presencia de muchos jóvenes en territorio nacional y por ende oportunidades de desarollo–, la edad media nacional o promedio era de 26 años, teníamos una gran población en lo más ancho de la franja poblacional en las ciudades jóvenes. Ahora la media es de 29 años, y habrá quienes pensarán que sólo son 3 años, pero esa es sólo la media nacional”, enfatiza Sangines.

De nuevo los datos del Censo 2020 del INEGI dan sentido: La entidad con la menor edad mediana es Chiapas, con 24 años, mientras que la entidad con mayor edad mediana es la Ciudad de México (CDMX), donde la mitad de la población tiene 35 años o menos de edad.

A esto se suma que en relación con la cantidad de hijos nacidos vivos, en los últimos 20 años, el promedio de hijos nacidos vivos ha presentado un descenso constante, registrando un promedio de 2.6 en 2000, 2.3 en 2010 y, para 2020, un promedio de 2.1 hijos nacidos vivos para “las mujeres de 12 años y más”.

Censo 2020 gráficosPara el especialista en cartografía y visualización de datos no hay retorno. 

La población se está envejeciendo y para 2050 vamos a seguir con esa tendencia. Vamos a ser más los viejitos que los jóvenes, y a eso se le llama tasa de dependencia, que va a ser mayor, porque vamos a ser más las personas adultas mayores que vamos a necesitar cuidados y a depender de los jóvenes.

“En 2050 este bono demográfico va a estar ensanchado en las edades adultas, nuestra tasa de dependencia será mayor y con muy pocos jóvenes, nos guste o no, somos totalmente diferentes a Europa, y mientras allá las personas adultas mayores han envejecido en general en otras condiciones, trabajando en servicios y ambientes profesionales, con buenas pensiones y que terminan su vida digna en lo económico, en México preocupa, porque una gran mayoría se dedica al comercio, al autoempleo, no estamos respaldados todos por la seguridad social y médica, no estamos cotizando para pensiones, no estamos ahorrando para nuestra jubilación… Y cuando lleguemos a ese punto (2050), no vamos a tener los recursos suficientes como sociedad para sostener a tanta persona adulta mayor”.

¿Los hijos de entonces, la cantidad que sea, verá por sus padres o abuelos? ¿Quienes lleguen a ser longevos y no tengan hijos, quién los cuidará? plantea Sangines.

En términos demográficos se podría venir un gran problema para el Estado, porque ¿cómo vamos a sostener a tantas personas adultas mayores? Quizá enfermas de acuerdo con otros indicadores que ya dan luces de futuros problemas en el sistema de salud pública, considerando por supuesto además de las comorbilidades como la obesidad, hipertensión, discapacidad o incluso depresión, además de las propias secuelas de la pandemia que hoy se enfrenta por COVID-19.

Podría ser un problema grave por donde se mire si no se empieza a poner atención en ello, enfatiza el demógrafo mexicano. “También va a ser gran un problema de infraestructura, porque muchos vamos a seguir trabajando a los 60-70 años pero no va a haber infraestructura adecuada para personas de esa edad quizá, algo que de por sí ya es un problema, entonces, cuando seamos más y viejitos, imaginemos algo tan simple como las escaleras en el Metro”.

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©Foto: Angélica Escobar.

Y como suele suceder en las grandes crisis, Sangines advierte que el impacto mayor recaería en los sectores más vulnerables y de escasos recursos económicos. 

“Las proyecciones demográficas difícilmente fallan, de hecho esto el Consejo Nacional de Población ya tiene considerado en sus proyecciones. Es un escenario difícil, porque podría no haber cómo salir esa situación, se comprueba con estos resultados de este Censo 2020 que la población continúa envejeciendo y no hay un reemplazo.

“Ahora mismo y de acuerdo con los datos del Censo, estamos en el límite del reemplazo –con 2.1 hijos por mujer–, eso significa que prácticamente fallece el mismo número de personas que las que nacen. Vamos a tener que ponerle mucha atención a esto en el próximo Censo, porque llegará ese momento en que ese reemplazo ya no será suficiente y vamos a registrar más personas que mueren de las que nacen”.

¿Qué más nos ha cambiado el rostro?

Además del destacado dato del envejecimiento demográfico, el Censo 2020 nos dibuja el rostro de lo que somos y la historia que como país hemos escrito en la última década. En palabras de Édgar Vielma, director general de Estadísticas Sociodemográficas y coordinador responsable del #Censo2020MX: “Cada indicador nos va contando una historia. Somos un país muy heterogéneo y eso da diferentes niveles de lectura”.

Algunos de los siguientes indicadores nos pueden ayudar a entender:

Acceso a la tecnología

El porcentaje de hogares que cuenta con conexión a internet fija se más que duplicó en 10 años, del 21.3% en 2010 al 52.1% en 2020. Sin embargo, tiene que tenerse en cuenta el efecto pandemia. “Fue un empujón digital”, asegura Ernesto Piedras, director general de la consultora especializada en TICs The Competitive Unit (CIU). “Quien no tenía banda fija, la contrató; quien tenía 10 megas, la subió a 50. Yo estimaría una penetración del Internet mayor en al menos cinco puntos”, asegura el experto.

Esto vino acompañado de la compra de equipamiento para poder seguir trabajando y estudiando desde los hogares: tabletas, computadores o celulares inteligentes. El Censo mostró un incremento de estos últimos del 65.1% en 2010 al 87.5% en 2020. También refleja que los dispositivos se convirtieron en aparatos multiusos en los hogares: “La televisión bajó del 92% al 91.1%, ¿por qué? Porque hay hogares que pueden verlo en una tablet”.

Ello también se refleja en otro dato del Censo 2020: “Viviendas con consola de videojuegos hay 11.5%, pero en el país hay 72.3 millones de gamers. Cada vez jugamos menos con consolas y más con dispositivos”, explica.

Según datos de CIU, hace dos años, una persona gastaba en promedio 2 mil 300 pesos en un celular inteligente. Hoy, 4 mil 500. De los 87.5% del censo, Piedras asegura que el 93% lo son.

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©Foto: Anna Portella.

De acuerdo con el Censo 2020, la edad mediana en México es de 29 años, tres años más que en 2010 (26 años). Al respecto, Manuel Molano, economista en jefe del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), comentó que la pirámide demográfica está evolucionando donde la tasa de natalidad es menor que la de mortalidad.

“Los temas que esto pone sobre la mesa son las pensiones y el ahorro. Como país lo que te tiene que preocupar es no envejecer pobre. Es un riesgo que sigue latente en los mexicanos, donde el aquí y el ahora es importante y no nos preocupa el futuro”, dice. Por ello hay que enfatizar en el ahorro y almacenarlo en algún instrumento financiero que acreciente el valor.

Con respecto a la tasa de natalidad México se encuentra en una tasa de reemplazo estadístico “donde se sustituye a la gente y no se pone de más, en la próxima década no se ve que se tenga el problema de Alemania o de Japón para subsidiar que la población crezca el tamaño de sí misma, estamos en un especie de equilibrio”, sin embargo, si la curva demográfica se mantiene en 20 o 30 años tal vez se tenga que aplicar.

Los indicadores demuestran que México es un país menos pobre y se debe reconocer su progreso, “hoy es totalmente diferente el ‘ser pobre’ que el de hace 40 años”. Un dato que llamó la atención del economista fue el aumento de personas sin religión que en 10 años pasó de 4.7% a 8.1% (10,211,052 personas), “es un fenómeno interesante que demuestra un tipo de progreso social, un México menos tribalista, un poco más científico y tolerante en las diferencias entre los demás, y que tendrá una repercusión en la política; me sorprendió gratamente”.

Etnicidad y afrodescendencia

Los especialistas consultados por La-Lista coinciden: el Censo 2020 es el de representación poblacional más diverso hasta ahora. Según los datos obtenidos, en el país residen 7,364 645 personas que hablan alguna lengua indígena, en comparación con 2010, el número de hablantes de lengua indígena se incrementó en 451 mil personas. Pero en términos porcentuales, las personas que hablan lengua indígena disminuyeron de 6.6 a 6.1%.

Por su parte, de acuerdo con su cultura, historia y tradiciones, 2 576 213 de personas se consideran afrodescendientes o afromexicanas y representan 2.0% de la población total. De ellos, 7.4% habla alguna lengua indígena.

Esta es la primera vez que se incluye el indicador de afrodescendencia en el censo poblacional. Es relevante que suceda pero falta mucho por hacer, considera la periodista Nadia Sanders, quien se asume afrodescendiente.

“Es relevante porque en un censo de población desde que hay independencia, es el primer censo que considera a las personas afrodescendientes, que en otros censos no podían ser consideradas indígenas porque no son indígenas ni son de habla indígena, sin embargo, han vivido en condiciones de mucho rezago social de infraestructura y de servicios vinculados a temas de pobreza y discriminación”.

Nadia Sanders, periodista.

Esto permite por primera vez no sólo a acercarnos a saber cuántas personas afrodescendientes hay, sino en qué condiciones viven, a qué retos se tienen que enfrentar, temas como educación, salud y lo que dejó ver la encuesta del 2015, es que los municipios con más concentración de población afrodescendiente tienen niveles por debajo de la media en indicadores básicos en temas de bienestar, subraya Sanders. “Falta mucho por comprender pero deben ser datos que ayuden a diseñar políticas públicas para poner el piso más parejo para todos”.

“No puedes decir que eres negro, no causa el mismo orgullo decir que eres negro o que eres afro. En México por siglos ser negro es lo más bajo. La campaña fue de difusión para que las personas que son afrodescendientes se reconocieran a sí mismas como afrodescendientes. Y puedes decir ‘¿qué no saben?.. Pues no. Se nos ha robado esa identidad, a las personas que tenemos rasgos ‘afro’ nos anulan esa identidad porque en el ideario mexicano no hay negros”.

Nadia Sanders, periodista

Con información de María Luisa López, Ana Portella, Beatriz Gaspar y Valeria Vázquez.