¡Sacre bleu! Francia como nunca antes la habías visto
¿Qué? ¿No está la Torre Eiffel? … logos que aparecen en Atlas des Régions Naturelles. Fotografía: Atlas des Régions Naturelles, Eric Tabuchi y Nelly Monnier

Dale Berning Sawa/The Guardian

Desde el norte industrializado hasta el caluroso sur, Eric Tabuchi pasó las últimas dos décadas registrando el paisaje de Francia con su ojo obsesivo. En 2018, el fotógrafo danés, japonés y francés, creó una cautivadora serie llamada Alphabet Truck, en la que trepó a escondidas sobre 26 camiones articulados en movimiento y fotografió la letra gigante que decora la parte trasera de cada uno, desde la A hasta la Z. En 2017 hizo el Atlas de las Formas, una guía de 256 páginas para todas las formas, desde pirámides hasta polígonos, que inspiran a los edificios del mundo. Y en 2017, unió fuerzas con la pintora Nelly Monnier, quien también es su pareja, para crear el Atlas des Régions Naturelles.

Este extenso y complicado retrato múltiple de una nación se basa en las casi 500 régions naturelles, o áreas no administrativas (concepto similar a los países británicos), en las que se divide el territorio francés. Monnier y Tabuchi se abren paso por el país lentamente, y llegan a cada zona con el menor número posible de preconcepciones. Las primeras impresiones son clave, pues la idea es fotografiar algunos de los paisajes característicos, y luego trabajar con la arquitectura vernácula de cada área, pero es importante que las condiciones locales dicten el trabajo.

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Hay fotografías increíbles de ellos dos sentados sobre mapas del tamaño del suelo de su sala, mientras planean rutas a través de los suburbios, zonas semi industriales, pueblos vacíos y aldeas olvidadas. A cada región le corresponden 50 imágenes, entonces, una vez completado el trabajo, tendrán un total de 25,000 fotografías bien centradas y con luz natural, tan descriptivas como elegantes.

Alguna vez, el año 2000 parecía un futuro lejano … vitrinas de algunas tiendas. Fotografía: Atlas des Régions Naturelles, Eric Tabuchi y Nelly Monnier

Justo antes de la pandemia, la pareja se encontraba en Massif Central, que es como la mitad geográfica del país. Como no podían seguir viajando, comenzaron a revisar el material que ya tenían para subirlo a internet. El resultado es un mapa interactivo, una especie de museo digital de Francia, o al menos medio museo, con imágenes divididas por tema (agricultura, religión, negocios, entretenimiento), pero también por color, forma, pictograma o serie. Incluso tienen planeado imprimir las 9,000 páginas del Atlas.

Examinar el archivo online es una experiencia digital única. Buscar “rosa” arroja imágenes de una torre de agua, un granero, un casino, una cafetería para almorzar y comer, y la reja de metal de un museo privado en Vosges llamado Le Musée des Oubliés. Hay una serie entera de torres geodésicas de finales del Siglo XIX en el norte, sobretodo en áreas que fueron frentes de guerra, que los cartógrafos utilizaban antes de la fotografía aérea. Hay vitrinas de tiendas con el signo “2000”, así como refugios improvisados de las protestas de gilets jaunes (los chalecos amarillos). Las cuadrículas que resultan tienen ecos del trabajo de Bernd y Hilla Becher, los artistas alemanes que pasaron décadas fotografiando la arquitectura industrial en decadencia a través de Estados Unidos y Europa para producir una serie de torres de agua y tomas de gas.

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Justo antes de estrenar el Atlas, la pareja recibió un mensaje detallado de un niño que encontró el sitio donde dio su primer beso. No existe tal cosa como ningún lugar, o como dice Tabuchi: “Te das cuenta de que todos provienen de algún lugar”. El escritor Denis Cosnard, mientras tanto, exploró los callejones del archivo, y tuiteó que con sus “antiguos bares modernos, fábricas clausuradas, y el tipo de edificios que ya no se construyen … el Atlas se sumerge profundamente en las partes olvidadas de Francia”.

Alto y seco … una colección de albercas a la venta. Fotografía: Atlas des Régions Naturelles, Eric Tabuchi y Nelly Monnier

Hay hermosos edificios antiguos que ya no están en su apogeo, pero que no han tenido reparaciones ni han cambiado por la gentrificación, pues se encuentran en áreas con depresión económica. Ahí radica la fuerza de contar una historia a través de la arquitectura vernácula: en contraste, la Côte d’Azur es una maraña de construcciones nuevas y gustos mediocres.

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“Los pueblos y las ciudades ocupan menos del 5% de la tierra”, dice Tabuchi. Y si los combinas el resultado es una gran parte del país, del cual el 60% es de terrenos agrícolas. Esa fue una de las grandes revelaciones para el dúo: Francia volvió a un estado rural. “Ya no solemos hablar de eso”, dice Tabuchi. La imagen popular de Francia, dice, es “el TGV, la Torre Eiffel, diseñadores de lujo, los chateaux de la Loire. Pero en realidad, hay tantas personas en Francia como vacas y cerdos”. Cerrar esta grieta, o abismo, es lo que le da su poder al Atlas de Tabuchi y Monnier. Es una aventura por lo local, lo particular, lo único.

La obra también resalta cosas que están amenazadas. Muchas estructuras que fotografiaron ya no existen. Y, cuando ciertas economías mejoran, hay un cambio en el ambiente de las construcciones hacia la homogeneización. Eso es trágico pues, tradicionalmente, las regiones tenían sus propias identidades, desde los aspectos culinarios hasta los arquitectónicos y culturales.

Verde y agradable … el dúo documenta objetos por color y tamaño. Fotografía: Atlas des Régions Naturelles, Eric Tabuchi y Nelly Monnier

Aunque Tabuchi equipara saborear los vinos de una región con conocer sus colores, la odisea de la pareja no es un paraíso para foodies. “No tenemos ni el tiempo ni el presupuesto para disfrutar de la gastronomie local”, dice Monnier. “Manejamos diez horas diarias y comemos un poco de pan con queso”. Pero hay otro factor: “También notamos que los platillos locales están a punto de desaparecer”. Si la industria turística de una región es suficientemente grande, no es complicado encontrar comida pasable, pero de otro modo, es otro ejemplo de la brecha entre Francia y lo que se espera de ella. Brittany, donde de hecho se producen vegetales, está llena de cerdo industrial y gruyere para microondas, y a veces lo único que encuentran es comida rápida como hamburguesas y papas fritas. “Los hostales cálidos y acogedores ya no existen”.

Tabuchi añadió: “El hecho de ser mitad japonés y mitad danes es muy importante. Estoy conociendo el país donde mis padres, por alguna razón, decidieron tenerme”. Le faltan todas las raíces que le sobran a Monnier: ella proviene del campo entre Lyon y Geneva, donde su familia vive desde hace muchas generaciones. El contraste entre los dos, unidos en su exploración, sólo profundiza la sensación de que se trata de un retrato inquisitivo de un país cambiante. La globalización, dice Tabuchi, hace que el planeta se sienta pequeño. “El mundo es muy muy muy grande”, dice. “Es diverso y abundante, irreducible e imposible de sintetizar”.

Ese es justo el sentimiento que obtuve de examinar su archivo. En un momento donde Emily in Paris presenta una caricatura de Francia en la pequeña pantalla, de formas no vistas desde los días de A Year in Provence, de Peter Mayle, su Atlas muestra a mi país natal como algo misterioso y roto, de proporciones inmensas, es el lugar que quiero proteger. Tabuchi y Monneir planean extenderse a otros países. Imagínate cómo se verá el atlas del Reino Unido después del Brexit.

Traducido por Leonor Guerrero

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The Guardian