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Arte

‘La maternidad es tabú en el mundo del arte, es como si nos hubiéramos vendido’: mujeres artistas

¿Cómo ir a la inauguración de tu exposición si se empalma con la hora del baño del niño? Artistas y el impacto de la maternidad en el arte.

Una excepción... Alice Neel, en su estudio en Nueva York con un familiar y rodeada de sus obras. Foto: Alfred Eisenstaedt/LIFE Picture Collection/Getty Images

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Hettie Judah/The Guardian

‘Anoche me fui a dormir y no podía dejar de pensar”, dice Laima Leyton. “Pensaba en todas las mujeres artistas que me encantan que no son madres: Laurie Anderson, Pauline Oliveros, Marina Abramovic… Me dio tristeza. Como si tuvieran más tiempo para el trabajo porque no tienen que cuidar a otros. Como si los trabajos extraordinarios y sólidos que realizan fueran sus hijos”.

A principios de año entrevisté a 50 artistas mujeres, Leyton entre ellas, sobre el impacto de la maternidad en su trabajo. Un pensamiento pegajoso igual al mío las ha perseguido en algún momento o en otro. Hacer malabares entre la maternidad y otra carrera es una lucha constante, pero parece que hay algo en el papel del artista que hace que la combinación sea más problemática de lo normal.

Los viejos clichés

Laurie Anderson en concierto. Foto: Vanz/Flickr/Wikicommons

Están los viejos clichés, por supuesto. Cyril Connolly condena  la domesticidad insignificante. “No hay mayor enemigo del arte bueno que una carriola en el pasillo”. También está la cita de Tracey Emin: “Hay buenos artistas que no tienen hijos. Por supuesto. Se llaman hombres”.

Muchas artistas reciben advertencias muy serias sobre la maternidad. “No conozco mujeres que pudieran seguir con su carrera después de tener hijos”, le dijo la esposa de un agente de arte a la pintora Ishbel Myerscough. Se considera con frecuencia que la opción es binaria: niños o arte.

Durante años, la Freelands Foundation ha procesado datos sobre la representación de la mujer en el mundo del arte británico. Las cifras van de la cantidad de estudiantes de arte, 75% son mujeres, a la proporción de ventas en una subasta de mujeres artistas, de 3%. En el último reporte de la Representación de Mujeres Artistas en Gran Bretaña se ve que la fortuna tomó otro camino.

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Según la información obtenida, que recopiló la artista y académica Kate McMillan, en términos de carrera, la mayor división entre hombres y mujeres artistas contemporáneos ocurre después de la graduación y antes de que se obtenga el reconocimiento comercial. A menos que se atrevan a pensarlo, la razón no es que los hombres sean mejores. La selección de Nuevos Contemporáneos se hace a”ciegas”. Incluso en los últimos años la balanza se ha inclinado un poco a favor de las mujeres, 51%. Sin embargo, sólo el 35% de las artistas vivas tiene representación en las galerías británicas.

Parece que algo empieza a desviar las carreras de las mujeres cuando llegan a los 30s. Existen muchos factores en juego pero revisé la información  con Mc Millan el año pasado y sentimos que hacía falta explorar una variable que no estaban contemplando los reportes de la Freelands Foundation ni los estudios similares de otras partes del mundo, la maternidad. Escribí entonces un ensayo, Full, Messy and Beautiful, se publicó junto con el reporte de este año.

Las artistas de todas partes de Reino Unido respondieron a mi llamado para realizar entrevistas sobre el impacto de la maternidad en su trabajo. Sus experiencias van de los últimos meses del embarazo hasta la vida de abuelas, trabajaban en campos diversos como ilustración, sonido y performance. Me hablaban o me escribían largamente, con una honestidad dolorosa y brutal. La maternidad no es un tema sobre el que las hubieran invitado a hablar. Muchas sentían que tenían que mantener los dos lados de su identidad separados, como si estuvieran operando bajo radar: madres secretas que se infiltraron en el mundo del arte.

“En mi experiencia”, Anna Perach dijo, “la maternidad tiene algo de tabú en el mundo del arte. Es como si la artista se hubiera “vendido” o unido a la burguesía. En la comunidad artística para muchos es algo que puede provocar sentimientos de rechazo, o celos, o ambos”.

El mundo del arte no está estructurado para acomodar cuidados para niños pequeños. Las exhibiciones privadas son temprano en la noche, a la hora en la que se llevan a cabo las negociaciones entre artistas y corredores, pero que coincide con la hora de “la santa trinidad de la cena, el baño y la hora de dormir en las casas que tienen niños pequeños”, explicó WK Lyhne.

Las residencias son difíciles, sino es que imposibles, para aquellos que cuidan a niños pequeños. El cuidado de los niños no puede estar en la lista de gastos de las solicitudes de beca del Arts Council. Muy pocos estudios tienen guarderías. Algunas galerías ayudan a las artistas con el cuidado de los niños cuando instalan una exposición, pero son una minoría. En general, es la madre de la artista la que tiene que ser flexible y complaciente, no la institución.

El arte no viene con salarios fijos o trayectorias de desarrollo establecidas. Es un trabajo que no se puede contabilizar fácilmente. ¿Cómo se justifica el gastar dinero en guarderías? “Pagar por el tiempo que se necesita para hacer trabajo especulativo, por trabajo que tal vez no se venda, o que no se venda en meses o años, es algo difícil de justificar”, dijo Catherine Kurtz.

Las cosas empiezan a cambiar. Existe ahora un  Mother Art Prize, Premio a la madre arte. También hay exposiciones recientes sobre nacimiento y embarazo, pero no todas las artistas hacen trabajo sobre maternidad. Algunas galerías en especial reciben elogios por ser conscientes y flexibles.

Existe un problema de percepción en una industria que trata mayormente con cualidades intangibles como murmullos, auras, imágenes. “En general se margina a las mujeres artistas”, explica Jemima Burrill.  “Con las madres va aún más allá”.

Más que ser tratada como un evento desafortunado o incluso catastrófico, la maternidad debería ser motivo de júbilo. Hay, y siempre ha habido, grandes artistas que también son madres, entre ellas, Artemisia Gentileshci, Barbara Hepworth y Alice Neel. Tal vez si las ponemos en alto podamos empezar a despejar ese “pensamiento pegajoso” de que una mujer no puede ser buena en ambas cosas”.

  • El ensayo completo de Hettie Judah, Full, Messy, and Beautiful se publica como parte del reporte de la Freelands Foundation, The Representation of Female Artists in Britain During 2019.

Traducido por Graciela González

Consulta el texto original haciendo click en el logo:

The Guardian
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