Nadie sabe cómo eliminar el lodo, las manchas de pasto y de sangre mejor que la gente encargada de cuidar los uniformes blancos de los futbolistas, así que visité un campo de entrenamiento.
Esto comenzó hace 40 años, en la escuela, cuando estaba contando una historia y vi que un bostezo comenzaba a aparecer en el rostro de mi maestra. He estado en alerta roja ante bostezos sofocados desde entonces.