Ver a Román caminar cerca de mi casa no me causa ningún sobresalto. Es más, me ha saludado un par de veces. Sólo pienso que, si las circunstancias de aquella noche se repitieran hoy en el país donde el número de masacres, asesinatos y desplazados “no es significativo”, sin pensarlo dos veces Román jalaría el gatillo.