Desgastar las palabras tiene un riesgo en un mundo donde las imágenes pesan siempre más. Pienso en lo que podemos hacer y me queda la certeza de que es entre muchas cosas, seguir hablando y preguntando: entre nosotros, aquí pero también fuera de las redes. En las mesas compartidas y en las calles: hablar, hablar y hablar hasta reapropiarse de esas palabras a las que han querido lavar de sentido.