La palabra es creadora, pero puede ser destructiva. Puede ser una lanza de fuego en un país de pastizales secos. Puede ser la chispa que encienda la flama antisemita. Puede ser la broma que fomenta la violencia machista. Puede ser la ocurrencia que normaliza el racismo o puede ser un grito homofóbico que se arrope como una tradición en el estadio.