Esta creencia fuertemente sustentada por la ciencia que nos ha hecho eternizarnos en la concepción egocéntrica de ser “únicos”, pues hasta ahora hemos creído (consciente o inconscientemente) estar hechos “a imagen y semejanza” del creador del Universo sin importar filiación religiosa, podría al fin de cuentas no ser cierta -como tantas otras cosas que ocurren en nuestra vida diaria-, o por lo menos, sería inexacta, ya que, en efecto, nunca más volveríamos a estaríamos solos.