Columnistas importadas
El número de muertos por la pandemia se siente ahora más gravemente en los países en desarrollo. Este virus aún no ha terminado.
La clave en todo esto es tasas impositivas firmes que contribuyan a disminuir el consumo de tabaco, pero además recaudar mayores ingresos para las finanzas del Estado mexicano.
El mundo económico, financiero, y tecnológico ha abierto una segunda oportunidad para poder tener un nuevo modelo de transacciones comerciales, basada en una diplomacia económica-climática.
En estas elecciones, las y los candidatos punteros tienen historias muy particulares que contar. ¿Qué desean transmitirnos? ¿Habrá continuidad? ¿Innovación? ¿O un retorno al pasado?
Estos dos conceptos surgen frecuentemente en las conversaciones sobre energía. Su confusión da pie a estrategias contrastantes de política energética.
Le voy a dedicar unas pocas líneas a los candidatos de partidos parásitos diminutos: hacen el ridículo que pueden, con el objeto de buscar algunos votos de electores distraídos, que se acuerden de ellos en las urnas, por el video del baile estúpido, la botarga ridícula o el slogan controvertido.
La corrupción sigue galopante y millones de mexicanos terminarán igual o peor que en 2018, pero eso sí, secuestrados por el asistencialismo eterno que fortalece, comprueba y promueve el Foro de Sao Paulo. Lo que se busca es el control total.
La gente en Gran Bretaña con pocas probabilidades de morir recibe la vacuna a pesar de que los países en desarrollo están sufriendo.
Bien está que los Oscar respondan a intereses acaso superiores a los del cine mismo cuando corren tiempos tan oscuros. El cine sigue teniendo poder para arrojar luz sobre lo que nadie quiere ver.
El problema no es que le demos nuestros datos biométricos al gobierno... sino lo que hará con ellos.
Ojalá esa tercia de mexicanos ganadores del Oscar se dé el tiempo de celebrarlo, de acariciar la estatuilla, de admirarla porque en el reflejo dorado verán los años de esfuerzo para alcanzar la cumbre hollywoodense.
Desde la antigüedad se vio la necesidad de crear leyes para evitar que cada persona usara su libre albedrío, en una especie de abuso de poder para ofrecer justicia.