Kansas City Chiefs, un amor que pasó de la clandestinidad al incontenible orgullo
Eric Fong ha sido un apasionado aficionado a los Kansas City Chiefs. Foto: Eric Fong

Eric Fong / Director Editorial Futbol Sites Mexico

Dicen que no hay nada peor que los amores ocultos, esos que no puedes gritar a los cuatro vientos porqué la gente no lo entendería o porqué lucen imposibles. En el deporte eso sucede con los equipos perdedores o de perfil bajo, poco o nada hay para presumir, pues de ‘bicho raro’ no te bajan, es por eso que muchos emigran a los populares, es por eso que ellos nunca sentirán la pasión por los, hasta hace una temporada, desconocidos e impopulares Kansas City Chiefs.

Recuerdo felizmente que en 1989, un corredor triunfaba saliéndose (por su físico) del prototipo en la NFL. Había registrado 1,480 yardas terrestres y era el líder de la liga en el rubro, se convirtió en el Jugador Ofensivo del Año en la AFC. Sin embargo, esto no alcanzó para llevar a los Kansas City Chiefs a Playoffs, aunque logró atrapar mi atención y convertirme desde entonces en aficionado a ese extraño equipo rojo con dejos de perdedor, pero con una esencia distinta a los demás equipos populares.

Okoye medía 1.85 y pesaba más de 120 kilos, no era habilidoso, lo de él era ir al choque, a destrozar barreras defensivas, algo que para un niño de 11 años era la elección más lógica para poder ganar en este deporte. Pero mi lógica no aplicaba y los Chiefs seguían siendo malos, a pesar de esa mítica ‘Pesadilla Nigeriana’ que había atrapado mi afición para nunca soltarla.

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En aquel entonces no había muchas opciones, Televisa e Imevisión se limitaban a pasar partidos de los populares Cowboys, Steelers, Raiders y 49ers; el único refugio para saber de ese equipo ‘raro’ eran las Traiding Cards (conseguidas en los tianguis) o encontrar alguna revista en Sanborns y lograr leerla ahí, pues el costo era alto. De jerseys o ropa oficial, mejor ni hablamos, era casi imposible conseguirlos.

Así, aprendí a no festejar títulos, a ir valorando pequeñas alegrías dominicales que terminaban en diciembre y nunca llegaban a enero; difícil de explicar, pero esas pequeñas alegrías llenaban de sabor toda la NFL y se alimentaban el amor por los Chiefs.

Años después, llegó el mítico Joe Montana para ser la cereza en el pastel de una escuadra que ya tenía más talento. Derrick Thomas, Neil Smith, J.J Birden, Marcus Allen por fin tenían una razón real para lograr trascender; los ojos de la NFL ya podían postrarse en los Chiefs. Al fin podían ser populares, pero los Bills echaron todo a perder y los eliminaron en la Final de Conferencia de la temporada del 93. El espíritu perdedor volvía para apoderarse de una afición fiel en Kansas City e invisible en el resto del mundo.

Así pasó la era de Marty Schottenheimer, un genio que ahora enfrenta los crueles efectos del Alzheimer, una horrible broma del destino para el coach que logró mantener viva una franquicia que veía con envidia los éxitos de Chargers, Broncos y hasta de los Raiders.

Luego, el desfile de coaches: Cunningham, Vermeil, Edwards, Haley y Crennel intentaron trascender, pero hasta que llegó Andy Reid la historia comenzaba a transformarse, aunque siempre faltaba ‘algo’.

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Ese ‘algo’ se materializó con la Décima Selección del Draft del 2017; los Chiefs eligieron al hijo del exbeisbolista Pat Mahomes, Andy Reid esperaba que Patrick aprendiera de Alex Smith para que un año después le dieran toda la responsabilidad, un movimiento arriesgado, un movimiento digno de Andy Reid.

Y le salió, lo de Patrick Mahomes como Quarterback titular no merece explicación alguna, encontró en Travis Kelce y Tyrek Hill a los complementos perfectos y le devolvió el brillo al rojo en la NFL, ya no solo son famosos en Kansas City, ahora son seguidos en todo el mundo.

¿Verlos en vivo? Impensable de niño, era muy caro ir a Kansas City, afortunadamente San Diego no está ‘tan’ lejos y ya con la posibilidad de darnos ese ‘lujo’ como adulto, se pudo cumplir el sueño de verlos ‘de cerquita’. Luego, el destino los puso en el Azteca y el mismo destino (y la mala cancha del Coloso de Santa Úrsula) negó esa posibilidad.

Afortunadamente solo se postergó un año y México les sirvió como trampolín para ese cierre de temporada espectacular y los catapultó al Super Bowl. A ese juego acudí como prensa, sin ropa del equipo, pero con el corazón más rojo que nunca, me tocó bajar al vestidor a hacer entrevistas, platiqué con Tyrek Hill (no quería entrevista) sobre sus lesiones y gracias a mi querido amigo Alfredo Zaga, conseguimos una foto de Patrick Mahomes con el jersey de la Selección Mexicana de Futbol Americano, todo un sueño que aquel niño de 11 años ni siquiera pudo imaginar, en mi cabeza sigue la idea de que les di suerte.

Ahora, están a unas horas de su segundo Super Bowl consecutivo, a un triunfo de ponerle otro piso a su dinastía, a un centímetro de poder volverse populares y ser hasta odiados por ganar. Esto, sin duda, es un camino totalmente desconocido, pues he de reconocer que en el pasado Super Bowl, simplemente no sabía cómo festejar; creo que hoy, gracias a estos Chiefs, puedo empezar a acostumbrarme a hacerlo.

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