Caravana migrante: Kervin, un menor sonriente después de recorrer 10 países por tierra con su familia
Wideline junto a sus hijos Kervin de 17, Deborah de 10, Wensley de 18 y Ruth de 11 años. Foto: Alexa Herrera / La-Lista

La tarde del domingo 12 de diciembre, integrantes de la caravana migrante proveniente de Chiapas llegaban a la Ciudad de México cuando a unos metros de la estación Santa Martha Acatitla, en Iztapalapa, en el oriente, fueron frenados por un retén de cientos de policías de la capital.

El ambiente se empezó a poner tenso, los migrantes trataron de llegar a un acuerdo para que les permitieran el paso, pero ante la resistencia de las autoridades, decidieron formar una cadena humana y avanzar.

En medio del tumulto que avanzaba con fuerza una mujer cayó al suelo, donde varias personas pasaron por encima de su cuerpo hasta que unos gritos de alerta hicieron que dos hombres se percataron del accidente, lograron replegar a la gente, cargaron a la mujer y la llevaron fuera de la turba.

La corriente humana de migrantes no lograba disolver el retén de policías y a los pocos minutos comenzaron los golpes. Los migrantes reaccionaron con piedras, mochilas, palos, escudos y demás objetos. Todo eso lo vivió Kervin, un menor de 17 años que mantuvo la calma en un enfrentamiento que para otras personas adultas parecía el fin del mundo.

Caminar por más de 10 países pensando en ‘el sueño americano’

El mismo 12 de diciembre, la caravana migrante logró su objetivo: llegar a la Basílica de Guadalupe y tener un momento de paz después de todo lo que había tenido que enfrentar. Visitaron el templo y se instalaron en el albergue Casa del Peregrino, a unos minutos de la Basílica, en la Alcaldía Gustavo A. Madero, en el norte de la Ciudad de México.

Este espacio, creado para recibir a peregrinos que visitan el templo Mariano, fue habilitado para que los integrantes de la caravana pudieran descansar y donde han pasado los últimos 10 días.

En la travesía de esta caravana migrante participa Kervin, un menor que se ve más grande de lo que realmente es y que destaca entre cientos de personas por su capacidad de sonreir gran parte del tiempo después de haber recorrido 10 países por tierra hasta llegar a México.

Kervin viaja junto con su mamá, su papá y sus hermanos Wensley, de 18 años; Ruth, de 11, y Deborah, de 10. En medio del descanso que ha sido para ellos el albergue, su madre habla sobre su viaje:

“Esto no es una vida, es un sacrificio”, dice Wideline, de 39 años.

Para ella, lo más difícil de esta travesía ha sido ver a sus hijos pasar hambre, caminar bajo la lluvia o el sol. Y en los días más complicados, tener que comer leche en polvo para sobrevivir.

La familia de Kervin salió en 2003 de Haití, uno de los países más pobres del mundo. Y desde entonces ha recorrido gran parte de la región sur y centro del continente americano en busca de una mejor vida.

La primera escala fue en República Dominicana, país vecino con el que comparte la superficie oeste de la isla La Española, en medio del Caribe. Después de 11 años viajaron a Brasil en busca de mejores oportunidades de empleo. Pero Anglade, el papá de Kervin, decidió irse a Suriname, al norte de Brasil.

Wideline se quedó a cargo de sus cuatro hijos desde 2014 pero el vínculo con su esposo no se rompió. Este año Anglade y ella acordaron reencontrarse en la frontera de Brasil con Bolivia para iniciar su travesía hacia el “sueño americano”. Recorrieron Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y, finalmente, llegaron a México.

Wideline asegura que su objetivo principal es llegar a Estados Unidos y encontrar estabilidad para su familia. Dice que en su país era enfermera, pero está dispuesta a trabajar en otra cosa.

En el municipio fronterizo de Tapachula, en el estado de Chiapas, se unieron a la caravana migrante que salió a finales de octubre rumbo a la CDMX.

Mientras el gobierno mexicano resuelve a cuentagotas la ayuda humanitaria a la población migrante, Kervin disfruta jugar con niños más chicos que están en el albergue y que forman parte de la caravana.

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“Lo que yo quiero para mi familia es llegar a EU en el nombre de Jesús”, escribe Widelina, originaria de Haití. Foto: Alexa Herrera / La-Lista
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En el albergue Casa del peregrino se encuentran varios carteles con la frase “Nadie es ilegal en tierras robadas”. Foto: Alexa Herrera / La-Lista
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Ruth, proveniente de Haití juega con el ula ula en el albergue Casa del Peregrino. Foto: Alexa Herrera / La-Lista

La mamá de Quintin murió mientras él estaba detenido en el centro migratorio Siglo XXI

En el albergue Casa del peregrino se instaló una carpa principal donde duermen alrededor de 30 familias de la caravana y al exterior se ubicaron pequeños catres donde se instalaron los hombres que viajan solos. Ahí se encontraba Quintin, de 38 años, originario de Honduras, y s medio hermano León.

Quintin salió de su país el 10 de diciembre del 2020, porque dice que su restaurante de comida china quebró por la pandemia y las constantes extorsiones por parte de los “Mareros”, como llaman a pandillas que se dedican a la extorsión y otros delitos.

Relata que su madre, Jenoveva, murió en Honduras mientras él se encontraba detenido en la estación migratoria Siglo XXI en Tapachula, donde estuvo más de 20 días.

“No pude despedirme de ella”, dice Quintin con pocas palabras.

Además del fallecimiento de su madre, dice que lo más difícil de este trayecto han sido los enfrentamientos con las autoridades mexicanas, como la del pasado 12 de diciembre en la autopista México-Puebla.

Quentin sintió que iba a morir en ese enfrentamiento. Le pareció como si fuera “el fin del mundo”, pero tuvo la fuerza para avanzar junto a sus más de 300 compañeros de la caravana y ayudar a las mujeres y hombres heridos, así como a los niños asustados por presenciar la violencia hacia sus familiares.

En el albergue, siente que ha recibido ayuda y un trato amable en el refugio, recibió ropa, alimentos, zapatos y artículos de higiene personal. Pero la ayuda que más les interesa recibir a Quintin es la del presidente, Andrés Manuel López Obrador.

El Gobierno mexicano ha sido duramente cuestionado por la política migratoria con el despliegue de más de 28 mil elementos de las Fuerzas Armadas para frenar las caravanas provenientes de Centro y Sudamérica, en las fronteras norte y sur del país. 

“Yo si me quedaría en México” comenta Quentin. Su sueño sí es llegar a Estados Unidos, pero después de todo lo que ha vivido, quedarse en México para trabajar y ahorrar no le parece una mala idea. Él quiere sentirse seguro y no tener problemas para poder rehacer su vida.

El Instituto Nacional de Migración (Inami) se comprometió este mes a regularizar la estancia de los integrantes de la caravana migrante.

De acuerdo con las cifras oficiales, México ha registrado 123 mil 187 peticiones de asilo ante la Comar, esto representa un aumento del 300% con respecto a los números del año pasado, cuando se recibieron 41 mil 230.

Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, admitió este martes en la conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador, que hacen falta más recursos y personal en la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) para atender las solicitudes récord que han llegado en los últimos meses.

Para Irineo Mujica, director de la organización Pueblos Sin Fronteras, y representante de los migrantes ante el Gobierno mexicano, el Inami sólo “quiere mantener a la caravana secuestrada en Ciudad de México”, porque el proceso para otorgar visas humanitarias y permisos de residencia permanentes será en grupos de 30 personas, priorizando a mujeres y niños.

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“Mi sueño es tener papeles en México y trabajar y algún día tener mi propio negocio y estar estable y tener una familia y sin tener temor alguno”, escribe Quintin de Honduras. Foto: Alexa Herrera / La-Lista
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Durante todo su recorrido, la caravana migrante ha sido acompañada de las Fuerzas Armadas de México. Foto: Alexa Herrera / La-Lista
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Quentin junto a su medio hermano León en la Casa del peregrino. Foto: Alexa Herrera / La-Lista