Síguenos

 

Entretenimiento

De Weezer a Missy Elliott: 10 de los segundos álbumes más difíciles

En su momento los descartaron por ser muy pretenciosos, muy inflados o demasiado desapegados, pero estos segundos álbumes merecen una revisión

Foto: Alfio66/Wikimedia Commons

Recibe en tu correo el newsletter de La-Lista

Michael Cragg/The Guardian

The Stone Roses
Second Coming (1994)
Lo presentaron cinco años después de que los pioneros del Madchester hicieran su debut. Second Coming se convirtió en un sinónimo del síndrome de las complicaciones del segundo álbum. Tuvieron que enfrentarse a sus altas expectativas, a las inseguridades propias que los paralizaban y, en realidad, a sí mismos. Se trata de un álbum que es reflejo de una gestación complicada cuyas canciones están plagadas de improvisaciones superfluas. Sin embargo, se puede sentir la calidad y más en la hermosa Ten Storey Love Song y en el sencillo Love Spreads.

The Menace (2000)
Elastica
El primer intento de Elastica de grabar un segundo álbum después de su clásico debut en 1995 terminó con la partida de dos miembros y con la disolución temporal de la banda. Finalmente lograron hacer The Menace que es una grabación experimental y fracturada realizada a toda prisa en seis semanas.  Justine Frischmann la desconoció en 2013, pero, aún así refleja algo del estilo arch indie pop nous, específicamente en Mad Dog God Dam y Generator.

Show Your Bones (2006)
Yeah Yeah Yeahs
Al ver que sus contemporáneos indie repetían fórmulas para su segundo álbum, los Yeah Yeah Yeahs tenían toda la intención de reinventarse después de su explosivo y artístico álbum de rock Fever to Tell de 2003. El camino no fue fácil, la banda casi se disuelve durante las primeras sesiones, pero los resultados son más limpios y melódicos y con ello  se abrió el camino para el éxito pop de 2009, It’s Blitz!

MGMT enfiestados. Foto: Graeme Robertson/The Guardian

Congratulations (2010)
MGMT
Tras su debut en 2007 con Oracular Spectacular, Andrew Wyungarden y Ben Goldwasser se dispusieron a desmantelar su recién adquirido estrellato pop. Este denso álbum cambia las guitarras breves y agudas por experimentos al estilo Syd Barrett y por opacos homenajes a Eno. Sin embargo, joyas de pop como It’s Working valen la pena el esfuerzo.

Pinkerton (1996)
Weezer
Con algunos riffs con variantes de Madame Butterfly de Puccini, el glorioso álbum emo Pinkerton, que sigue al debut de Weezer en 1994, logró espantar a los fans que todavía cantaban su éxito Buddy Holly.  A pesar de estar saturado con el desdén que el cantante Rivers Cuome sentía por el éxito, Pinkerton es ahora un clásico de culto.

Room on Fire (2003)
The Strokes
Los miembros de la garage band de Nueva York querían hacer al principio algo muy diferente para su segundo álbum porque surgieron imitadores de la banda por todos lados. Contrataron a Nigel Godrich como productor, pero luego lo reemplazaron con Gordon Raphael de Is This It’s. Como si fuera el epítome de “If it ain’t broke…”, el álbum todavía nos da varios clásicos del indie.

Missy Elliot. Foto:Atlantic Records

Da Real World (1999)
Missy Elliot
El burbujeante éxito del clásico de 1997 de Elliot, Supa Dupa Fly puso la vara tan alta que dejó paralizada la creatividad de la rapera. “Me la pasaba yendo al estudio y nada me sonaba bien”, dijo en MTV. Su productor, Timbaland la obligó a tomar un descanso y después de cargarse de energías con las vacaciones, lograron hacer un segundo álbum  más oscuro, más paranoico y no menos creativo.

Surfing the Void (2020)
Klaxons
Cuando pasó la ola de nu-rave sobre la que llegaron a los premios Mercury en 2007 con Myths of the Near Future, los Klaxons, del sur de Londres, y sus cortes de pelo se estrellaron en la tierra en medio de su frenesí por las drogas. Tres años después resurgieron con algo más pesado y tintes psicodélicos producido por Ross Robinson de Slipknot y con canciones como Echoes, gloriosas óperas rock para las plataformas de streaming.

Neither Fish Nor Flesh (1989)
Terence Trent D’Arby
A finales de los 80 no cabía duda de que D’Arby era una superestrella. Su primer álbum, Introducing the Hardline, vendió 1.5 millones de copias en Reino Unido. Su segundo y extremadamente pretencioso álbum no tuvo éxitos y fracasó espectacularmente pero cuenta con unos muy buenos momentos con el soul de I’ll Be Alright y el sonido con tintes de Prince de Attracted to You.

Foto: Maddy Julien

Paul’s Boutique (1989)
Beastie Boys
Paul’s Boutique, también conocido como el “Sgt. Pepper del hip-hop”, fue una segunda parte muy confusa de License to Ill que era más como una fiesta de fraternidad. Preocupados porque se les considerara una broma, el trío de Nueva York se atrincheró con los excéntricos productores Dust Brothers para realizar algo muy denso cargado con un muestrario de tapicería que se convertiría en el álbum que los definiría.

Este texto se publicó en The Guardian y lo tradujo Graciela González. Consulta el artículo original haciendo click en el logo:

The Guardian
Contribuye a The Guardian

También te puede interesar

Publicidad