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Género

Las ‘nenis’ y ‘mamás luchonas’, mujeres en lucha constante contra el sistema machista

Las mujeres trabajadoras y emprendedoras se enfrentan a un estigma social al buscar la autonomía económica en un país que no les ofrece las condiciones laborales adecuadas y que se hace más complejo por Covid-19.

Foto: Andrea Piacquadio/Pexels

Beatriz Palomares es mamá soltera y una emprendedora que hace cuatro años abandonó la estabilidad financiera de un trabajo fijo. La principal motivación para hacerlo: su hijo, pero también el contexto la presionó a encontrar una actividad económica que le diera tiempo y dinero para estar con su él, solventar una casa y gastos, y que fuera flexible.

“Los horarios de oficina no ayudaban para dividir los tiempos entre la escuela de él y el trabajo”, dice en entrevista con La-Lista. Mientras trabajaba en una financiera su único apoyo era su madre que tiempo después tuvo que vivir fuera de la ciudad por una cuestión familiar. Se quedó sola. Meses antes de renunciar estudió y se certificó en extensiones de pestañas y micropigmentacion, y así se lanzó a emprender.

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Beatriz es considerada una de las ‘nenis’ y ‘mamá luchona’, nuevos calificativos que han surgido en redes sociales para referirse a las mujeres que trabajan por cuenta propia o que son emprendedoras, que utilizan palabras como ‘nena’, hermosa’, ‘linda para referirse a las clientes, que envían a domicilio o acuerdan un punto para la entrega y que tienen como objetivo generar ingresos económicos para ellas y sus familias. 

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Referirse a ellas con esos calificativos habla de un “desconocimiento enorme sobre  la situación de las mujeres que buscan autonomía económica en un país que no les ofrece condiciones equitativas en el hogar, en los empleos y con una necesidad de generar un ingreso”, explica Fátima Masse directora de sociedad incluyente del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Estas mujeres también están construyendo su libertad económica y emocional desde el emprendimiento dentro del sistema que se encarga de oprimir y en el que la norma es señalar y responsabilizar a la mujer de los cuidados y el hogar, señala Saraí Noemi Hernández, psicóloga y terapeuta narrativa con perspectiva feminista, enfocada en contruir comunidades y redes de apoyo de mujeres en la CDMX.

Alcanzar la libertad

Patricia Berinstain aprendió a defender su libertad después de superar un noviazgo violento que duró siete años, y que le hizo dudar de su capacidad y creatividad llevándola a trabajar para diversas empresas en finanzas y administración, vertientes que no deseaba. 

La pandemia la dejó sin empleo y tomó la decisión de convertir se en ‘neni’ para ser independiente y, por primera vez, hacer algo que le apasionara: la belleza. “Después de lo que viví te quedan miedos y temor a fracasar o pensar que no soy buena. Tomé las riendas de mi vida, de mi talento, de mi tiempo, de la libertad”, afirma.

Saraí explica que “el sistema tiene muy claro el lugar donde debemos estar, que no debemos confiar en nosotras mismas; si te sales del lugar y alcanzas a los hombres buscan una estrategia para decirte que te regreses tu sitio porque estás fuera de la norma de lo que es ser mujer y se generan señalamientos”.

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La iniciativa de encontrar alternativas económicas no es nueva, pero la tecnología y las redes sociales han servido de plataforma para diversificar productos y servicios, aumentar las ventas, llegar a más clientes y hacerle frente al encierro por la pandemia.

La utilidad de las herramientas digitales de las PyMEs en el mundo pasó de 47 a 54%, un crecimiento mensual de siete puntos porcentuales de septiembre a octubre de 2020, de acuerdo con el Reporte global sobre el estado de las Pequeñas Empresas elaborado por Facebook, junto con la OCDE y el Banco Mundial.

“Emprender en México es difícil y para las mujeres mucho más. La pandemia pegó desproporcionadamente a ellas, sobre todo a las que menos ganan y con trabajos informales o propios, pero pese a su vulnerabilidad regresaron más rápido”.Fátima Masse, directora de sociedad incluyente del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO)

Uno de los principales retos es la informalidad. En México, el porcentaje de trabajadoras propias a diciembre de 2020 fue de 23.5% en diciembre, de las cuales 80% son informales, con un salario promedio mensual $2,613 pesos, mientras que el resto gana $4,551 pesos en la formalidad, de acuerdo con cifras del primer trimestre de 2020 reportadas por el monitor del IMCO ‘Mujeres en la economía’.

Conforme un negocio crece tiende a formalizarse, explica Masse, y convierte a las trabajadoras propias en empleadoras impactando en sus ingresos: las informales con un ingreso mensual de $5,540 pesos y las formales con $7,578 pesos.

Por su parte, la doctora Luz María Sánchez Vázquez, emprendedora, profesora del Tecnológico de Monterrey, y líder de proyectos de mujeres, empresas y de equidad de género, agrega dos retos más: baja inclusión financiera y falta de profesionalización. “Si bien encuentran independencia y las aleja de la violencia de género, estas actividades les resuelve aspectos de la vida diaria”.

Asimismo las especialistas coinciden en uno más: las diversas cargas de trabajo diarias, que van del trabajo remunerado y no, que las somete a dos hasta cuatro jornadas diarias, así como una necesidad de flexibilidad. De acuerdo con la Encuesta sobre la igualdad de género en casa, elaborada por Facebook, Ladysmith, ONU Mujeres y el Banco Mundial, las mujeres dedican mucho más tiempo a las tareas del hogar, que normalmente son actividades no remuneradas como cocinar y limpiar.

“El trabajo dentro de casa es el que sostiene al sistema en el que vivimos y que se le considera como amor, pero que puede superar 18 horas provocando que sea la mujer la primera que se levanta y la última que se acuesta”.Saraí Noemi Hernández, psicóloga y terapeuta narrativa con perspectiva feminista

Incluir a la mujer en la economía de un país lo vuelve más competitivo y próspero, de acuerdo con el IMCO, pero para lograr que estén en la formalidad es necesario voltear a ver las aristas que señalan las expertas: tener un mejor sistema de cuidados, que los hombres participen en las labores del hogar, que no se queden en la subsistencia, con inclusión financiera, asesoría y mentoría para impulsar el negocio.

Porque cuando ellas generan ingresos tienden a invertirlos en bienes que favorecen a la sociedad: educación, salud y mejor alimentación que impacta en el largo plazo. El llamado es hacia el gobierno, el sector privado, las organizaciones civiles y familias para hacerlas sentir seguras y acompañadas.

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Una red para estar segura

A Paulina Sanjuan su padre y abuela siempre le enseñaron a trabajar para tener su propio dinero. Combinaba sus estudios universitarios con su trabajo en el negocio familiar, un restaurante que ha sido golpeado por el semáforo epidemiológico. “Nunca me ha gustado estirar la mano para pedir dinero, me gusta ganarmelo”, dice.

Ante la situación tomó un curso de nanoplastia, un tratamiento capilar que hidrata y mantiene alaciado el cabello durante seis meses. Ha iniciado sus servicios con su círculo más cercano que han confiado en ella, “se siente mucho miedo salirse de la zona de confort, pero cuando cuentas con una red te ayuda a escalar, que aunque no ves donde pones los pies, ellos te van diciendo por dónde”, explica.

Estas mujeres, de acuerdo con Luz María, generan ruido porque muestran libertad que nos habla de independencia, derechos que históricamente no eran para las mujeres, algo que a la sociedad le cuesta trabajo reconocer. Por lo que es esencial contar con redes que apoyen con recomendaciones, consejos de ventas, una comunidad que da y pide ayuda.

La creación de estas comunidades tienen un impacto psicológico positivo de autonomía y de seguridad con otras, que minimizan a las voces críticas del sistema, explica Saraí, pues al señalarlas nos volvemos las verdugas y cómplices de los opresores. Para Fátima, estas mujeres luchan todos los días contra viento y marea.

Después de que Beatriz no daban dos pesos por ser emprendedora, se convirtió en maestra en una academia donde enseña a otras el camino para salir adelante y que pese a las críticas de conocidos y extraños, hoy puede ver y darle una buena educación a su hijo, mantener una casa y seguir preparándose. “En México cuando te vuelves mamá cargas una lápida enorme que dice que no podrás llegar lejos. Ser inspiración es satisfactorio”.

El mensaje de las ‘nenis’ y mamás luchonas’ es claro para Saraí: estas mujeres son valientes, guerreras y sobrevivientas de un sistema que se empeña en silenciar, matar, oprimir y que no les permite salir.

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