Caso Ariadna Fernanda: familiares y amigas reconstruyen su último día
Ariadna Fernanda tenía 22 años. Foto: René García Maldonado/Facebook.

Las fotografías de sus tatuajes se hicieron virales en redes sociales. Una rodada ciclista se detuvo para tomar agua en la carretera La Pera-Cuautla, un kilómetro antes de llegar a la caseta de Tepoztlán, Morelos y halló su cuerpo. Uno de sus integrantes la retrató para que pudieran identificarla y así fue como familia y amistades encontraron a Ariadna Fernanda López Díaz, una mujer de 27 años de edad.  

“Tenía en el hombro derecho un dinosaurio que, de hecho, se había hecho en una fiesta; del lado izquierdo tenía el nombre de su mamá. En los brazos tenía una cara de Joker y un girasol, era su flor favorita”, dice a La-Lista su amiga Sara Inés Martínez Rico, de 21 años de edad. 

El miércoles 2 de noviembre su familia estaba dispuesta a denunciar formalmente su desaparición pero antes, Valeria Yael Rodríguez Tapia, sobrina materna de Ariadna con 22 años de edad, publicó en Facebook su fotografía para encontrarla. El comentario de una amiga en común con su tía la alertó de que revisara sus mensajes. 

“Yo soy la más cercana a ella de toda la familia, es como mi hermana. Y digo ‘voy a poner el acta’. Pero antes hice una foto de ‘Se busca’ y la compartí en redes. Me llega un comentario a la publicación que yo hice en Facebook y me ponen ‘urge que veas tu inbox’. Entro y era el link del ciclista y luego, luego identifiqué el cuerpo por sus tatuajes”, cuenta Valeria a La Lista. 

Cuando la joven se puso en contacto con el ciclista que había encontrado el cuerpo de su tía, él le pidió una fotografía de la cara de Ariadna para comprobar que era su familiar. Tras enviársela, Valeria relata que él respondió con fotos donde aparentemente se observa que estaba herida y que, por respeto, no compartió en la publicación que se viralizó. 

“Ya no me dio tiempo de denunciar. Ya no tenía caso ir a la Fiscalía de aquí, sino a Tepoztlán porque ella estaba allá”, menciona la estudiante de mercadotecnia en la Universidad de Insurgentes.  

La familia de Ariadna salió de la Ciudad de México a Morelos, donde Pablo, su hermano de 37 años, y su papá, mayor de 60, identificaron su cuerpo y se los entregaron ayer jueves.

“Antes la encontramos, no es la manera en la que yo quisiera tenerla pero está aquí, tengo dónde llorarle”, es el consuelo de Valeria. 

La joven exige justicia a las autoridades, dar con los responsables y saber qué pasó y cómo el cuerpo de Ariadna llegó hasta Tepoztlán, pues ella no sabía manejar, allá no conocía a nadie ni tampoco comentó que iría hacia ese pueblo de Morelos. También desmiente la versión que ha circulado de que su tía salió alcoholizada de un bar. 

“Eso es falso, ella no salió de ningún bar, ella salió de un departamento. Sí, fue a un bar, fue a Fisher’s y de Fisher’s se fue al departamento de uno de sus amigos. Tenemos mil dudas que nadie nos aclara. Lo único que sabemos es que a ella la encuentran allá tirada y ya. Estuvo en ese departamento y no hay más, ¿en todo ese lapso, qué? Exigimos que nos expliquen ¡Y si estaba alcoholizada qué!, ¿qué tipo de amigos te dejan ir sola?”, reclama. 

Este viernes 4 de noviembre, la Fiscalía General de Morelos dio una rueda de prensa pero no explicó el trayecto de Ariadna a Morelos.

“Nosotros no podemos decir hasta este momento de manera responsable que Ariadna haya sido privada de la vida dentro del territorio de Morelos (…) Pudo haber sido en la Ciudad de México, pudo haber sido trasladada por determinadas personas o determinables personas”, dijo en conferencia de prensa Uriel Carmona Gándara, fiscal de Morelos.  

Domingo 30 de octubre, último día que Ariadna fue vista con vida

“Ari”, como la llamaban de cariño, era madre de un niño de 7 años y trabajó como mesera en Sixtie’s Bar, en la colonia Condesa de la Ciudad de México. En la alcaldía Cuauhtémoc estuvo el domingo 30 de octubre, último día que fue vista con vida. 

Acudió al restaurante Fisher’s, de la colonia Roma Norte, con su amigo Rautel Astudillo, de 34 años de edad, Vanessa, novia de él y quien también trabajó como mesera en Sixtie’s Bar, y los escoltas de Rautel. 

“Mi novia fue quien la invitó al bar, ahí empezó todo, por una historia que subió mi novia, prácticamente fue ‘¿dónde están?’ y la invitó”, respondió a medios de comunicación a las afueras de la agencia funeraria Grossman, en la colonia Doctores, minutos antes de las siete de la noche.

Del restaurante que en domingo cierra a las ocho de la noche según su página oficial, Ariadna, Vanessa y Rautel se fueron al departamento de él, en la colonia Roma Sur. De ahí, según declaró, la joven víctima se habría ido sola. 

“Ella se fue solita de ahí. Los mismos invitados que estaban en el Fisher’s fueron a mi casa, de ahí nos fuimos temprano, porque era domingo”, comentó Astudillo, quien se identificó como empresario de logística y aduanas y cliente de Sixtie’s Bar, donde conoció a Ariadna y a su pareja actual. 

Astudillo refirió que el día miércoles 2 de noviembre él y su novia acudieron a rendir sus declaraciones en el estado de Morelos y que este viernes iría otra vez.

“Si hubiera hecho las cosas un poco mejor ella estaría con vida, las cosas serían muy distintas.  Sin embargo, nuestro estado etílico no fue lo mejor”, reconoció. 

Ese domingo Ariadna le envió su ubicación a Sara Inés Martínez Rico, su amiga desde hace aproximadamente seis años, cuando se conocieron por ser hostess de diferentes restaurantes en la calle de Génova, en la Zona Rosa. 

“El domingo Ari salió a tomar, estaba en el Fisher’s de la Roma, me mandó un mensaje de que checara su ubicación. Yo le llamé de regreso para saber si quería que pasara por ella o algo, sin ningún problema, al final de cuentas amigas siempre. No recibí respuesta y después de eso ella subió historias en la casa de un amigo y yo supuse que estaba bien ‘está en su fiesta, por eso no me contesta’”, explica sobre el departamento de Rautel. 

Una amiga con quien Ariadna trabajó y que pide el anonimato por temor a represalias afirma que ella nunca tomaba taxi de la calle, que siempre pedía Uber y mandaba ubicación. No era de las que se iba temprano de las reuniones e incluso se quedaba a dormir. 

Otra amiga asegura haber visto en Instagram las historias de Ariadna en las que aparecían los escoltas de Rautel, él y su novia. Recuerda que la última publicación fue con ella, las dos estaban acostadas en la cama cantando.   

“En la tardecita estaban comiendo y después, 20 minutos antes de las 11:30, había subido esas historias, estaba bien, grabando todo. Ella siempre subía muchísimas historias y por eso sabíamos con quién estaba ese día. Nunca salió de Fisher’s, como dicen, en un taxi. Estaba en casa de ellos, con ellos”, indica a La Lista.

Al velorio de Ariadna también acudió Vanessa, la pareja de Rautel, pero no dio declaraciones a los medios de comunicación.

“Mucha gente de la que está aquí lo conoce. Era cliente frecuente de un restaurante, nosotras trabajábamos ahí en  Sixtie’s, en la Condesa y, de hecho, muchas de las personas que están aquí han salido varias veces con él. Yo le hablé, le pregunté que si sabía algo de ella, me contestó que no”, narra Sara Inés.

¿Cómo era Ariadna Fernanda López Díaz? 

La tarde del jueves, familia, vecinos y amistades de la escuela o el trabajo de Ariadna llegaron con vestimenta negra y girasoles a una capilla de la agencia funeraria Grossman, en la colonia Doctores. Más de una persona cuenta que era su flor favorita y que el color amarillo era su preferido. 

La joven vivía en la colonia Jardín Balbuena con su amiga Alejandra, quien en Facebook ha publicado frases como las siguientes: “Mi amiga no salió de un bar y no tengo miedo. Tu dinero no me va a callar”. Ariadna conoció a “Ale” porque trabajaron juntas como meseras y se fue a rentar con ella cuando quedó huérfana de mamá.

Su madre, Armida, falleció hace cuatro años de cáncer de mama. El hijo que tuvo Ariadna vivía con su papá. Dicen que no hablaba mucho sobre su vida personal a pesar de ser tan expresiva.

Alguna vez quiso ser dentista. También trabajó en un salón de belleza.

Ella iba como clienta al bar donde trabajó para convivir con sus amistades. Tenía varios meses que ya no era empleada de ahí pero era muy querida en ese lugar.

“Era una chica súper alegre, súper amiguera, cero conflictiva, con nadie tenía problemas. Siempre estaba ahí para todas. Era súper versátil, le gustaba tomar, bailar, cantar, era muy extrovertida, muy espontánea, muy auténtica”, cuenta a La Lista otra de sus amigas. 

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