Personaje del mes | Rafael Caro Quintero: el dos veces más buscado

El 15 de julio de 2022 Rafael Caro Quintero fue detenido por segunda vez en la comunidad de San Simón, en Choix, el último municipio del extremo norte de Sinaloa. Sobre su ser pesaba una recompensa de 20 millones de dólares, la mayor ofrecida hasta ahora por la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés). La acusación en su contra cumplía 37 años, por los asesinatos de Enrique “Kiki” Camarena y el piloto aviador Alfredo Zavala Alvear, integrantes de esa agencia

Fue detenido en 1985 y sentenciado a 40 años de cárcel cuatro años más tarde. Los delitos de secuestro, homicidio calificado, siembra, cultivo, cosecha, transportación y tráfico de marihuana y suministro de cocaína y asociación delictuosa daban para más de 100 años en la cárcel, pero recibió la máxima permitida para la legislación vigente en 1989.

A fuerza de recursos jurídicos, consiguió la libertad cuando el Primer Tribunal Colegiado en materia penal de Jalisco le otorgó el amparo directo 180/2011, por formalismos del proceso por el crimen en contra del agente de la DEA y otros.

El “Narco de Narcos” de los 80 del siglo pasado, el “agricultor” que se rio mientras dio una rueda de prensa tras su detención en 1985, el “viejón” que protagonizó la leyenda de que pagaría la deuda externa si lo dejaban “trabajar”, regresó este mes a la cárcel del Altiplano (antes de Almoloya). Su nombre volvió a las primeras planas como en 1985. Solo que ahora tiene 69 años y un padecimiento en la próstata. Sus imágenes ya no reproducen su risa. Ha vuelto a la pugna legal: desde que fue reaprehendido ha ingresado al menos cuatro amparos para evitar lo que el Departamento de Justicia de Estados Unidos pretende con insistencia: su extradición.

La lucha por el crédito de su detención entre los gobiernos de México y Estados Unidos después de nueve años de operativos fallidos, la muerte de 14 marinos a bordo de un Black Hawk a unos kilómetros de donde fue su reaprehensión y las dudas sobre cuánto poder conserva el capo, hacen de Rafael Caro Quintero, el personaje del mes en La-Lista.

Badiraguato, la trampa

Rafael Caro Quintero nació en la comunidad de La Noria, en Badiraguato, Sinaloa, el 24 de octubre de 1952, del matrimonio de Hermelinda Quintero y Emilio Caro Payán. Para entonces, dos generaciones de hombres dedicados al cultivo y trasiego de drogas, se habían forjado en ese pedazo de la Sierra Madre Occidental. En los 30 vieron la primera luz ahí, Pedro Avilés Pérez y Ernesto Fonseca Carrillo “don Neto”, y en los 40, esa misma tierra parió a Ismael “El Mayo Zambada” y Juan José Esparragoza Moreno “El Azul”. Pero en Rafael Caro Quintero iba a empezar otra era.

En las 11 comunidades dispersas en la verde silueta de Badiraguato el más remoto recuerdo es la miseria. Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), los casi 30 mil habitantes viven empobrecidos como vivieron sus padres y sus abuelos. A decir de Jorge Luis Montiel, investigador del fenómeno de la violencia en Sinaloa, en esa tierra, “siempre ha sido difícil evadir la siembra de marihuana como cultura y opción”.

Ahí creció Rafael Caro Quintero, quien a los diez años vio morir a su padre. Como hijo mayor se hizo cargo de sus nueve hermanos y su madre. Las notas que durante tres décadas se han escrito sobre su rastro coinciden en que por lo menos hasta la adolescencia, trabajó en actividades legales. A los 16  se fue a Caborca, Sonora, donde fue agricultor en tierra ajena. Incluso, no se relacionó con su tío Lamberto Quintero, quien era primo hermano de su madre y también nació y creció en Badiraguato. En esa época Lamberto Quintero era renombrado. Tanto que su muerte, el 28 de enero de 1976, le dio pie al corrido escrito por Paulino Vargas y popularizado en la voz de Antonio Aguilar.

Pero pronto, la vida giró. Cuando tenía 18 años y un trabajo como chofer de camiones transportistas, se unió a Pedro Avilés Pérez quien tenía el control de los sembradíos de marihuana en el llamado “triángulo dorado”, la zona donde Chihuahua, Sinaloa y Durango son unos vértices imaginarios. A Caro Quintero se le atribuye un conocimiento refinado de la agricultura lo que habría ayudado a mejorar la producción de Avilés. En 1978 el llamado “León de la Sierra” fue acribillado. Quiso el destino que Rafael Caro Quintero se quedara a cargo.

Con el liderazgo recién heredado, conoció a Ernesto Fonseca  y Juan José Esparragoza. Entonces, surgió la leyenda del narcotráfico moderno. La triada Fonseca-Esparragoza-Caro conformó el llamado cártel de Guadalajara y desarrolló el plantío de marihuana de La Ciénega, Sonora, uno de los más grandes en la historia del narcotráfico mexicano. Al grupo se unieron Manuel Salcido, “El Cochiloco”, y Miguel Ángel Félix Gallardo, quienes también cobraron protagonismo. Rafael Caro Quintero ganó dos apodos: “El Narco de Narcos” y “El Príncipe”.

Pagar la deuda externa

En 1982 el cambio de rumbo económico impulsado por el entonces presidente Miguel de la Madrid hacia la apertura de mercado, pronunció la curva de desempleo. Mientras, la deuda externa era de casi 87 mil millones de dólares. El narcotráfico como opción laboral era un secreto a voces, pero muy lejos del discurso del primer mandatario y de los periódicos.

Caro Quintero era dueño de los ranchos El Búfalo, El Vaquero y Pocitos en la sierra colindante de Chihuahua y Sinaloa. De lo que ocurría en esos escenarios siempre hubo dos versiones. En una, miles de hombres eran empleados por temporadas. “Rafa” era un tipo generoso capaz de regalarle autos de lujo a sus “trabajadores” o becar a sus hijos. En otra, el mismo “Rafa” secuestraba campesinos y los esclavizaba.

Óscar Loza Ochoa, presidente de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos en Sinaloa (CCHS) –cuya fundadora, Norma Corona, fue asesinada en 1990– describe que desde entonces, la figura de Caro Quintero tiene una ambivalencia que ha impedido verlo con claridad.

A ese personaje legendario y con dos apariencias se le atribuyó la aventurada idea de pagar la deuda externa a cambio de que lo dejaran “trabajar” en paz.

Lo cierto es que en noviembre de 1984, un operativo de 450 elementos elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la DEA catearon el rancho El Búfalo. Encontraron 2 mil 500 toneladas de marihuana empaquetada. Ahí estaban 10 mil jornaleros. Algunos fueron detenidos. Otros huyeron por la carretera y los matorrales.

¿Por qué lograron dar con El Búfalo?
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Reunión del presidente Reagan con Ginebra Camarena Salazar en la Oficina Oval el 29 de mayo de 1985. Imagen: Ronald Reagan Library. Creative Commons.

El “Kiki” Camarena, agente de la DEA se había infiltrado y brindado la información suficiente, según informes de la agencia estadounidense. Y este dato generó la fractura en esta biografía. El 7 de febrero de 1985 Camarena fue secuestrado al salir de las oficinas del Consulado de Estados Unidos en Guadalajara, Jalisco. Un mes después –el 5 de marzo– su cuerpo y el del piloto aviador Zavala Alvear fueron encontrados con graves signos de tortura en la carretera al pueblo de La Angostura, en Michoacán. Estados Unidos inició una crisis diplomática con México. El entonces presidente Ronald Reagan exigió a Miguel de la Madrid, su homólogo, que detuviera a los culpables.

En abril de 1985 el narcotráfico ingresó a las primeras planas de los diarios de donde no ha salido hasta ahora. Tenía una estrella principal: Rafael Caro Quintero. Ese hombre que se comía las “s”, lo que identificaba su acento de la sierra sinaloense; de bigote negro, la melena abultada, con el primer año de primaria, fue detenido en la hacienda La California, en Alajuela, Costa Rica, por ser el líder del llamado Cártel de Guadalajara.

Pero a Rafael Caro Quintero no solo lo acusaron de delitos de narcotráfico y asesinato, también del secuestro de Sara Cosío Vidaurri Martínez, hija del secretario de Educación Pública de Jalisco, César Octavio Vidaurri, y sobrina de Guillermo Cosío Vidaurri, entonces secretario general de gobierno del Distrito Federal (hoy CDMX) y quien llegaría a ser gobernador de ese estado en 1989 (fallecido en 2019).

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El amor como error

“¿Quién me entregó?”, le preguntó Rafael Caro Quintero a los elementos antiterroristas y agentes de la DEA en la finca de Costa Rica. Había llegado ahí con Sara Cosío. Ella llamó a su casa, lo que dio la pista para ubicarlos. A los elementos que ingresaron a la propiedad, ella les dijo: “Estoy secuestrada”. Le preguntaron: “¿Quién es él?” Y ella: “Rafael Caro Quintero”. La reacción de él fue decir: “¡Puta!”, narra Carlos Monsiváis en el ensayo “Fuegos de nota roja”, de agosto de 1992, en Nexos.

Investigadores coinciden en que este pasaje es otra ambivalencia en el personaje público de Caro Quintero porque la versión más verosímil es que entre Sara Cosío y Rafael Caro más bien hubo una historia de amor.

En todo caso, el amor. En México, a Caro Quintero se le buscaba también por el secuestro de Sara. Su padre denunció el plagio, según consta en datos de la transformada PGR. Y ella, según varias fuentes, llevó a los cuerpos de élite a su localización.

La conoció en una discoteca de Guadalajara a donde llegó acompañado de hombres que lo protegían. Su relación, a pesar de los años, aún está revuelta en los testimonios de los allegados al caso Caro Quintero y la familia Cosío Vidaurri.

Sara Cosío salió de la escena pública y se desligó de Rafael Caro Quintero cuya vida volvió a ser dirigida por el amor años después, en el penal de Puente Grande. En 2010, conoció a Diana Espinoza Aguilar, quien había sido detenida en 2008, al lado de su expareja sentimental. La vio en la televisión porque la habían coronado reina de belleza de ese centro penitenciario. Se casaron ahí y procrearon un hijo. En 2011, ella obtuvo la libertad. La relación se mantuvo. Diana lo visitó hasta 2013, cuando él logró salir. Acaso, el amor otra vez jugó en contra. En 2016, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos publicó en un comunicado que había ubicado a Diana Espinoza como prestanombres de Caro Quintero. Era el tiempo en que él huía.

Antes de los años de cárcel y mucho antes de que Caro Quintero fuera “el Narco de Narcos”, María Elizabeth Elenes fue su esposa. Sin una vida pública notable, ella también fue ubicada por el gobierno estadounidense como una de sus principales cómplices en 2013. Por ello, le intervinieron sus cuentas.

La historia interminable

Óscar Loza Ochoa, el defensor de derechos humanos en Sinaloa, visitó a Rafael Caro Quintero en El Altiplano (en ese momento, de Almoloya) en 1994. “Yo solo le voy a pedir una cosa. Llévenme a Culiacán”, le dijo.

–¿Por qué? –le preguntó el defensor que en ese momento era muy criticado por defender derechos humanos de narcotraficantes sinaloenses.

–Mis hijos están en la edad en que decidirán. Y necesito estar cerca para que no sigan mi camino.

En 2013, los cuatro hijos que Rafael Caro Quintero procreó con María Elizabeth Elenes –Héctor Rafael (ganador de medallas de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2006 en competencias ecuestres) Roxana Elizabeth, Henoch Emilio y Mario Yibrán– fueron considerados por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos como personas que servían para el presunto lavado de dinero. Pero en 2021, fueron borrados de esa “lista negra”.

Jorge Luis Montiel explica: “No pueden entenderse los motivos de Caro Quintero sin sus hijos, como no pueden entenderse los de ‘El Chapo’ Guzmán sin los suyos, los ‘chapitos’. La detención del padre significa despejar el territorio para los hijos del ‘Chapo’, pero los propios hermanos Caro Elenes han tomado el control. Entonces, esta es otra generación enfrentada”.

En 1994 Caro Quintero no fue llevado a Culiacán, la capital sinaloense, como quería para desviar los pasos de sus hijos de su camino. No había allá ningún penal de máxima seguridad en donde pudiera ser resguardado. En cambio, seis años después, fue trasladado al de Puente Grande, Jalisco. De ahí salió para ser libre y luego volver a huir.

Los esfuerzos de Caro Quintero están concentrados en evitar la extradición que con empeño ha solicitado el gobierno de Estados Unidos. Su nombre de nuevo está en conversaciones en el ámbito diplomático. El pasado 22 de julio, el fiscal general de ese país, Merrick Garland, llamó al canciller mexicano, Marcelo Ebrard, para hablar de esa medida, según informó el Departamento de Justicia estadounidense.

De si la DEA participó en su detención en Choix, ahora –como antes– las versiones se desgranan en torno al personaje de Rafael Caro Quintero. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador sostuvo que la aprehensión la realizaron solo elementos de la Marina, pero The Washington Post publicó el 23 de julio que la agencia reclutó a familiares para ubicarlo. De cualquier forma, la traición y el amor volvieron a aparecer juntos.

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