George Floyd: comienza un juicio histórico
Al combatir el racismo tragedias como la muerte de George Floyd podrían evitarse. Foto: Mark Felix / AFP

AFP.- Por Joy POWELL and Cyril JULIEN. El lunes comienza en el estado de Minnesota el juicio contra el exoficial de policía blanco Derek Chauvin por la muerte del afroestadounidense George Floyd, un hecho que disparó las mayores manifestaciones antirracistas desde los años 1960 en Estados Unidos y que colocó a ambos hombres como símbolos opuestos.

Un gigante gentil

El nombre de Floyd es coreado por manifestantes de todo el mundo y su rostro aparece en murales a lo largo y ancho de Estados Unidos.  Desde su brutal muerte, el 25 de mayo de 2020 en la ciudad de Minneapolis a manos de Chauvin, Floyd representa, más que ningún otro, a las víctimas negras de la violencia policial y el racismo en Estados Unidos. 

“Papá cambió el mundo”. Las palabras de su hija de seis años, Gianna, resumieron la paradoja de su asesinato: la muerte de este hombre de 46 años supuso el comienzo de un ajuste de cuentas moral con los supremacistas blancos que trascendió las fronteras de Estados Unidos. 

La vida de Floyd estuvo marcada por las dificultades pero también por la generosidad.  De alta estatura (1,93 metros) y fuerte complexión era conocido por amigos y familiares como un “gigante gentil”, un rapero y atleta que tenía problemas de adicción pero que quería lo mejor para sus hijos. 

Su madre se mudó a Houston poco después de que él naciera en 1973 en Carolina del Norte y creció en Third Ward, un vecindario pobre y predominantemente afroamericano del centro de Houston.  “No teníamos mucho, pero siempre nos teníamos el uno al otro”, dijo su primo Shareeduh Tate. 

En la Jake Yates High School, hizo de hermano mayor de muchos de los chicos de la zona. “Nos enseñaba a ser hombres”, dijo su hermano menor, Philonise.

Floyd se destacó en los campos de fútbol americano y en el baloncesto, deporte que practicó cuando fue a la universidad, a la que luego debió abandonar para regresar a Houston a ayudar a su familia.

En la década de 1990, se lanzó al circuito de hip-hop de Houston bajo el nombre de “Big Floyd” con cierto éxito, pero no pudo escapar de la violencia de la escena clandestina de la ciudad y fue arrestado varias veces por robos y tráfico de drogas. 

En 2014 se mudó a Minneapolis para buscar un “cambio de escenario” y mantener a su pareja y a su hija recién nacida Gianna. 

Trabajó como camionero para el Ejército de Salvación y luego como portero en un bar, un empleo que perdió cuando los restaurantes de la ciudad cerraron debido a la pandemia.  El 25 de mayo, Floyd compró un paquete de cigarrillos en una tienda de Minneapolis. El comerciante sospechó que el billete de 20 dólares con el que le pagó era falso y llamó a la policía. 

Floyd, que había tomado fentanilo, un poderoso opiáceo, se resistió a su arresto. No recurrió a la violencia, pero pronto se encontró esposado e inmovilizado por Chauvin. 

“No puedo respirar”, fueron sus últimas palabras.

Un duro

Descrito por sus colegas como un hombre rígido y silencioso, Derek Chauvin tenía un historial de uso excesivo de la fuerza mucho antes de que matara a Floyd. 

Pero su abogado Eric Nelson dirá ante el jurado que cuando su cliente detuvo al afroestadounidense actuó de manera calma y en consonancia con lo que le habían enseñado en la policía. Floyd, además, había resistido a su detención y estaba drogado, señalará Nelson.

La fiscalía, en cambio, evocará varios casos en los que el exoficial fue acusado de uso excesivo de la fuerza, incluido el de Zoya Code, una joven negra a la que Chauvin detuvo en 2017.

“A pesar de que la mujer no se resistió físicamente de ninguna manera, Chauvin se arrodilló sobre su cuerpo, usando su peso para inmovilizarla contra el suelo”, argumentará la fiscalía. 

“No hay forma de que no pudiera saber qué tipo de daño estaba causando”, comentó Andre Balian, un instructor de kung fu que entrenó a Chauvin hace unos 20 años.  En una entrevista con la AFP en junio pasado, Balian recordó a Chauvin como un “idiota”. 

Desde que ocurrió la tragedia, se han filtrado pocos detalles sobre Chauvin, pero excolegas lo han presentado como un hombre adicto al trabajo, silencioso, rígido, que a menudo patrullaba los barrios más difíciles de la ciudad.

Su compromiso con el trabajo le valió cuatro medallas a lo largo de su carrera, pero también acumuló 22 denuncias e investigaciones internas, según un registro público del que se borraron todos los detalles. 

Chauvin trabajó durante mucho tiempo como guardia de seguridad en un club nocturno, donde también destacó por sus métodos de mano dura.

Casualmente, George Floyd trabajó como portero en el mismo establecimiento, pero no parece que alguna vez hubieran coincidido en el lugar.  En 2010 el exoficial se casó con una refugiada de origen laosiano, pero al poco tiempo se divorciaron y la pareja fue demandada por fraude fiscal. 

Mientras esperaba el juicio, el hombre que para muchos encarna la violencia policial en Estados Unidos fue puesto en libertad bajo fianza de un millón de dólares. 

La justicia le permitió establecerse fuera de Minnesota por razones de seguridad, en un lugar que se ha mantenido en secreto.