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Por qué las ciudades vacías por el Covid son perfectas para los flâneurs modernos

Copiar el modelo del caminante inquisitivo de Baudelaire puede ayudarnos a escapar del confinamiento, aunque tal vez necesita una pequeña actualización.

Marble Arch y Oxford Street, en el centro de Londres, el 16 de abril de 2020. Fotografía: Barry Lewis / Getty Images

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Charles Baudelaire, cuyo cumpleaños 200 el 9 de abril se celebrará con timbres postales, nuevas ediciones de su poesía y eventos virtuales, es probablemente más famoso por su concepto de flâneur, una persona que deambula sin rumbo por las calles, que por sus obras. Eso se debe, en parte, a que leer sus volúmenes de Las flores del mal o El spleen de París requiere un gran esfuerzo, pero también porque la idea de un individuo moviéndose por las calles en busca de un placer estético que se encuentra solo en las multitudes, nos atrae e, incluso ahora, resuena con nosotros. Al menos lo hacía hasta la primavera de 2020, cuando nos indicaron que debíamos quedarnos en casa.

Pero inclusive en una ciudad fantasma, es posible pensar y caminar como un flâneur. Rainer Hanshe ha traducido al inglés varios libros de Baudelaire, incluyendo Pobre Bélgica, sobre la visita del autor francés a Bruselas justo antes de que azotara la epidemia de cólera. Señala: “El flâneur es una figura que, inmersa en las multitudes urbanas, está simultáneamente separada de ellas. Aunque estén más vacías que lo contrario, nuestras calles continúan pobladas hasta cierto grado, y nosotros podemos interactuar con la forma de comunicación a la que Baudelaire se refiere como intoxicación misteriosa”.

Esto involucra intentar meterse en las cabezas de otros, un acto de empatía extática que “puebla” la imaginación del caminante solitario. Es una idea radical que concibe a la mente como una esponja o, tal vez, como un canal de redes sociales. La frase más memorable de Baudelaire para el flâneur fue “un caleidoscopio dotado de conciencia”.

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Algunas de sus ideas necesitan actualizarse. El flâneur podría ser “un príncipe que disfruta su anonimato a donde quiera que vaya”, pero ¿qué pasa con la princesa? La profesora Janet Wolff de la Universidad de Manchester ha escrito sobre la “flâneuse invisible”, de la ausencia de las mujeres “respetables” de las arenas públicas en las ciudades modernas. En su libro de 2016, Flâneuse: Women Walk the City, Lauren Elkin hace un llamado a las mujeres para tomar las calles, siguiendo el ejemplo de caminadoras radicalmente reflexivas como Virginia Woolf, Jean Rhys y Rebecca Solnit.

El filósofo alemán Walter Benjamin expandió las ideas de Baudelaire sobre el flâneur, y añadió al mito de París como la metrópolis moderna arquetípica. Algunas de las evocaciones poéticas sobre Londres de TS Eliot nacieron de sus lecturas a Baudelaire.

Pero uno puede vagar y rumiar igual en Cardiff, Dundee, Liverpool o Belfast. Conforme se esparce la cultura de los consumidores urbanos, en la forma de camionetas de mensajería, bicis de Deliveroo, cafeterías “artesanales”, e ideas similares, es posible convertirse en un flâneur (también está el verbo flâner, vagar) en ciudades pequeñas, pueblos y zonas rurales.

Pero hacerlo requiere disciplina. Aquí están 10 sugerencias baudelerianas para explicar las ciudades fantasma.

Lee la ciudad

En su poema Le Soleil, Baudelaire escribe “Tropezando en las sílabas, como en el empedrado”. Suena pretencioso decir que debemos tratar a la ciudad como un texto, pero no si pensamos sobre los nombres de las calles, las especies de árboles y los colores de los ladrillos, y las placas olvidadas de los sitios históricos. La placa del patíbulo de Tyburn en Marble Arch está cerca de un sitio muy transitado, pero pocos se detienen a estudiarla. Incluso los monumentos más famosos pueden verse de ángulos distintos. Baudelaire escribió sobre las estatuas de mármol como si estuvieran vivas. ¿Qué emociones despiertan en ti? ¿Quién pasó por ahí antes que tú?

Sin horas pico, no hay prisa

Para algunos traductores, “vago” es el mejor equivalente de flâneur. Las caminatas se disfrutan mejor despacio, soñando despiertos. “El dandy no hace nada”, escribió Baudelaire. La ciudad, azotada por la pandemia, en su permanente estado dominical, es ideal para merodear receptivamente. Aprovecha mientras dura.

La caminata nocturna

El noctambulismo es una persecución mágica, pues cambiamos el dormir y los sueños ordinarios (o los más alocados que todos hemos tenido durante el confinamiento) por el paisaje onírico de la ciudad. La luz artificial, la ausencia de otros, los zorros acechantes y el misterio de las sombras que disfraza los sitios familiares como extraños y especiales. Ver lo cotidiano como algo nuevo es el objetivo final del flânerie.

Apaga los dispositivos

Si algo mata el arte del flânerie es el smartphone; aún peores son las apps que cuentan tus pasos. ¿Por qué mirar abajo cuando puedes mirar arriba y al frente? Si quieres una banda sonora para tu caminata, visita el Baudelaire Song Project de la Universidad de Birmingham y elige una chanson lenta.

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Window shopping

Las magníficas arcadas de hierro y vidrio de París inspiraron a Walter Benjamin, quien estaba fascinado con las pobladas magasines, los “templos” del capitalismo. El “window-shopping” aún no está prohibido, y aún puedes leer los letreros, las promesas, los edificios, las modas. Estamos atestiguando el gradual abandono de las arcadas; Benjamin estaría encantado. Hasta el Liverpool One, inaugurado en 2008, de repente parece viejo y semiredundante.

Siéntate a descansar

¿Las cafeterías y los pubs están cerrados? Siempre hay bancas y escalones, parques y plazas, además de pórticos para pasar el rato. No hay nada vergonzoso sobre sentarse. En su apantallantemente erudito libro, The Walker: On Finding and Losing Yourself in the Modern City, Matthew Beaumont argumenta convincentemente que la convalecencia (el estado entre la salud y la enfermedad) es el modo perfecto para el descubrir, pues nos hace prestos y sensitivos pero también desconectados. Si te estás recuperando del coronavirus, probablemente estás convaleciente. Conforme se repliegue el Covid-19, nuestras ciudades también estarán convalecientes.

Ponte surreal (o borracho)

El filósofo Guy Debord, quien describió el caminar como una dérivé (deriva), fue influenciado por los surrealistas, quienes usaron el azar y los juegos para desarrollar nuevas ideas y perspectivas. Uno de los amigos de Debord caminó a través de una región alemana siguiendo un mapa de Londres. ¿Por qué no caminar por un Manchester vació con un mapa recortado y rearmado aleatoriamente? En su libro de 1989 Panegyric, Debord recuenta su paseo alrededor de las ciudades más grandes de Europa probando diferentes bebidas alcohólicas, incluyendo, incluyendo pintas mezcladas (mitad suave, mitad amargo) en Inglaterra. ¿Qué tal una moderna ánfora de absenta en Aberdeen? En 1955, Debord desarrolló la idea de la psicogeografía, que más tarde recuperaron Iain Sinclair, Will Self y otros.

Reinventa la ciudad

El París de Baudelaire y Benjamin no existe desde hace mucho. Un flâneur contemporáneo tiene que lidiar con el tráfico, el exceso de turismo, las selfies “en el café favorito de Sartre” y los espacios desalmados como La Défense. El vaciado de nuestras ciudades, y su reinvención postpandemia ofrece una oportunidad de comenzar el mejoramiento de los precios hiperinflados de la vivienda, el falocentrismo del vidrio y el acero, las plazas pseudopúblicas y el consumismo descontrolado de las metrópolis de finales del Siglo XX. ¿Estaremos caminando hacia un mejor futuro? El proyecto de un enorme espacio verde en Stockton-on-Tees, que reemplazará a los negocios callejeros y le otorga a los residentes un maravilloso espacio del “campo en la ciudad” cuando abra en 2025, recuerda a los parques urbanos de la época victoriana.

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Examina la basura

Baudelaire escribe sobre los chiffoniers y pepenadores, los protorecicladores marginados de una ciudad que los ignora y les da la espalda. Benjamin desarrolló esto en el concepto del “poeta como trapero”. Estos flâneurs pueden construir sus collages mentales del desastre, el caos, la fealdad y las cosas sucias y desechadas de la ciudad. Los basureros y las tuberías nos pueden decir más que los museos. Los trabajadores esenciales (incluyendo a los recolectores de basura) ven mejor a la ciudad “real” que la mayoría. Las ciudades del Reino Unido tienen algunos de los paisajes postindustriales más grandes e históricos del mundo, y la mayoría de ellos están lejos de los sitios más populares y los “centros históricos”.

Toma nota y haz dibujos

Baudelaire no fue el primer (o último) escritor-filósofo caminante. Tomó algunas ideas de Edgar Allan Poe, y una variedad de autores que incluye a Charles Dickens, Marcel Proust, George Sand, James Joyce, Jorge Luis Borges, Franz Hessel, Ralph Ellison y Edmund White ha contribuido a la tradición. El flâneur aparece en las obras de muchos pintores, incluyendo a Degas y Manet (y Edward Hopper pintaba como uno), y puede verse en el trabajo de cineastas como Agnès Varda y Patrick Keiller. Muchos de los mejores textos de viajes se benefician de una mirada inquisitiva, un intelecto incansable y cierto grado de distancia (como The European Tribe de Carl Phillips). La ciudad vacía espera a que la llenen de nuevas palabras.

The Guardian
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