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Las ciudades pueden liderar una revolución verde después del Covid. En Barcelona, les enseñamos cómo

El plan de “supermanzanas” transformará la cuadrícula central de la ciudad en una zona verde y casi libre de autos.

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Foto: Mario Cuadros / Pexels.

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Por Ada Colau*

La pandemia dejará atrás a un mundo muy diferente que el de hace un año. Miles han muerto, las ciudades han llegado al límite, los servicios de bienestar se han agitado. En los próximos años, el reto mayor para todos los líderes públicos será trazar un camino de recuperación a través de las devastantes marcas humanas, sociales y económicas que el Covid-19 dejó en nuestras sociedades.

En lugar de redoblar en el mundo frágil de la era prepandémica, debemos tomar ventaja de este momento para construir uno que sea más justo, balanceado y sostenible.

Las ciudades jugarán un papel clave en este proceso. Barcelona y su área metropolitana quiere liderar la respuesta a una de las situaciones más duras que la humanidad ha enfrentado en los tiempos modernos. Lograr esto significa abordar dos retos relacionados. Tenemos que continuar con la lucha contra la crisis climática, impulsada por el Pacto Verde Europeo. Tenemos que ayudar a la economía post Covid con tecnologías verdes e industrias y transportes sustentables.

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Aunque estos son problemas globales, el cambio puede empezar en centros urbanos. Las ciudades pueden jugar un papel de pivote en la transición del uso de energía de combustibles fósiles. Pueden adaptar modos de transporte que no contaminen y construir espacios públicos que absorban dióxido de carbono y liberen oxígeno.

Barcelona está comprometida con estos objetivos. En la siguiente década, nuestro plan de “supermanzanas” transformará la cuadrícula central de la ciudad en una zona más verde, amigable con los peatones y casi libre de autos. Extenderemos este modelo a todo el distrito Eixample, el cual diseñó el planeador urbano Ildefons Cerdà que visualizó una extensión modernista, integrada a Barcelona basada alrededor de un sistema de cuadrícula, con nuevos espacios públicos para movilidad y recreación.

La crisis de Covid-19 nos recuerda la importancia de los avances científicos. El progreso en áreas como las vacunas y las pruebas nos dará la ruta de salida de esta pandemia. Las ciudades pueden jugar un papel para favorecer la ciencia, tecnología e industrias digitales, algo que Barcelona ha hecho por años, a través de políticas públicas enfocadas a la atracción de talento y construcción de infraestructuras nuevas.

Nuestra ciudad es la casa de la supercomputadora europea MareNostrum 5, por ejemplo. La construyó el Barcelona Supercomputing Center. Este nuevo tipo de computadora puede usarse en áreas como la investigación del genoma humano, el diseño de nuevos fármacos y pronóstico del clima. Como alcaldesa de Barcelona, estoy revisando la propuesta que el gobierno español hizo para que Barcelona sea la sede del European Centre for Medium-Range Weather Forecasts, una institución importante cuyas habilidades de pronóstico y experiencia ambiental son clave para combatir el desastre climático.

Nuestro objetivo es convertirnos en la capital científica y cultural del Mediterráneo, para llevar a Europa a una economía verde y circular. Podemos hacer esto con el espíritu innovador, valiente e ingenioso que caracteriza a nuestra ciudad, trabajamos para mejorar la calidad de vida de nuestros vecinos, y nos aseguramos que nuestra sociedad postpandemia no deje a nadie atrás.

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Aunque otras ciudades puedan ser líderes en estos asuntos, está claro que no pueden, y no deben, hacer esto solas. Los diferentes niveles de gobierno deberían trabajar juntos con actores públicos y privados si queremos tener éxito en la batalla contra la crisis climática y en la construcción de una recuperación económica verde y equitativa. Estos son retos globales, y necesitarán soluciones internacionales. Pero las ciudades son un buen lugar para comenzar.

*Ada Colau es la alcaldesa de Barcelona

Traducido por Andrés González.

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