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Covid-19: el caos político y la pobreza dejan a Sudamérica a merced del coronavirus

La predicción del presidente Jair Bolsonaro de que el final de la crisis se acercaba fue un error en Brasil y en muchos de sus vecinos.

Foto: Silvio Avila/ AFP.

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Sudamérica produjo durante el año pasado algunos de los episodios más aterradores de la pandemia, con fosas comunes en el Amazonas de Brasil y cuerpos esparcidos en el pavimento de la ciudad ecuatoriana de Guayaquil. Pero a finales de 2020, había esperanzas de que con la llegada de las vacunas, lo peor se quedaba atrás. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, incluso aseguró que la crisis entró a la “última etapa” en diciembre.

Tales predicciones resultaron grotescamente equivocadas. Las cifras de muertos en Brasil crecieron más del doble hasta superar las 400,000 personas, después de que una explosión en los contagios ocasionó el catastrófico colapso de los servicios de salud. Al menos 100,000 brasileños han fallecido en los últimos 36 días y se prevé que otros 100,000 pierdan la vida antes de julio.

Muchos de los vecinos de Brasil también están en graves condiciones, incluyendo a Uruguay, que en algún momento se consideró la historia de éxito de la región, pero en abril sufrió su peor mes. El jueves, Argentina, Paraguay y Colombia registraron sus estadísticas de muertes diarias más altas, con 561, 505 y 106 fatalidades respectivamente. El alcalde de Bogotá, la capital de Colombia, exhortó a los residentes a quedarse en casa, advirtiendo que se enfrentan a “las dos semanas más difíciles, no solo de la pandemia, sino de nuestras vidas”. La situación en la autoritaria Venezuela es más difícil de comprender, pero también parece empeorar.

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La semana pasada, Sudamérica, donde vive el 5.5% de la población mundial, sufrió casi el 32% de las muertes por Covid. “Lo que sucede es una catástrofe”, admitió Carla Vizzotti, ministra de salud de Argentina, mientras las restricciones por el coronavirus en su país se extendían hasta finales de mayo.

Los expertos de salud pública dicen que la agonía de Sudamérica, en parte, es el resultado de problemas estructurales de muchos años, incluyendo las carencias de los sistemas de salud y la pobreza. Ha sido imposible ejercer políticas de cuarentena efectivas en una región donde entre el 30% y el 60% de los trabajadores se desempeñan en el sector informal.

“Las personas necesitan comer”, dijo Michel Castro, un residente de 31 años de la favela Chatuba en Río de Janeiro, quien estuvo cerca de morir por Covid, pero que comprende por qué sus vecinos siguen yendo a trabajar. Castro se quejó de los pagos de emergencia que el gobierno le ofrece a las familias en dificultades. “Es nada. Es como querer quitar la sed con una sola jeringa”, dijo.

El caos político también ha sido crucial para la propagación del virus. El sabotaje de Bolsonaro del distanciamiento social le dio notoriedad internacional y lo convirtió en el foco de una investigación parlamentaria nacional que comenzó la semana pasada. La agitación en Perú, donde han tenido tres presidentes distintos desde el inicio de la pandemia y se encuentran a punto de elegir a un cuarto, también ha socavado los esfuerzos para controlar un brote que ha matado por lo menos a 61,000 personas.

Pero muchos especialistas sospechan que el actual colapso de Sudamérica se debe en gran parte a la variante P1 que es más contagiosa y emergió a finales del año pasado en la ciudad brasileña de Manaos, y que ha pasado el 2021 esparciéndose por todo el continente, desde Lima hasta Buenos Aires.

Manaos tenía que haberse cerrado: puertos, aeropuertos y carreteras. Eso no sucedió”, dijo Jesem Orrelana, epidemiólogo local que cree que el fracaso de Brasil para contener la variante es culpable de la situación actual de Sudamérica.

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Orrelana dijo que la P1 se aprovechó del cansancio general en Sudamérica por la aparentemente interminable pandemia, pues muchas personas resumieron sus vidas normales a pesar del crecimiento en infecciones y muertes.

La vacunación de los adultos mayores ofreció un poco de esperanza de que las futuras oleadas sean menos mortales, pero incluso eso no está asegurado si aparecen nuevas variantes. “No puedes subestimar al coronavirus”, advirtió Orrelana. “Si fue capaz de hacerlo en 2021, también lo será en 2022”.

The Guardian
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