Opinión invitada
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Varios medios, periodistas, comunicadores, empresarios, organizaciones de la sociedad civil y líderes de opinión que solían ser muy vocales, abiertos en sus críticas al poder y a los distintos gobiernos, han permanecido callados. Sentir miedo es normal, volverse presa del miedo es una decisión.
Ningún orador exitoso es improvisado: siempre hay un método y un orden para transmitir un mensaje.
Por más posgrados elegantes que estudiemos, si no se nos quita la ignorancia respecto a cuestiones básicas de ciencia, conocimiento y ética, estas cosas van a seguir pasando. No debemos permitirlo.
El desabasto es solo la punta del iceberg. La dispensación de medicamentos en México ya dio lo que debía. Es arcaica. Pertenece a la mitad del siglo pasado.
Calostro y leche tatuaron lo más agudo e insondable de nuestras mentes, como un círculo iridiscente que muchas nunca veremos, pero permanecerá como espíritu del pensamiento: una perla blanquísima, prístina y brillante ilumina la esencia de nuestro ser en este mundo.
Cada que cruza la línea y golpea verbalmente a sus críticos, López Obrador se asemeja más de lo que él piensa a Fox, Calderón o Peña Nieto.
Nos encontramos frente al acto escénico en su más pura expresión y es de celebrarse que suceda en 2022, en una época en que las certezas se desdibujan y surge la oportunidad de repensarse.
Las cicatrices de Aristegui son también la muestra en carne viva de la construcción de una trayectoria en una profesión que nos mantiene bajo ataque.
Si la información no gusta a quien gobierna, en este caso a López Obrador, eso no es negociable ni en este ni en ningún sexenio.
Quiero compartir cuatro puntos que, desde mi perspectiva, se requieren para fortalecer las políticas públicas en nuestro país entorno a esta enfermedad que causa incertidumbre, miedos, enojos, pero también nos hace despertar la esperanza.
Creer que las palabras ‘eficiencia’, ‘productividad’, ‘sociedad del conocimiento’, ‘calidad educativa’ y ‘competencia’ no sirven, por no cumplir con fines políticos específicos, resulta realmente preocupante.
Queremos que más niñas y niños ganen la batalla, sean personas resilientes y tengan una vida plena y feliz. ¡Queremos que luchen hasta el final y nunca se rindan!