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Ciudad de México

Las muertes por Covid se multiplican en México y AMLO recibe críticas por la falta de acción

Al empeorar la crisis, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador apenas ha cambiado sus restricciones mínimas.

En diciembre, México supera 120,000 muertos por Covid y duplica "escenario catastrófico". Foto: EFE

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Elisabeth Malkin/The Guardian

Cuando Rufino Pacheco llegó al hospital, jadeaba y apenas podía sostenerse, un doctor entregó unos papeles a su hijastra para que autorizara conectarlo al respirador. Pero el hombre protestó.

Menos de 12 horas después Pacheco murió conectado a un tanque de oxígeno en su habitación, y su esposa gritó: “No me dejes viejo”. Días después ella enfermó de Covid-19 y su hijo adulto también.

“Había mucha tensión y preocupación”, cuenta Consuelo Vázquez de los días en que cuidó a su madre y a su hermano poco después de que falleciera el hombre al que quería como padre. “Pensábamos que íbamos a pasar por lo mismo”. Los dos necesitaron oxígeno en algunos momentos y sólo hasta que se recuperaron pudieron hacer su duelo por Pacheco.

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Pacheco no hizo prueba Covid y lo incineraron rápidamente cuando murió el 24 de noviembre en el municipio proletario de Ecatepec por lo que tal vez no llegue a considerarse nunca una de las víctimas de Covid que están aumentando en todas partes en México, especialmente en la capital y en los suburbios, en el peor brote desde el pico del verano.

Desde hace semanas, los funcionarios del gobierno han pedido a los mexicanos que permanezcan en casa. Incluso el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien en declaraciones públicas pocas veces ha reconocido la gravedad de la pandemia en México, comenzó diciembre pidiendo a los mexicanos pasar de largo las fiestas navideñas que van de diciembre a enero. Pero se rehusó a imponer restricciones porque según declaró, los mexicanos son “responsables, bien portados y conscientes”.

El toque suave del presidente pone en evidencia lo que ha sido la contradicción esencial de su gobierno para enfrentarse al coronavirus. Cuando se dejan abiertos los bares, los cines y los centros comerciales no queda claro que la gente sólo tiene que salir para las actividades más esenciales.

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También ha dicho que muchos mexicanos no pueden dejar de trabajar. En lugar de ayudar a la gente para que se quede en casa, el presidente de izquierda insiste en mantener la austeridad que ha prevalecido en sus dos años de gobierno. Su gobierno propuso programas de estímulos de los más modesto para ayudar a los millones de nuevos desempleados.

El resultado ha sido devastador. Casi 120 mil mexicanos han muerto de Covid-19, pero los expertos en salud de la UNAM calculan que la cifra va de dos a cuatro veces más. Tan sólo la cifra oficial hace que México sea uno de los países con el mayor índice de mortandad de esta pandemia con base en el número de habitantes..

El gobierno no ha cambiado su estrategia, ni cuando los casos y las muertes empezaron a aumentar en noviembre. 

Finalmente, los funcionarios tuvieron que aceptar la realidad y el sábado cerraron la mayoría de las actividades no esenciales de la Ciudad de México y del Estado de México, que alberga los suburbios de las clases trabajadoras que se encuentran entre las zonas más golpeadas por el coronavirus.

El doctor Hugo López-Gatell, subsecretario de salud encargado de las estrategias del gobierno, admitió que por el momentum de la epidemia se tenían que tomar “medidas extraordinarias”.

Los médicos y las enfermeras que están en primera línea saben desde hace semanas que el cuadro es desolador.

“El fracaso para evitar el contagio realmente nos pegó con esta segunda ola”, dice la doctora Belén Jacinto, especialista en cuidados críticos del hospital general de La Raza en la Ciudad de México.

Por donde quiera que mira hay escasez. Sólo hay un doctor de cuidados críticos en cada turno para atender a 15 pacientes en su unidad de cuidados intensivos, a los que asisten doctores de otras especialidades.

No hay suficientes personas para acomodar sobre el estómago a los pacientes con ventilador como recomienda el protocolo y monitorearlos para que los tubos permanezcan en su lugar.

 

“Le dije a mis jefes que los pacientes intubados casi están condenados a morir”, dice. “¿Qué servicio les estamos dando?”

El gobierno ya contrató nuevos doctores, compró ventiladores y aumentó el número de camas de cuidados intensivos desde que comenzó la pandemia. Pero eso no es suficiente. “La capacidad no puede aumentarse de un día a otro”, dice el doctor Alejandro Macías, quien manejó la respuesta del gobierno a la epidemia de la fiebre porcina en 2009. “Todas estas camas adicionales no ayudan necesariamente a mejorar el panorama”.

Los críticos del gobierno populista de López Obrador consideran que desde un principio se manejó mal la pandemia. “El gobierno mexicano declaró que hacer pruebas era un desperdicio de recursos”, dice el doctor Julio Frenk, exsecretario de salud que actualmente es presidente de la Universidad de Miami. México tiene uno de los índices de pruebas más bajos del mundo.

“La estrategia era tener suficientes camas”, dice. “El objetivo tenía que haber sido controlar la transmisión”.

Parte de la responsabilidad del fracaso de las pruebas recae en los estados”, dice Macías, fracasaron al no aumentar las pruebas. La excepción está en Ciudad de México, en donde la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum ofreció pruebas gratuitas.

El doctor Samuel Ponce de León, quien coordina la respuesta del grupo de la UNAM, dice que el intento del gobierno de buscar un equilibrio entre el permitir que la gente asista al trabajo y erradicar el contagio fracasó. “Más de la mitad de la población pertenece a la economía informal”, dice. “Tienen que transportarse e ir a trabajar para tener dinero para comer al día siguiente”.

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Ante estos hechos, dice, la incoherencia del gobierno para comunicar medidas básicas para protegerse del coronavirus, empezando con la negativa de López Obrador de poner el ejemplo usando una mascarilla, fue difícil de entender.

“El distanciamiento social es un sueño imposible”, dice Ponce de León al referirse al transporte público de la Ciudad de México. “Pero el daño puede minimizarse con mascarillas e higiene”.

La insistencia de López Obrador de mantener las medidas de austeridad durante toda la pandemia también han sorprendido a muchos.

El Fondo Monetario Internacional, que no aprueba los gastos públicos en exceso, hizo un llamado al gobierno de izquierdas de México para aumentar su apoyo para las familias y para los negocios que se han visto devastados por la fuerte recesión que provocó la pandemia.

México presupuestó sólo 0.7% adicional del PIB para salud y gasto social para enfrentar la pandemia. El fondo dice que México debería incrementar el gasto de 2.5% a 3.5% del PIB, y hacer que el cuidado de la salud sea prioritario.

Durante décadas, México ha gastado poco en salud, menos que economías similares como Colombia y Brasil. Muchos esperaban que López Obrador pudiera cambiar esto cuando llegara al poder porque prometió que ayudar a los pobres sería el objetivo de su gobierno.

Pero el “Covid nos pegó en un muy mal momento”, dice Mariana Campos, experta de gasto público de México Evalúa, un grupo de especialistas. López Obrador redujo en 2019 el presupuesto para salud, el tercer año consecutivo que se recorta el gasto en este sector. “Tenemos los problemas estructurales de siempre, y han empeorado desde 2017”.

El ajetreo de la ciudad empieza a silenciarse y el gobierno espera la llegada de las primeras vacunas, y Macías dice que el país apenas va a la mitad de la batalla.

“Si esto fuera un partido de futbol, estaríamos en el minuto 45”, dice. Los virus se dispersan más rápido en invierno y “puedo hacer un pronóstico de muchos más pacientes”, dijo.

Traducido por Andrés González

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The Guardian

 

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