Aldo Flores-Quiroga
¿Vamos rumbo a la desglobalización, la globalización 4.0, la ‘slowbolization’, la ‘glocalización’, una nueva regionalización basada en áreas de influencia de grandes potencias? Apostaría a lo último.
Todo debe cambiar para que todo siga igual, dice la muy conocida frase del Gatopardo. Vamos rumbo a un futuro en el que la transición energética deberá cambiar para que siga igual.
Hay algo que no cambia, sin importar lo novedoso de la circunstancia: “nada alivia el alto precio del petróleo como el alto precio del petróleo”.
Al parecer, la visible e inmediata catástrofe de la guerra podrá más que la invisible y pausada catástrofe del cambio climático para impulsar a las energías renovables.
Las placas tectónicas de la geopolítica han entrado en colisión. Seremos testigos del nacimiento de un nuevo orden internacional y de una transformación de las estrategias energéticas internacionales.
Son tiempos de transición energética, económica, política y geopolítica. Los mercados energéticos dan fe de la enorme dificultad para navegarlos.
Acertar a adivinar el futuro es como vivir bajo la condena de Tántalo: el fruto se aleja cada vez que extendemos el brazo para arrancarlo del árbol.
Las empresas del sector energético podrían seguir desplegando recursos y talento aun cuando las comisiones autónomas dejaran de serlo, siempre que el ejercicio de la política propicie reglas de inversión consistentes y creíbles para el largo plazo.
¿Qué sabemos entonces con base en los datos y cómo podemos emplearlo para evaluar el debate sobre la reforma eléctrica en México?