Carlos Celis

Miércoles 11 de marzo de 2026

Carlos Celis

La película de Luis Estrada, ¡Que viva México!, es un ejemplo de publicidad engañosa, pero sobre todo es desleal con su público.
Ahora resulta que una de las películas más importantes de 2022 no encontró espacio en salas de exhibición.
Eso es lo que sucede con la cultura del más chingón. No se trata de reconocer el mérito ni el éxito.
Este tipo de películas se han convertido en una tendencia que solo sirve para justificar nuestras debilidades, errores y omisiones.
Privilegio es privilegio, tampoco es código para referirse a otra cosa.
El cine mexicano es mucho más potente cuando va ligado a nuestro contexto social y está cargado de realismo.
Existe un vacío legal con respecto a los derechos que los robots podrían adquirir al asignarles una personalidad jurídica.
Quien crea tener la verdad absoluta debe recordar que ya nada es lo mismo desde la era de la posverdad.
Las películas que están llegando a nuestras pantallas funcionan como artefactos que siguen impulsando la reactivación económica.
A ninguna otra serie se le puede exigir congruencia con su mensaje tanto como a esta.