Opinión
Hay casi 25 mil mujeres desaparecidas en México, la mayoría de entre 10 y 20 años de edad, muy probablemente víctimas de feminicidios y trata para explotación.
Resulta indispensable que cuando se diseñen los muy distintos aspectos de la vida cotidiana y las políticas públicas mismas existan mujeres en la obtención de información, opinión y toma de decisiones.
Antes que madres somos mujeres y como mujeres tenemos el derecho de vivir a plenitud. Seamos y procuremos una realidad distinta. Ni valgo más por ser madre, ni por ende valgo menos.
Este día se ha vuelto una fecha en la que la gente suele felicitar a las mujeres, pero al hacerlo se llega a opacar el verdadero significado de lo que representa.
La transparencia en los intereses de las personas legisladoras es un problema global, y hay tres vías para regularla.
Con ellas, las presentes y las que no pueden acompañarnos, nos manifestamos cada 8 de marzo, uno de los días en que recordamos que nosotras somos cada una ellas.
No hay barda lo suficientemente alta ni discurso lo suficientemente victimario que vaya a callar las voces de cientos de miles de mujeres, unidas para poner el foco de atención en todas nuestras problemáticas.
Estas marchas feministas son un grito desesperado por todas las mujeres que ya no están con nosotros porque no se pudieron defender.
Al parecer, la visible e inmediata catástrofe de la guerra podrá más que la invisible y pausada catástrofe del cambio climático para impulsar a las energías renovables.
Sería muy ilusorio pensar que en México se han resuelto los problemas de inequidad de género con la igualdad de participación de hombres y mujeres en el Poder Legislativo.