‘Spotify vende anuncios, no música’: cómo hacer un negocio ético con el streaming
Miri, una de las artistas que se benefician de la plataforma ética Sonstream.

En septiembre, la cantautora independiente Miri ganaba unos 60.20 dólares en una semana por 1,772 streams de su música en Sonstream, un nuevo servicio de streaming basado en Stoke-on-Trent. “Aunque eso no suena como mucho, para mí, ese dinero es para comida y electricidad”, dice. Su equivalente en Spotify serían ganancias de menos siete dólares.  

“Fue una agradable sorpresa y también me resaltó que si el streaming se arreglara, no habría tenido que recurrir a fondos de emergencia cuando llegó la pandemia”, añade. 

La compensación a los artistas ya era volátil antes de que la pandemia de Covid-19 hiciera que salir de gira fuera imposible, y aunque el streaming aumentó 20% durante la pandemia, eso no significa mucho para varios artistas. 

En la estructura de pago que usan los grandes servicios de streaming, el dinero que gastas en una subscripción no se paga directamente a los artistas que reproduces. En lugar de esto, el dinero forma un fondo gigante, y se le paga a los artistas de acuerdo al número de streams que acumulan, incluso si tú no los escuchas personalmente. Puedes odiar la música de Ed Sheeran, pero de todas formas le pagas. 

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Una encuesta reciente de la Ivors Academy and Musicians’ Union encontró que 82% de los participantes ganaron menos de 270 dólares de streaming en todo 2019. La investigación parlamentaria del streaming provocó revelaciones más impactantes. La nominada al premio Mercury Nadine Shah dijo que sus ingresos por streaming no cubren su renta, y la escritora Fiona Bevan dijo que ella ganó solo 136 dólares por coescribir una canción para el álbum número 1 de Kylie Minogue Disco. El comité subsecuentemente le advirtió a las compañías de streaming que no interfieran con su investigación después de que testigos expresaran su temor a las represalias. 

Frente a estas instituciones incorregibles, varias startups de streaming ofrecen propuestas más generosas que el índice promedio actual por stream en Spotify, Apple Music y Deezer de alrededor de 0.0054 dólares. 

La plataforma Sonstream de paga-mientras-avanzas cobra a los oyentes 0.05 dólares por reproducción de una canción, con 0.03 dólares que van directo al dueño de los derechos. 

Resonate de Berlín es la primera con un modelo “stream-a-propiedad”. Le cobra a los oyentes las primeras 9 reproducciones de una canción, el costo suma el precio promedio de una descarga. Después de eso, los usuarios son dueños de la pista y tienen reproducciones ilimitadas. 

Audius en San Francisco desarrolla un sistema que le permite a los artistas poner un precio por stream o suscripción mensual. El 10% va a la red Audius, y el dueño de los derechos se queda lo demás. 

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Los fans, y también los músicos, buscan una alternativa al sistema actual. En una encuesta de YouGov de la campaña #BrokenRecord, 77% dijeron que a los artistas no le pagan suficiente por los streams. El mercado potencial de consumidores dispuestos a apoyar modelos de negocio más justos es grande. De acuerdo a Rob Harrison, director de investigación en la campaña de la organización Ethical Consumer, 70% de la población toma decisiones éticas siempre y cuando estas no sean muy caras o muy inconvenientes. 

La cuestión es si estas nuevas plataformas pueden ofrecer una alternativa financieramente viable cuando el líder de la industria Spotify nunca ha generado ganancias anuales netas, a pesar de tener 144 millones de suscriptores premium en septiembre 2020 e ingresos de 2,390 millones de dólares en los tres meses antes de eso. Las pérdidas son por las inversiones de la compañía y los pagos de regalías. Así que ¿cómo sobrevivirán las plataformas significativamente más pequeñas como Sonstream que tiene alrededor de 1,000 usuarios?

“El problema es que Spotify no trata a la música como su producto, venden publicidad, no música”, dice el fundador de Sonstream, Seb Clarke, que maneja la plataforma con una inversión de 476,000 dólares. “Como no tenemos intermediarios, disqueras, anunciantes ni agencias de marketing, si llegamos a 30,000 usuarios tendremos dinero en el banco”. 

Resonate tiene 1,500 miembros pero actualmente puede manejar 2 millones de usuarios mensuales, una cifra que esperan alcanzar en dos años, y Audius recaudó casi 10 millones de dólares. 

Una barrera obvia es el tamaño del catálogo. Spotify tiene 60 millones de pistas. Resonate tiene 14,000, Audius 200,000 y Sonstream poco más de un millón. Ninguna de las plataformas pequeñas tiene tratos de licencias con disqueras grandes, lo que puede ser demasiado caro para las startups, significa que están llenas de música independiente en lugar del último álbum de Taylor Swift, por ejemplo. 

Este no es un problema al que Deezer se enfrente, el servicio tiene cerca de 56 millones de pistas y acuerdos de licencias con todas las grandes. La compañía trata de poner un sistema de pago “enfocado en el usuario”, donde las suscripciones individuales van a las bandas y artistas que cada usuario escucha, no al modelo de mercado compartido. Aún así este relativo coloso no puede reunir el amplio apoyo que necesita. 

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“Necesitamos a todas las disqueras a bordo”, dice Alexander Holland, el director de contenido y estrategia de Deezer. “Desafortunadamente no es posible con solo una proporción. Seguimos en conversaciones con las disqueras, pero el progreso toma tiempo”. 

La encuesta de YouGov encontró que 64% de los participantes apoyarían un modelo enfocado en el usuario. Sin embargo, también mostró que si costara más, los resultados se dividían, 45% si lo harían, mientras que 45% no. 

Esto deja atados a los consumidores. Los fans claramente quieren que sus favoritos tengan éxito. Pero, como Clarke dice, hay pocos incentivos para las disqueras grandes, cuyos ejecutivos se enfrentarán al comité seleccionado la próxima semana, para cambiar cuando juntas generaron más de 950,000 dólares por hora de streaming en 2019. “Los artistas pequeños están muy atraídos a lo que hacemos pero las grandes disqueras están bastante felices con el ecosistema actual”, él dice. 

Bevan dice que le dio evidencia al comité selecto para tratar de ayudar a la próxima generación de escritores de canciones a mantenerse. “Trabajo con muchos escritores de canciones y cuando doy una clase en una universidad, es muy difícil para mí decir, ‘Sí, debes ser escritor de canciones, es una gran profesión’ porque no veo cómo, actualmente, sea posible vivir de ella”.