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Estilo de vida

El sexo ha vuelto, pero será diferente

La nueva revolución sexual está aquí, y todo lo que hizo falta fue una pandemia mortal.

El peligro del tacto, la emoción prohibida de rozar una muñeca sin guantes, las máscaras ya no son solo para los que no tienen imaginación: el sexo ha cambiado de forma. Al igual que las citas. Foto: Beatriz Vera/Getty Images

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Bienvenidos al verano del amor. Los Libidinosos 20, La Chica Ardiente del Verano, el olor a carne y loción. Ayer pasó un autobús con el costado pintado con un anuncio que animaba a los transeúntes a “vacunarse, depilarse y relajarse”. La nueva revolución sexual está aquí, y todo lo que hizo falta fue una pandemia mortal y un año bajo techo. Es verdad, se acerca, mira, ¡ahí!

Mujeres grandes pavoneándose por un bulevar recién podado, sintiéndose como si nunca hubieran sentido; hombres en traje cantando canciones de soul en voz baja; adolescentes parados tan cerca que hablan en la voz del otro. Hay un picnic junto a los columpios donde alguien ha puesto mayonesa en una suave barra de pan. En el supermercado, las mujeres se quedan hipnotizadas por el erótico zumbido de un congelador; alguien inhala las flores cortadas con una sonrisa y mientras parpadea pesadamente; un hombre cuenta duraznos con brusquedad. Un asistente del estacionamiento besa sus propios labios, la melodía de una furgoneta de helados suena borracha y anhelante. ¿Cuándo todo mundo obtuvo un cuerpo? ¿Cuándo todos salieron de ese espacio mental vida-trabajo y agitaron su pelo, y sus caderas con todo?

Sí, el sexo ha vuelto. Durante un tiempo fue un pisa-y-corre que podía sobrevivir durante la noche; evolucionó y se convirtió a lo largo de los años en un nuevo tipo de caricia sin contacto; muchos jóvenes eligieron buscar relaciones en línea en lugar de en sofás. Pero ahora, después de haber tenido tiempo para considerar nuestro futuro, después de deslizar las pantallas de nuestros teléfonos con manos lavadas tres veces y un nuevo nivel profesional de atención, habiendo llegado a nuevos conocimientos sobre el contacto físico, la soledad, los límites impuestos por la pandemia en nuestras nuevas vidas y los autoimpuestos que ya teníamos antes, el mundo está listo para su regreso.

Para algunos, esto simplemente significará algo más. Significará salir de la casa, un piquete en cada brazo y otro en el muslo para tener suerte, y deslizarse dentro del vestido de una extraña en el baño de un compañero, en el Volvo apagado de un padre esperando el final del baile de la graduación de secundaria. Buena suerte camaradas, enhorabuena. Pero para muchos, el final de nuestros encierros resultará en un tipo diferente de sexo. Se han creado nuevos problemas de forma aislada: un género de pornografía Covid-19 está prosperando en ciertas computadoras portátiles, y las fantasías son febriles y confusas, distópicas, oníricas. El peligro del contacto, la emoción prohibida de rozar una muñeca sin guantes, cubrebocas que ya no son solo para la cotidianidad: el sexo ha cambiado de forma, al igual que las citas.

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Esos meses en las apps, cuando las personas se vieron obligadas a participar en diferentes formas de comunicación más allá de simplemente reunirse en un bar y pensar “esto funcionará”, están llevando a considerar otro tipo de interacciones (de acuerdo con un estudio en Cosmopolitan encargado por el Instituto Kinsey). Esos meses predicen “la muerte de la aventura de una noche”, y un gran alejamiento de los hábitos destructivos de las citas, hacia una mayor experimentación, compromisos más reflexivos, más placenteros y menos personas que se conforman con menos: un restablecimiento total de las expectativas sexuales.

Por supuesto, para muchos de nosotros no será fácil. No porque no seamos sensuales y atractivos. No, no es eso en absoluto. Todos somos increíblemente atractivos en este momento, gracias, estamos increíblemente relajados e incómodos en nuestra belleza. Todos son hermosos y nadie está OK. Así que será difícil en la forma en que todos los intentos de resocialización son difíciles, ya que nos adentramos con cautela en la naturaleza, mirando hacia atrás con un asombro y asustados, con los ojos enrojecidos antes de trotar cautelosamente hacia los árboles. Cómo se “besa”, qué es “sexo”, quién es “mano”, un susurro de preguntas resonará en los clubes a las 2 a.m., dos personas insistirán en los tiempos muertos durante la cena, solo para revisar rápidamente las reglas sobre lo que se supone que sucederá a continuación.

El truco consistirá en convertir esta incomodidad en un arma y transformarla en una serie de tensiones exquisitas. Es una oportunidad para volver a ser ingenuo, para ronronear cuando una persona te presiona la espalda como un gato en Instagram o un cachorro de David Attenborough. La gente está emocionada simplemente por sentarse frente a una persona que admira, simplemente para cerrar la ventana o besar su mejilla húmeda; cada gota de esta emoción debe ser notada, aprovechada y reclamada como adorable. Habrá personas que quieran acostarse completamente vestidas sobre las mantas y respirar una sobre la otra. Habrá personas que quieran utilizar todo el conocimiento acumulado en las reuniones de Zoom dos veces al día para dirigir películas eróticas con altos valores de producción y una trama sobre la política de la oficina. Habrá personas que descargarán toda la terapia que han tenido durante todo el año en la cama de su pareja y se revolcarán en ella. Habrá alguien para cada uno, una vez que hayan aprendido a decir “hola, me gustas”.

Va a ser un buen verano. Va a ser un verano interesante, con momentos de dolor y pensamientos a veces bastardos que nos hacen humanos. Va a hacer calor, pero de formas que ocasionalmente arden, un tipo de calor húmedo y desconcertante. Va a ser el verano de un amor complicado, radical, envejecido, extraño, distanciado e improbable. Bienvenidos, disfruten y, por favor, a lavarse las manos.

The Guardian
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