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Economía

‘No puedo vivir con 709 dólares al mes’: estadounidenses presionan para modificar la seguridad social

Los pedidos de reforma incluyen el aumento de los beneficios en consonancia con el costo de vida, ya que los empleadores ofrecen menos pensiones de jubilación.

Un promedio de 65 millones de estadounidenses reciben un beneficio de seguridad social mensual, y la mayoría de los pagos van a los trabajadores jubilados y sus dependientes. Foto: John Nacion / SOPA Images / REX / Shutterstock

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Nancy Reynolds, de 74 años, residente de Cabo Cañaveral, Florida, trabaja como cajera en Walmart mientras batalla para llegar a fin de mes con su sueldo y el ingreso de 709 dólares que recibe de su seguridad social.

No puedo vivir con 709 dólares al mes, así que tengo que trabajar. No tengo otra opción, aunque mi cuerpo dice que no puedes hacer mucho más ”, dice Reynolds.

Explica que sus prestaciones son más bajas a consecuencia de que su abusiva pareja no le permitió trabajar durante años y que también tuvo que tomarse un tiempo para cuidar a su padre antes de su muerte. Reynolds depende del seguro de Medicare, aunque todavía debe hacer copagos cuando va a consultas médicas y recibe únicamente 19 dólares al mes en cupones de alimentos.

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Reynolds forma parte de los millones de personas mayores, discapacitados o familiares de trabajadores fallecidos en EU que dependen de las prestaciones de la seguridad social para tener un ingreso mayor, pero el beneficio promedio de poco más de 1,500 dólares no es suficiente para cubrir las necesidades básicas.

El gobierno nos está fallando a la gente mayor. Tenemos que escoger entre comer o ir al doctor, ¿comemos o compramos medicina? El problema sigue ahí a pesar de seguir trabajando”, añade Reynolds. “Me pregunto por cuánto tiempo mantendré mi casa, ¿por cuánto tiempo podré pagarla? ¿Debería comprar una casa de campaña y guardarla, porque en caso de perder mi trabajo, me volveré indigente porque nadie quiere contratar a un señor de 74 años?”.

Aproximadamente 65 millones de estadounidenses reciben un beneficio de seguridad social mensual, la mayoría de los pagos se hacen a personas jubiladas y sus dependientes.

Adultos mayores y estadounidenses discapacitados que dependen en mayor medida en este ingreso están presionando a la seguridad social para incrementarlo. Piden una reforma que incluya el aumento de las prestaciones por ley de acuerdo con el costo de vida, ya que los empleadores proveen a los trabajadores pensiones por jubilación más bajas y se estima que el número de ciudadanos jubilados a los 65 años crezca de 56 millones a 78 millones en el 2035.

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“La nación está enfrentando una crisis de pensiones por jubilación, donde mucha gente no podrán jubilarse y vivir de sus ahorros”, dice Nancy Altman, presidenta de la Social Security Works, organización defensora que pide ampliar el programa. “Es un sistema muy poderoso, pero sus prestaciones son muy bajas sin importar la forma en que lo veas”.

Altman argumenta que la ampliación del programa está pendiente desde hace mucho tiempo, enfatizando que los pagos no han incrementado desde 1972.

Encuestas sobre la opinión pública respecto a la seguridad social revelan que hay un fuerte apoyo bipartidista para el sistema y la oposición. El Congresista John Larson, de Connecticut, presentó un proyecto en la última sesión legislativa para modificar la seguridad social, junto con otros 209 copatrocinadores. Altman se expresó optimista de que la legislación de la seguridad social avanzaría una vez que la administración de Biden finalizara el acuerdo infraestructural bipartidario.

Los beneficios de seguridad social actuales son más bajos que en la mayoría de los países desarrollados, en comparación con el porcentaje de ganancias que se proveen al trabajador promedio. De dichas prestaciones también se cobran impuestos y se reducen los costos de Medicare.

Susan Aubrey Wilde, de 74 años, residente de Sacramento, California, vive sola en un departamento para adultos mayores y paga mensualidades fijas, pero su salario de prestación de 1122 dólares mensuales cubre algo más que su renta de 794 dólares. Después de pagar servicios, internet, teléfono y los costos para mantener y asegurar su carro, apenas le sobra lo suficiente para sobrevivir. Le preocupa que no pueda seguir pagando el departamento ante el aumento de la renta.

Wilde sufre problemas dentales, pero no se puede pagar el tratamiento recomendado y le cuesta subir los dos tramos de las escaleras hacia su apartamento. Su lavadora está rota y no puede pagar la reparación o reemplazarla. En 2004 le diagnosticaron cáncer de mama y aún sufre las consecuencias del tratamiento. También sufre de enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

“Guardo una tienda de campaña cerca de la puerta porque, en caso de que suba la renta, pronto me quedaré en la calle. Tanto para jubilarse con dignidad”, dice Wilde. “Trabajé durante toda mi vida hasta que me diagnosticaron cáncer. Crié dos niños sola con ayuda de pagos clericales e hice lo mejor que pude”.

Cerca de 10 millones de estadounidenses discapacitados junto con sus familiares dependen del ingreso de sus prestaciones de seguridad social. Sin embargo, se niegan la mayoría de las solicitudes de seguridad social por discapacidad, solo al 20-25% de las primeras solicitudes se les otorgan las prestaciones.

Rocky Giammatteo de 49 años, residente de Las Vegas, tardó un año en recibir sus prestaciones por discapacidad causada por esclerosis múltiple en 2016.

“Perdí mi fondo de ahorros y me desalojaron antes de que tomaran una decisión final un año después”, cuenta Giammatteo. “Si no hubiera sido por la ayuda de mis amigos durante el último par de meses para poder quedarme en un hotel y no quedarme sin techo en Las Vegas con un clima de 43°C, con mi poca condición de salud, ya me hubiera muerto”.

Después de que le dieron los beneficios y pagos retroactivos, Giammatteo decidió mudarse a México, donde el costo de vida es mucho más bajo que en Estados Unidos. El ingreso que recibía apenas le alcanzaba para pagar la renta en las Vegas.

Mi única opción real para sobrevivir fue mudarme a otro país con un costo de vida más bajo”, concluyó Giammatteo. “Soy, técnicamente, una refugiada médica. Es doloroso, pero vivo para contarte esta historia ahora, así que tomé la decisión correcta”.

The Guardian
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