¿Lula en 2022? Brasil se prepara para un regreso político sensacional
Anazir Maria de Oliveira, una veterana activista social de Río de Janeiro, ha votado por Luiz Inácio Lula da Silva en cada oportunidad desde que se presentó por primera vez como candidato a la presidencia en 1989. Foto: Alan Lima/The Guardian

Anazir Maria de Oliveira tiene un mensaje sencillo para el hombre al que llaman Lula.

Camarada, quiero que vuelvas“, dijo la veterana sindicalista y activista negra de 88 años mientras celebraba el regreso de su “gurú” a la contienda política de Brasil.

Hasta hace unos meses, Lula –de nombre completo Luiz Inácio Lula da Silva– parecía haber llegado al melancólico crepúsculo de una mítica carrera política. El extrabajador de una fábrica llegó a convertirse en uno de los líderes más populares del mundo antes de que, en una dramática caída en desgracia, fuera encarcelado e impedido de ejercer su cargo.

Pero la anulación de las condenas por corrupción contra el primer presidente proveniente de la clase trabajadora de Brasil ha sacudido la política del país sudamericano y les ha dado a los creyentes como Oliveira la tentadora esperanza de que el político septuagenario político podría regresar.

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Cinco meses después de la restitución de los derechos políticos de Lula, las encuestas sugieren que en las elecciones del próximo año derrotaría al presidente de la extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro, quien está enfrentando una creciente ira por su respuesta al brote de Covid-19 que ha matado a más de medio millón de brasileños.

Verlo de nuevo en la presidencia es todo lo que queremos… Soy Lula de corazón y alma“, dijo entusiasmada Oliveira, o Dona Zica, como se le conoce en Vila Aliança, la favela donde vive en los desfavorecidos límites occidentales de Río.

Lula, quien fue presidente en dos periodos, desde 2003 hasta 2010, aún tiene que anunciar formalmente la que sería su sexta campaña presidencial desde la primera vez en que buscó convertirse en el líder de Brasil, en 1989, a los 44 años. En una entrevista reciente, el expresidente de 75 años se abstuvo de confirmar sus planes, pero dijo que la elección de Joe Biden a los 78 años lo había inspirado. “Soy un niño comparado con Biden“, bromeó Lula.

John D. French, autor de una nueva biografía que describe el ascenso de Lula de sindicalista a presidente, comentó que no tenía ninguna duda de que Lula se postularía, y que tenía buenas condiciones para ganar.

Es el Pelé de la política electoral presidencial internacional: nadie tiene un récord como el suyo en ningún lugar del mundo”, afirmó French, recordando cómo Lula o el candidato designado por Lula habían quedado en primer o segundo lugar en seis elecciones sucesivas desde 1998.

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Lula perdió la contienda de ese año frente al intelectual centrista Fernando Henrique Cardoso, pero ganó una histórica victoria aplastante cuatro años después, en 2002, diciéndole a los votantes que “la esperanza había vencido al miedo“. Los integrantes del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula están impulsando ahora un mensaje igualmente optimista, mientras Brasil se tambalea por la catástrofe sanitaria y económica provocada por el coronavirus, que ha causado la muerte de más de 550 mil personas y que ha sumido al país en una profunda depresión.

“El hecho es que (Lula) representa un momento en el que las cosas marcharon bien, cuando Brasil sintió que estaba progresando, cuando las cosas estaban sucediendo, cuando el salario mínimo estaba aumentando, cuando sus hijos podían ir a la escuela, cuando se construían 10 millones de casas”, detalló French. Bolsonaro, en cambio, fue asociado ampliamente con el “sufrimiento, la crisis y la desesperación” de hoy.

“Todo el mundo siente en su vida diaria lo que está ocurriendo en este momento”, describió French. “No me refiero únicamente al desempleo (…) Las personas están perdiendo a un gran número de familiares. Es muy real“.

A muchos conservadores les horroriza la idea del regreso de Lula y algunos en la izquierda también se muestran cautelosos, incluso si admiten que su dominio político puede significar que está en mejor posición para derrotar a Bolsonaro.

Ciro Gomes, exministro de Lula que ahora es su principal rival de izquierda, calificó una tercera presidencia de Lula como una perspectiva “horrible”. “¿Qué es lo que Lula quiere hacer a los 78 años (sic), que no hizo durante los cuatro mandatos que consiguió ganar para sí mismo o para la representante que puso?”, preguntó Gomes, refiriéndose a la sucesora de Lula, Dilma Rousseff, que ganó las elecciones en el 2010 y el 2014.

Gomes afirmó que la furia de los votantes por “la debacle económica y moral” de los pasados gobiernos del PT –cuando importantes colaboradores de Lula, incluidos su jefe de gabinete y su ministro de finanzas, fueron encarcelados por corrupción– había facilitado el camino para la elección de Bolsonaro. Argumentó que la participación de Lula en la votación de 2022 amenaza con devolver a Bolsonaro a la presidencia al crear una elección “en la que Bolsonaro llama a Lula delincuente, y Lula llama a Bolsonaro asesino”.

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El entusiasmo es mucho mayor entre los devotos del PT, quienes han comenzado a asistir a las protestas contra Bolsonaro con brillantes camisetas rojas con el lema: “Lula 2022”. Una caricatura de Lula llena de helio vuela sobre los recientes mítines de la oposición en Río, mientras que en la ciudad nororiental de Fortaleza, un lulista colgó de su ventana un cartel que describía la resurrección del izquierdista en términos bíblicos. “Hágase tu voluntad: Lula 2022 presidente”, decía, junto a la imagen del izquierdista barbudo.

Dona Zica, una señora jubilada de limpieza y activista que guarda una parafernalia del PT en su casa impecablemente ordenada, dijo que también estaba apoyando el regreso de un político cuya historia de vida y cruzada social refleja la de ella misma. Al igual que Lula, nació en la pobreza rural en la pequeña ciudad de Manhumirim y, tras una infancia en la que cosechó cacahuetes y maíz, se mudó a Río en 1948, cuatro años antes de que la empobrecida familia de Lula partiera hacia Sao Paulo en un camión con la parte trasera abierta.

En los años 70 y 80, mientras Lula defendía los derechos de los trabajadores metalúrgicos y Zica los de las trabajadoras domésticas, coincidían en los eventos sindicales. En 1994, durante su segunda campaña presidencial, visitó Vila Aliança. Y en 2002, después de que Lula finalmente fuera electo en su cuarto intento, una jubilosa Dona Zica viajó a Brasilia para presenciar su toma de posesión. “Me sentí realizada. Era mi sueño hecho realidad“, confesó sobre aquel día, cuando el antiguo operador de torno prometió que uno de los países más desiguales del mundo “emprendería un nuevo camino” de crecimiento y cambio social.

Casi dos décadas después, Dona Zica esperaba que la historia se repitiera, pero advirtió que la derrota de Bolsonaro no estaba asegurada. Ella cree que muchos residentes de Vila Aliança se arrepienten de haber votado por Bolsonaro en 2018, por haber perdido trabajos o familiares durante una pandemia que su presidente ha trivializado en repetidas ocasiones. Un vecino se disculpó recientemente con Dona Zica, cuyo hijo pasó 25 días en el hospital luchando contra el Covid-19, por haber apoyado a Bolsonaro, pero otros habitantes se mantuvieron fieles.

Si Lula es candidato en 2022, no será una elección fácil. Hoy está por delante, pero la política está en constante cambio“, dijo Dona Zica.

“Sin embargo, le diré una cosa”, añadió la bisabuela. “Las cosas no pueden seguir como están. Los brasileños pobres han sido totalmente abandonados por el gobierno federal… Ha muerto tanta gente”.