Las zonas muertas se extienden a lo largo de la costa de Oregon y el Golfo de México, según estudio
El rico hábitat oceánico en el Golfo de México se encuentra amenazado por las zonas muertas causadas por los vertidos agrícolas. Foto: AP

Los científicos analizaron recientemente el fondo del Golfo de México alrededor de Louisiana y Texas y lo que descubrieron fue un área de agua sin oxígeno más grande que el promedio, una “zona muerta” donde nada puede vivir.

Científicos de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) dieron a conocer su hallazgo esta semana: aproximadamente 16 mil 187 kilómetros cuadrados de hábitat en el Golfo no son aptos para los peces y las especies que habitan en el fondo. Los investigadores habían calculado una zona muerta más pequeña este año, prediciendo un área de tamaño promedio.

“Este verano fue inusual la distribución del bajo nivel de oxígeno disuelto”, dijo en un comunicado Nancy Rabalais, profesora de la Universidad Estatal de Louisiana, quien dirigió el estudio. “Muy cerca de la costa se observaron condiciones de muy poco oxígeno, dichas observaciones mostraban una falta casi completa de oxígeno“.

Pero el Golfo no es la única región costera que presenta zonas muertas este verano.

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Cada año, desde 2002, se han encontrado áreas hipóxicas en las aguas de Oregon. Pero este también fue un año récord para Oregon: la zona muerta surgió a principios de este año, mucho antes que en los últimos 35 años.

Las zonas muertas se forman cuando desembocan los fertilizantes y nutrientes de los campos agrícolas en los océanos o lagos, provocando la proliferación de algas que eventualmente mueren y se descomponen. A medida que las algas se descomponen, agotan el oxígeno en el agua, asfixiando a las especies que viven en la zona.

Los estudios muestran que los peces en aguas hipóxicas cambian su alimentación, lo que afecta la actividad pesquera. Las zonas muertas también provocan la disminución de especies en el Golfo comercialmente importantes como el camarón y mata peces y cangrejos que habitan cerca de la costa del noroeste del Pacífico.

La contaminación por fertilizantes ha causado un daño estimado de 2.4 mil millones de dólares en la pesca y el hábitat marino cada año desde 1980, informó la Unión de Científicos Preocupados en un estudio publicado el verano pasado.

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En Oregon, la crisis climática global está empeorando el problema: las aguas más cálidas conservan menos oxígeno que las aguas frías, lo que fomenta el crecimiento de las zonas muertas. Además, a medida que lo océanos absorben más carbono, las aguas se vuelven más ácidas, lo que a su vez dificulta que especies como los mariscos y los cangrejos puedan hacer crecer sus caparazones.

Todo esto equivale a “un doble impacto para la atmósfera y el océano”, comentó el investigador de la NOAA, Richard Feely, para el Washington Post.

Este año, los pescadores de cangrejos han descrito que han encontrado los cadáveres de cientos de cangrejos Dungeness a lo largo de las costas de Washington y Oregón.

En 2001, un comando especial de agencias estatales y federales estableció el objetivo de mantener la zona muerta en un promedio no mayor a 4 mil 920 kilómetros durante cinco años. La zona muerta de este verano es aproximadamente tres veces más grande en comparación. La NOAA también ha creado una herramienta, predicción de riesgo por vertidos, para ayudarles a los agricultores a emplear los fertilizantes en los momentos óptimos para garantizar que se queden en los campos, con la esperanza de limitar los vertidos que desembocan en el Golfo.

Algunos dicen que estas acciones no son suficientes. “Sin un esfuerzo significativo y enfocado en reducir los vertidos de nitrógeno de las explotaciones agrícolas y ganaderas, las comunidades de la Costa del Golfo continuarán asumiendo las consecuencias de la zona muerta“, dijo Rebecca Boehm, economista del programa de alimentos y medio ambiente de la Unión de Científicos Preocupados, en un comunicado.

“En los últimos 30 años, no se ha reducido de forma significativa la zona muerta, y no estamos más cerca de las metas establecidas por el Comando Especial de Hipoxia. Los legisladores deben replantear su estrategia, o el próximo año nos encontraremos nuevamente aquí con las mismas malas noticias.