El éxito de El juego del calamar reabre el debate sobre quién paga el aumento del tráfico de internet
El drama surcoreano 'El juego del calamar' se ha convertido en una sensación mundial de Netflix. Foto: Pavlo Gonchar/SOPA Images/Rex/Shutterstock

El gran éxito del drama surcoreano El juego del calamar ha llevado a que un proveedor de banda ancha local inicie un proceso judicial para obligar a su creador, Netflix, a pagar por el enorme aumento del tráfico, el más reciente punto de tensión en la discusión sobre quién debe asumir la carga de los costos vertiginosos de los datos alimentados por el auge mundial del streaming.

Desde la última sensación mundial de Netflix y los partidos de fútbol de la Premier League retransmitidos en vivo por Amazon Prime Video, hasta el tráfico que revienta la banda ancha cuando se actualizan juegos en línea exitosos como Fortnite o Call of Duty, la demanda de capacidad de conexión a internet ha experimentado un crecimiento sin precedentes en los últimos años.

La pandemia potenció esta tendencia: el aburrimiento por el confinamiento y el trabajo en casa contribuyeron a potenciar los días de mayor tráfico en internet registrados en Reino Unido, con un uso de internet que se duplicó el año pasado.

“Cada terabyte de datos consumido por encima de los niveles actuales cuesta aproximadamente 50 millones de libras“, señala Marc Allera, director general de la división de consumo de BT. “Solo en el último año hemos observado cuatro terabytes de uso adicional y el costo para mantener ese crecimiento es enorme”.

Una abrumadora mayoría del uso diario, hasta del 80%, corresponde a un único grupo de empresas, como YouTube, Facebook, Netflix y la compañía de juegos Activision Blizzard.

Allera comenta que las normas que impiden que empresas como BT transfieran parte de los costos a los mayores impulsores del crecimiento de la capacidad, las normas de neutralidad de la red que estipulan que se trate por igual todo el tráfico de internet, son obsoletas en la era del streaming.

“Muchos de los principios de la neutralidad de la red son increíblemente valiosos, no intentamos detener o marginar a los actores, pero debe existir una coordinación de la demanda más efectiva que la actual“, comenta. “Cuando se crearon las normas hace 25 años, no creo que nadie hubiera previsto que cuatro o cinco empresas estarían dirigiendo el 80% del tráfico de internet en el mundo. No están contribuyendo a los servicios que se están prestando; eso no me parece bien”.

El mes pasado, el organismo regulador de telecomunicaciones de Reino Unido, Ofcom, inició una revisión de las normas de neutralidad de la red en vista del cambiante panorama de internet, aunque cualquier cambio en la política depende en última instancia del gobierno.

Los defensores de la neutralidad de la red temen que cualquier cambio en sus principios fundamentales conlleve a que los proveedores de servicios de internet terminen decidiendo bloquear o restringir la velocidad de algunos servicios, y acelerar la de otros que paguen una cuota, afectando a su vez la experiencia del consumidor.

“Creemos firmemente en la existencia de un internet libre y abierto“, dice Jon Lloyd, jefe de campañas de Mozilla Foundation. “Todos los contenidos deben recibir el mismo trato, ese es el principio de la neutralidad de la red. Nunca hemos pedido a los creadores de contenidos que paguen a los proveedores de servicios de internet y no deberíamos hacerlo ahora”. El Open Rights Group argumenta que manipular la neutralidad de la red en Reino Unido podría abrir la puerta a que el internet se “divida en un carril de alta velocidad y otro de baja velocidad”.

Sin embargo, en Estados Unidos, Netflix y otras empresas llevan años pagando cuotas a los proveedores de servicios de internet (ISP) para garantizar una mayor velocidad de streaming, mientras que Amazon y Facebook también lo hacen en Corea del Sur. “No hemos observado un bloqueo o regulación del tráfico tan generalizado como se temía“, comenta Matthew Howett, fundador de la consultora de telecomunicaciones Assembly.

Las empresas de streaming argumentan que, en efecto, pagan para que sus contenidos se distribuyan a través de sistemas técnicos que reducen drásticamente los gastos de los proveedores de servicios de internet. Netflix cuenta con una red mundial de servidores de su propiedad que distribuyen El juego del calamar o Bridgerton hasta el equivalente de la puerta de internet para los proveedores de servicios de internet, acortando la distancia que los datos recorren hasta los consumidores, y el gigante del streaming paga miles de millones en “tarifas de tránsito”.

Disney tiene un sistema diferente, en asociación con una empresa tecnológica llamada Qwilt, aunque los proveedores de servicios de internet también obtienen comisiones de su modelo.

“Últimamente, hemos descubierto que los gobiernos y los proveedores de servicios de internet buscan con mayor frecuencia el apoyo financiero de los proveedores de contenidos, argumentando que deberían recibir comisiones para apoyar el despliegue de la banda ancha y el 5G”, señaló un ejecutivo de la industria del streaming. “Creemos que esto se encamina hacia una violación de los principios de la neutralidad de la red, ya que los consumidores que adquieren un servicio de internet de un proveedor de servicios de internet deberían poder llegar a cualquier extremo de internet independientemente de si ese proveedor de contenidos paga o no”.

Los proveedores de telecomunicaciones y banda ancha sostienen que las medidas adoptadas durante la pandemia han demostrado que es necesario revisar la neutralidad de la red. Los operadores pasaron a aplicar una “tarifa cero” a los sitios web de educación cuando se cerraron las escuelas, lo que significa que los usuarios de la red no gastaron datos ni incurrieron en gastos para acceder a ellos, dando acceso preferencial a BBC Bitesize y Oak National Academy sobre otros servicios de aprendizaje.

“Se están realizando pruebas de tensión de las normas”, comenta Howett. “El reto no es nuevo, se trata de aumentar los márgenes y la rentabilidad para los inversionistas y ellos perciben las oportunidades de ingresos de esos grandes proveedores de contenidos”.

Dejando a un lado las motivaciones, el auge del consumo de datos, y la necesidad de gestionar y pagar la capacidad, continuará a un ritmo vertiginoso. En 2011, un hogar promedio utilizaba 17 GB de datos a través de internet cada mes, de acuerdo con el grupo de consultoría Communications Chambers. El año pasado esa cifra alcanzó los 429 GB en promedio. En noviembre, Disney señaló que esperaba que la “vertiginosa” demanda de contenidos de video se multiplicara por diez en los próximos dos años.

“La única contribución que se hace es la de los consumidores a través de lo que pagan o la de nosotros, las redes, ¿les parece justo?” señala Allera. “Hay otros modelos de negocio que solo requerirían algunas modificaciones respecto a la neutralidad de la red. Solo estamos hablando de los mayores actores que impulsan el mayor consumo de contenidos y datos; es necesario realizar una evolución de los principios”.