‘Actualizas tu teléfono, ¿por qué no tu matrimonio?’ El programa de tv que va a disparar el número de divorcios
Atrapado por las convenciones… 'Secretos de un matrimonio'. Foto: Jojo Whilden/HBO

En 1973, Ingmar Bergman publicó Secretos de un matrimonio. En esta serie sueca trascendental, una luminosa Liv Ullmann y un torturado Erland Josephson interpretan a Marianne y Johan, cuyo matrimonio se desmorona con la más elegante fealdad. Su dolor es exquisito y su liberación difícilmente ganada, pero es, al final, una victoria de la autenticidad. Porque estas personas perfectas están atrapadas por las convenciones.

“Fue muy política y muy revolucionaria”, comenta Hagai Levi, el director israelí que acaba de realizar un remake de la serie para HBO, con Jessica Chastain y Oscar Isaac en los papeles protagonistas. “¡Y muy escandalosa! En aquella época, hasta la palabra ‘divorcio’ era impactante”. En la serie de Bergman, la pareja se ve aplastada por el peso de su propia y aparente perfección, cuya renuncia hace que se sienta tan emancipadora, y tan novedosa. No se trató de una repetición de Ibsen, de un mensaje de la obra Casa de muñecas (“está bien dejar a la gente mala”), sino de algo mucho más sísmico, al menos en los años 70. Aunque Johan es el cretino que se va, la cuestión es: en ocasiones ninguna de las partes es mala, simplemente no son ellos mismos hasta que se separan.

Se convirtió en una película, ganó numerosos premios y se volvió una pesadilla para los conservadores, responsable del aumento de los índices de divorcio en Suecia y en toda Europa. ¿Puede una película tener tal impacto? ¿O el cine no es tanto un impulsor como una reiteración de normas cambiantes? Mis padres se separaron en esta época, en 1976. Me da escalofríos imaginar la cara de mi madre si mi padre hubiera intentado culpar a Ingmar Bergman.

Sin embargo, es innegable su influencia: desde la película Husbands and Wives, de Woody Allen, hasta Before Midnight, de Richard Linklater, las películas posteriores sobre parejas lo utilizaron como elemento básico. Bergman también está presente en muchos proyectos recientes, como Historia de un matrimonio, de Noah Baumbach, y la explosiva Malcolm & Marie, de Sam Levinson. Sin embargo, esta es la primera vez que un director utiliza la obra maestra de Bergman como modelo y la rehace, “manteniendo la estructura de cada escena”, como explica Levi. Sin embargo, la conclusión nunca ha sido tan diferente.

Tan preciso que tuve que apartar la mirada… Secretos de un matrimonio. Foto: Jojo Whilden/HBO

Hablando desde Tel Aviv, Levi me cuenta que mantuvo la estructura, pero que nunca tuvo la intención de apegarse al guion original, y la nueva serie comienza con un intercambio maravillosamente incómodo. Mira, interpretada con dolorosa intensidad por Chastain, y Jonathan, interpretado por Isaac, son entrevistados por una estudiante de doctorado sobre su matrimonio. Se les pide que indiquen sus pronombres. “Él, él, su”, dice Isaac con el gusto de un hombre feliz de estar al día. “Ella”, comienza tímidamente Chastain, y su esposo completa con “ella, suyo” en voz alta. Ah, piensas, estamos en el territorio de un esposo aparentemente sensible que en realidad es un cretino. Pero no nos encontramos en ese terreno en absoluto.

Ambas interpretaciones son intensas, pero el dolor en el rostro de Isaac cuando Chastain se aleja de él, la sombra de su terror mientras come spaguetti y cree ver repugnancia en los ojos de ella, es tan preciso que tuve que apartar la mirada. Se rumora que Chastain, al menos, lloró todos los días en el set. Cada episodio comienza con un plano de seguimiento detrás de las cámaras, claquetas y gente ocupada. “Lo hice”, dice Levi, “para mostrar que es mucho más abstracto que esta pareja concreta. Es un escenario, son actores”. La idea de estar detrás del escenario te invita a ponerte en su lugar, aunque sinceramente te aconsejo que no lo hagas.

Chastain es la que se va, “y en el momento en que la hice salir, inmediatamente me sentí más cercano a ella”, recuerda Levi. “Sentí que entendía su desesperación y su necesidad“. Pero si él ha cambiado la dinámica de género, Mira es la que se atreve y la que mantiene el hogar, Jonathan es el constante y el cuidador, Levi también ha invertido algo mucho más fundamental. “Si Bergman hablaba del precio del matrimonio, quería decir, básicamente, que el matrimonio mata el amor. Yo quiero hablar sobre el precio de la separación. Creo que no hablamos lo suficiente de lo duro y traumático que es separarse“.

El trabajo de la socióloga Eva Illouz lo hizo pensar de forma diferente sobre los daños de la separación. “Me divorcié dos veces, (pero) no había pensado mucho en ese lado traumático de la separación y el divorcio hasta que leí (el libro de Illouz) The End of Love“, dice. “Cómo te afecta tanto psicológica como físicamente, lo difícil que hace que vuelvas a confiar y a amar, el tiempo que necesitas para recuperarte”.

Por supuesto, una exploración del matrimonio en 2021 sería diferente; la institución ha cambiado. Como dice Levi, “creo que cuando se contrae un matrimonio en la actualidad, ya se sabe que es condicional. El contrato ya no es definitivo. Estamos juntos hasta que uno de los dos sienta que ya no es para él. Ambos personajes…”, se corrige, riendo, “lo siento, ambas personas saben que puede ser temporal”. El sustento lógico de esto, ¿es posible hacer una promesa de por vida si se prioriza la búsqueda de uno mismo?, se explora en el “matrimonio malo” de la obra. Mira y Jonathan son, al menos durante un tiempo, la pareja “perfecta”: padres felices, con su cocina de alta categoría y su tono súper respetuoso y discursivo.

La pareja tiene dos amigos, concebidos como un contrapunto. En la versión de Levi, Kate y Peter son una pareja poliamorosa con hijos. El novio de Kate terminó con ella, y Peter está enojado porque ella tuvo uno en primer lugar (parece apropiado señalar que él lo comenzó, con el poliamor). “Kate dice que se siente muy orgullosa de que sus hijos puedan verla buscando su propia felicidad y autorrealización“, explica Levi. “Escribí eso de una forma muy irónica, pero fue percibido (por los críticos) como un monólogo muy honesto y muy bonito, muy convincente”.

Devastador… Liv Ullmann y Erland Josephson en Secretos de un matrimonio de Bergman. Foto: Pictorial Press Ltd/Alamy

Regresamos a The End of Love, “un brillante análisis de la relación entre el capitalismo y las relaciones de pareja. (Illouz) cita a una mujer diciendo esta misma frase: ‘¿Debería ser leal a este hombre o leal a mi verdad? Por supuesto que elegiría lo segundo’. ¡Lo cual es asombroso!”.

La búsqueda de la felicidad arrasa con todas las relaciones en Secretos de un matrimonio de Levi, sean monógamas o no. La autorrealización es una rueda más en el charabanc del consumismo, una especie de gratificación sin sentido. “Si cambias de iPhone, te animas a buscar lo nuevo”, dice Levi. “¿Por qué el matrimonio no iba a formar parte de eso? ¿Por qué no debería buscar un modelo mejor?

Las conclusiones de Levi son bastante antiamericanas, pues: ¿La felicidad es lo que hay que perseguir? Lo reconoce con sorpresa, ya que ha desarrollado su carrera durante décadas tanto en Israel como en Estados Unidos, trasladando previamente las ideas de uno a otro país con facilidad. La idea de BeTipul, el drama de Levi en el que un psicólogo atiende a un elenco cambiante de pacientes, se trasladó sin problemas a otra serie de HBO, In Treatment.

En su Secretos de un matrimonio encuentra algo que lo desorienta: que aunque es claramente una producción estadounidense, con un reparto estadounidense, tiene una sensibilidad europea. “Para mí, es estadounidense”, dice, “para ustedes es estadounidense. Para ellos no es lo suficientemente estadounidense”.

Más bien, se encuentra en algún punto entre los dos, con la influencia del original, el nuevo programa estuvo impulsado por el hijo de Bergman, combinada con las experiencias formativas de Levi en la pantalla para crear algo poderosamente identificable. “Durante mi adolescencia y en mis 20 años (nació en 1963), solo teníamos un canal público de televisión en Israel, y supongo que no tenían suficiente dinero para comprar programas estadounidenses. Teníamos mucha televisión británica. The Singing Detective! Dennis Potter era mi dios”.

En cuanto a la estética, describe el original como “casi feo, el director de fotografía (de Bergman) siempre lo llamó su trabajo más feo”, cuenta Levi. “No es que quisiera hacerla más bonita en sí, pero tenía más dinero…”. La principal diferencia visual es que su serie transcurre íntegramente en la casa de Mira y Jonathan, con un hiperrealismo que evoca un movimiento escandinavo posterior, el Dogme, un manifiesto de reglas estrictas para la experimentación radical del que fueron pioneros en los años 90 Lars von Trier y Thomas Vinterberg.

“Me ayuda tener reglas”, dice el director. “Decir, este es tu campo de juego, entonces se libre dentro de esos límites. Probablemente también porque yo mismo fui religioso. Hasta los 20 años fui un judío ortodoxo”. Sus orígenes se reflejan en su héroe, Jonathan, quien fue un judío ortodoxo durante su infancia y mantiene su pérdida de fe como una clave de su identidad. La pérdida de la religión y el vestigio de las normas se ciernen sobre el credo de la búsqueda de la felicidad que Levi describe, según Illouz, como nuestra “libertad superficial”.

Se podría esperar razonablemente que Secretos de un matrimonio sea un remake, una modernización respetuosa del original. Pero es exactamente lo contrario. Si Bergman destrozó las convenciones, Levi rebusca entre los fragmentos, lacerándose constantemente a sí mismo y a nosotros, descubriendo lo que se puede salvar y lo que nunca debió romperse. Sería exagerado decir que puede presagiar un aumento global de personas que regresen. Pero es devastadora, fascinante y, extrañamente, tan original como la original.