Rajan, el último elefante que nadaba en el océano: La mejor fotografía de Jody MacDonald
'Mucha gente me dice que parece que está sonriendo'… Rajan se zambulle. Foto: Jody MacDonald

Viví en el mar durante 10 años. Fui copropietaria y dirigí un negocio de expediciones de kitesurf a nivel mundial. Navegábamos por todo el mundo en un catamarán de 18 metros, siguiendo los vientos alisios, practicando kitesurf, surf y parapente en lugares remotos. Una noche, vi una película de Hollywood llamada The Fall, que incluía una parte en la que un elefante nadaba en aguas azules tropicales. No sabía si se trataba de algo real o de algo falso de Hollywood. Pero pensé: “Hombre, si existe, me encantaría fotografiarlo”.

Busqué en internet y descubrí que el elefante de la película vivía en las Islas Andamán, un territorio indio en el Golfo de Bengala. Cuando navegamos hacia la capital, Port Blair, unos meses después, en 2010, decidí bajarme e intentar encontrar a este elefante. Encontré a Rajan en la isla Havelock (ahora Swaraj) y pasé dos semanas con él, conociendo su increíble historia.

Rajan fue llevado a las Islas Andamán junto con otros nueve elefantes en la década de 1970 para ayudar a talar las islas. Necesitaban un medio para transportar los árboles cortados hasta las lanchas situadas frente a las islas, así que los elefantes se vieron obligados a aprender a nadar en el océano. A los elefantes les encanta el agua dulce, pero no les gusta el agua salada porque la sal les pica los ojos y les reseca la piel. Los elefantes arrastraban los gigantescos troncos de badak cortados y los llevaban nadando hasta las lanchas. Una vez talada una isla, los elefantes tenían que nadar hasta la siguiente. A veces nadaban kilómetros, lo cual resultaba alucinante: un grupo de 10 elefantes nadando en mar abierto.

Cuando se prohibió la tala en 2002, Rajan se quedó sin trabajo. Fue el último elefante que sobrevivió del grupo y vivió sus días en la isla de Havelock hasta su muerte en 2016. Cuando lo encontré, tenía unos 60 años y vivía su jubilación con Nazroo, su cuidador, que en la India se le llama mahout.

Todas las mañanas, Rajan se adentraba en la selva o paseaba por la playa. Nadaba siempre que le apetecía. Parecía haberse adaptado a nadar en agua salada e incluso disfrutarlo. Realmente sentía que se divertía nadando en el océano. Creo que eso se refleja en esta foto. Mucha gente me dice que parece que está sonriendo.

A veces se metía un poco en el agua y decidía no nadar, y otras veces se sumergía por completo y nadaba en aguas más profundas, como alguien que nada por toda la alberca. Se sumergía por completo y utilizaba su trompa como si fuera un esnórquel, lo cual era genial.

Nadar con un elefante es algo surrealista, sobre todo en aguas azules tropicales. Recuerdo que pensé: “Guau, es una locura que esté aquí presenciando esto”. Con frecuencia, Rajan se encontraba en zonas menos profundas. Pero realmente esperaba conseguir una foto de él nadando sin peso en aguas más profundas, con sus patas pateando libremente, al estilo perrito.

Fue un reto porque siempre tenía que intentar mantenerme alejada de él y sus movimientos eran impredecibles, lo que hacía difícil anticipar hacia dónde nadaría. Todo dependía del estado de ánimo de Rajan. El día que tomé esta foto, estuve con él en uno de sus nados más largos y utilicé un cinturón de pesas para sumergirme en apnea y conseguir el ángulo que quería.

El mahout de Rajan siempre estaba cerca. Se sentía muy cómodo con Nazroo y no quería estar lejos de él. Su mahout original, quien fue el encargado de todo el entrenamiento brutal, murió por la mordida de una cobra, y Nazroo llegó después. Trabajé en conflictos entre humanos y elefantes durante varios años en Asia y realicé reportajes sobre los mahouts en la India, por lo que he observado diferentes niveles de relación entre humanos y elefantes, pero nunca había visto un vínculo tan fuerte como el de Rajan y Nazroo. Era como ver a una madre y a un hijo: una relación cariñosa y afectuosa.

Pasar tiempo con Rajan fue una experiencia increíble. Rajan probablemente fue el último elefante que veremos que nadaba en el océano, lo que le da a la imagen una emoción adicional. Con el aumento de las prohibiciones de tala, el empleo de elefantes para la tala ha disminuido considerablemente. Creo que todavía ocurre en algunos países asiáticos, pero es una práctica que, afortunadamente, está desapareciendo.

He tenido experiencias increíbles como fotógrafa. Creo que es importante compartir esas experiencias para animar e inspirar a la gente a salir de su zona de confort y vivir sus propias aventuras. No solo enriquece sus propias vidas, sino que refuerza su relación con la naturaleza y el medio ambiente, lo que significa que estarán más dispuestos a protegerlos. La fotografía puede marcar una verdadera diferencia en la vida de las personas.

CV de Jody MacDonald

Nacimiento: Ottawa, Canadá, en 1978.

Educación: Autodidacta.

Influencias: Steve McCurry, Ami Vitale, George Steinmetz.

Punto fuerte: “Nunca renunciar a seguir mi pasión por la fotografía”.

Punto débil: “Un camello me dio una patada en la cara en Sudán hace dos meses”.

Consejo principal: “Intenta siempre mejorar tu oficio y no te rindas”.

Jody MacDonald es una de los 100 fotógrafos que apoyan Vital Impacts, una recaudación de fondos para la venta internacional de impresiones que se lleva a cabo hasta el 31 de diciembre, creada por la fotógrafa Ami Vitale y la periodista Eileen Mignoni para recaudar fondos para Roots and Shoots del Instituto Jane Goodall, la Fundación Big Life, el Proyecto Ranger de Great Plains Conservation y SeaLegacy.

Visite vitalimpacts.org y @vital.impacts.

Para más información sobre Jody, consulte jodymacdonaldphotography.com/ y @jodymacdonaldphoto