‘¡Estuve tres días en la cruz!’, los actores hablan sobre su interpretación del Mesías
'No se trata de la apariencia'… James Burke,Dunsmore en Trafalgar Square, Londres. Foto: Richard Baker/In Pictures/Getty Images

Mientras crecía el actor cómico Slink Johnson en Arkansas, tenía una imagen específica de Jesucristo en su mente. “Era un hombre blanco con túnicas muy limpias”, dice. “Nunca un cabello fuera de lugar. Tenías que ser amable con él o su padre te arrojaría a un lago de fuego, ¿me entiendes?”. Hablando a través de Zoom desde su casa en Los Ángeles, donde la luz del sol celestial se cuela por las persianas detrás de él, añade: “Siempre tenía las manos así”. Y gira sus palmas hacia arriba.

Nada de eso describe la versión del Hijo de Dios que interpreta Johnson en la comedia Black Jesus, que se emitió durante tres temporadas entre 2014 y 2019. El Cristo de Johnson es un afroamericano marihuano que se relaja en su túnica, sus sandalias y su corona de espinas en el Compton moderno. A pesar de su afición por la hierba, realmente es el Mesías, un niño no muy travieso. Puede que se burle de las preguntas sobre los números de la lotería de la próxima semana, pero estará encantado de utilizar su poder divino para ayudarte a encontrar tus llaves (“Sala de estar, sillón, cojín derecho”). Cualquiera que se sienta insatisfecho con su suerte en la vida se le recuerda al gran hombre de arriba: “Les dije, Papá tiene un plan”.

Es posible que sea una de las representaciones menos ortodoxas de Jesús, pero también es una de las más dulces. Para ello es vital la cariñosa interpretación de Johnson. “Quiero pensar que él representa lo mejor de mí, menos algunas de mis formas más mundanas”, comenta. La controversia que suscitó Black Jesus fue leve, y apenas pudo sobrevivir ante el humor y el optimismo de la serie. “Creo que la gente esperaba que fuera provocadora o demasiado urbana o de ghetto”, dice Johnson. “Pero tiene esta calidez sincera”.

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‘Papá tiene un plan’… Slink Johnson en Black Jesus. Foto: Adult Swim

Por otro lado, las actitudes respecto a las representaciones del cristianismo se han relajado desde el furor que causó La vida de Brian del grupo de comedia Monty Python en 1979. O, en su caso, Jesucristo Superestrella. Aunque en la actualidad se considera que esa obra es uno de los pilares del teatro musical, su estreno en el Reino Unido en 1972 fue recibido con protestas, como recuerda su protagonista, Paul Nicholas. “Había gente afuera del teatro Palace con carteles”, dice. “Llamar a algo Jesucristo Superestrella era un poco peligroso. La situación era bastante delicada. Además, tenía una partitura radical y rockera. Por supuesto, una vez que la gente vio la obra, pudieron comprobar que se realizó todo con mucho cuidado”.

Lo mismo ocurre con otra interpretación de Jesús que causó un revuelo aún mayor: la creada e interpretada por la dramaturga Jo Clifford en El Evangelio según Jesús, Reina del Cielo. “Leí el Evangelio y me conmovió increíblemente la figura de Jesús”, me dice Clifford. “Para mi gran sorpresa, de verdad lo admiré. Concebí la obra que estaba escribiendo como un acto de devoción. Imaginé que no atraería ni la más mínima atención”. Cuando se presentó en Glasgow en 2009 para representar su obra, que adopta la forma de un sermón, se enfrentó en cambio a manifestantes que se oponían a gritos a que una mujer transexual interpretara al Hijo de Dios como una hija.

La obra de Clifford se basó en parte en la hostilidad que recibió desde que comenzó a vivir como mujer. “Cada vez que salía, la gente se reía, señalaba y gritaba insultos. Si lees el Evangelio, te das cuenta de que Jesús continuamente se acerca a las personas oprimidas y que sufren prejuicios”. La razón por la que estos manifestantes se enojaron tanto es que creían que yo pretendía atacar y difamar la religión cristiana, pero eso es lo contrario a lo que yo pretendía”.

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Presencia… Jo Clifford en El Evangelio según Jesús, Reina del Cielo. Foto: Arvind Mistry

De hecho, su Jesús personal ha creado un gran número de creyentes. “Ha habido personas que dicen: ‘Si el servicio de la iglesia hubiera sido así cuando yo era un niño’. Otra persona dijo:

‘¡Nunca me dijiste que me ibas a convertir en cristiano!'”. Entre los conversos se encontraba la propia Clifford. “Antes no era una verdadera cristiana. Mi fe ha surgido de la lectura del Evangelio, de hacer una obra de teatro con él y después, de representarla año tras año”. ¿Cómo construyó a Jesús como un personaje? “No sabría decirte”, se ríe. “Mis hijos a veces me dicen:

‘¡Estás haciendo tu voz de Jesús!’. Así que debo tener una voz de Jesús, sea lo que sea. Todo lo que hago en el escenario es decir las palabras con la mayor veracidad posible y con la mayor presencia posible”.

Independientemente de que se represente a Jesús como un drogadicto, un cantante o una mujer trans, existe una conducta unificadora de Cristo. Esa es la opinión de James Burke-Dunsmore, que ha interpretado a Jesús en cientos de ocasiones, especialmente como protagonista de la obra de la Pasión, de dos horas de duración, que se escenifica anualmente en Trafalgar Square. “No se trata de la apariencia”, dice. “He dirigido a otros Jesús, y han sido de todo tipo de formas y tamaños. Sin embargo, existe una característica que proviene de transmitir el texto sin forzarlo constantemente. Los Jesús más exitosos suelen transmitir una enseñanza o un juicio esperando que se los devuelvan en una especie de intercambio. La gente quiere recibir el texto sin que el ego o el egoísmo del actor se lo impidan”.

Para Greg Barnett, protagonista del drama-documental de 2019 de History Channel Jesús: Su vida, convertirse en el Mesías implicó pensar en él únicamente como un hombre. “Si me fijaba en la enormidad de él siendo Jesús, me habría espantado”, dice. “Sí recibí una crítica que me describía como ‘físicamente poco destacable‘, y al principio pensé: ‘Eso duele’. Pero era más o menos lo que pretendía. Quería encontrar esa normalidad en él: ser un tipo normal, con el dolor humano por el que pasó”.

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‘Me afectó profundamente’… Paul Nicholas en Jesucristo Superestrella en 1972. Foto: South Coast Press/Rex/Shutterstock

Con la excepción de Black Jesus, el humor en este contexto suele brillar por su ausencia, aunque Paul Nicholas logró divertirse de vez en cuando durante su temporada de 10 meses en Jesucristo Superestrella. “Actuando ocho veces a la semana, comienza a volverse un poco rutinario”, admite. “Y a veces podía ser un poco travieso. Una noche, estaba esperando en la oscuridad para empezar el segundo acto cuando un hombre del público estornudó. Susurré: ‘Salud, hijo mío‘. Eso sí, en voz muy baja, ¡para que solo la primera fila pudiera escucharlo!”. Aunque no se filmó la producción original de 1972, se puede ver un breve fragmento en el especial de Navidad de ese año de la comedia de la BBC Till Death Us Do Part, cuando Alf Garnett lleva a su familia a ver la obra y luego se dirige a Nicholas en el bar para hablar de la crucifixión. “¿Duele ahí arriba?“, le pregunta, por lo que el actor responde: “Bueno, me alegro cuando me bajo”.

Incluso para una persona no creyente como Nicholas, la escena de la crucifixión le pasó factura emocionalmente. “Me metía debajo del escenario y me sujetaban a esta estructura muy delgada para que cuando me levantaran pareciera que estaba colgado en el aire. El público se conmovía mucho con eso. Todo lo que se podía escuchar era uno que otro sollozo. Algunas noches me sentía tan abrumado que las lágrimas empezaban a fluir. Me sentía tan vulnerable ahí arriba, tan expuesto. Fue una experiencia religiosa, en cierto sentido, sin que yo fuera religioso. Me afectó profundamente”.

Barnett sintió lo mismo cuando filmó su escena de la crucifixión en Marruecos. “Fue la experiencia más intensa y loca estar colgado en la cruz viendo las montañas de la cordillera del Atlas, que estaban cubiertas de nieve”, recuerda. “Es algo que nunca olvidaré. Estuve en la cruz tres días en total. El último día, el sol se ponía detrás de las montañas mientras me bajaban, y comencé a llorar desconsoladamente. Todo era muy tranquilo; había una verdadera serenidad en el set. Después, tardé unos buenos 45 minutos en recuperarme. No fue negativo en absoluto, fue extrañamente catártico”.

Para Nicholas, el papel seguía siendo básicamente un trabajo. “Siempre se trata de actuar y fingir”, comenta. “Dejaba a Jesús en la puerta del escenario cuando me iba cada noche”. Pero para Barnett, el papel traspasó su vida. “Definitivamente tenía más tiempo y amor para dar a otras personas. Estás viviendo y respirando tu personaje, así que cuando es Jesús no puedes evitar comportarte así”. Por supuesto, también queda bien en el CV. “Absolutamente. A mi mamá le encantó cuando le dije que había conseguido el papel. Salíamos y me decía: ‘Oh, ¿puedo presentarte a mi hijo, Jesús? Y yo le decía: “¡Claro, madre!”.

Desde el punto de vista de Johnson, las lecciones que un actor se lleva del papel son eternas. “Se trata de todo lo que aprendimos en el kínder”, comenta. “Todas las cosas que ignoramos a lo largo del camino: trata a los demás como quieres que te traten, mantén tus manos quietas y sé amable”.