Reportar sobre el racismo: ‘Hay días en los que parece que estamos logrando algo’
Un cartel de No Room for Racism en el partido entre el West Ham y el Tottenham al que asistió Jacob Steinberg en octubre. Foto: Justin Setterfield/Getty Images


Jonathan Liew, escritor de deportes

Escribir sobre el racismo es agotador y, para ser sinceros, no muy divertido. Por definición, es una exploración sobre el dolor y el sufrimiento. Lo observamos cuando Azeem Rafiq habló en el Parlamento sobre el racismo con el que se encontró en el cricket en Yorkshire. Implica pasar gran parte del tiempo con los peores impulsos de la humanidad. Requiere intentar comprender la mentalidad de personas que no tienen ningún interés en entenderte. Lo constatamos cada vez que un político de derecha o un medio de comunicación intentan justificar el racismo bajo el engañoso estandarte de la ideología “anti-wokeness”.

Esto resulta doblemente cierto en el caso del deporte, que en su mayor parte representa un lugar al que acudimos para sentirnos animados, tal vez incluso para buscar un refugio temporal del mundo y sus complejos y enloquecedores problemas. Y muchas veces, en este trabajo, es imposible no sentirse un poco malhumorado. ¿Ese algo que sabes que te encanta? ¿Eso que has amado desde que eras un niño? ¿Esa fuente de recuerdos simples, felices e incorruptibles? Resulta que, en realidad, ¡está moralmente arruinado de forma desmesurada!

Entonces hay días en los que sientes que podrías estar logrando algo. Un artículo que haga cambiar de opinión a algunos. Una revelación o noticia que obligue a los poderosos a reflexionar.

O, en ocasiones, un momento que sencillamente te deja estupefacto. Quizás uno de los episodios más conmovedores de este año deportivo ocurrió en un amistoso de pretemporada en el estadio del Tottenham Hotspur en agosto, que de otra forma hubiera quedado olvidado, cuando Bukayo Saka fue introducido por el Arsenal como sustituto.

Como probablemente sabrán, Saka falló el penalti decisivo para Inglaterra en la final de la Eurocopa 2020 contra Italia en Wembley, y durante los días posteriores fue objeto de una despiadada y prolongada ola de abusos racistas. Ahora, al pisar el campo enemigo en el hogar de los mayores rivales de su club, los aficionados del Tottenham vitorearon cada uno de sus pasos: una muestra de solidaridad y compañerismo más allá de las fronteras tribales que resultó impactante en su desafío.

Fue un gesto que expresó: en realidad, al diablo con la rivalidad por un momento. Algunas cosas significan más. Y tienen que saber que nosotros lo sabemos. De vez en cuando hay días en los que parece que nadie escucha y nadie aprende, en los que queda muy poco a lo que aferrarse.

Pues bien, aférrense a eso.

Barney Ronay, escritor principal de deportes

Al cricket inglés nunca le faltan historias. Los Ashes dominarán el ciclo de noticias deportivas en cualquier momento. La Copa Mundial de Cricket T20 de este año es el preludio de las alegrías de la Copa Mundial de Cricket T20 del próximo año, y de la Copa Mundial de Cricket 50 del año siguiente. En la prisa actual por equilibrar los calendarios, por llenarse de acuerdos de derechos de televisión acumulados, cada año es el año de la Copa Mundial, cada par de meses un paso más en el carrusel de las franquicias.

Estos son los titulares. Sin embargo, la verdadera historia del cricket inglés se encuentra, como tantas veces, en otra parte. En las últimas semanas, la negativa de Rafiq a olvidar su experiencia de abuso racista institucionalizado en el Yorkshire County Cricket Club ha pasado de ser un ruido en las páginas de deportes a preguntas en el parlamento, a la reputación de la dirección en la sala de juntas de Nike y a un estado de emergencia en el condado más grande del cricket inglés.

Esta historia acaba de empezar. Pero podemos prometer que, con la ayuda y las aportaciones de los lectores, seguiremos contándola en las páginas de Guardian Sport, y que seguiremos intentando impulsarla hasta el siguiente paso.

Rafiq es un héroe. Su valentía no reside únicamente en contar su historia, sino en estar dispuesto a contarla hasta que la gente la escuche, y a hacerlo incluso cuando su persona es difamada y sus motivos cuestionados.

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Manifestantes contra el racismo frente al Yorkshire Cricket Club, Headingley. Foto: Gary Calton/The Observer

Ante la presión masiva de la opinión pública, en las altas esferas ha surgido una repentina voluntad para escuchar. Pero hay algo que es seguro. Esto no está ni cerca de terminarse, ni de solucionarse, ni de desaparecer, sin importar cuántos informes o declaraciones pueda presentar la Junta de cricket de Inglaterra y Gales, sin importar cuántas barreras se abran en la gestión de Yorkshire.

Todavía observamos sectores enteros de la sociedad subrepresentados en el juego profesional, hambrientos de oportunidades, excluidos por la costumbre y las estructuras, y con frecuencia más o menos invisibles a nivel directivo. Si la valentía de Rafiq nos enseña algo, es que aquellos que tienen una inversión en el statu quo solo responderán a la presión pública. Ahí es donde esperamos que el periodismo de The Guardian pueda tener un impacto.

Jacob Steinberg, periodista de fútbol

Hace unas semanas estuve en el estadio de Londres para ver al West Ham recibir al Tottenham en la Premier League. Para un judío puede resultar difícil asistir a este partido. Con frecuencia, el Tottenham ha sido objeto de burlas antisemitas, y no me sorprendió especialmente cuando escuché a un aficionado del West Ham que estaba cerca lanzarse a corear: “Vamos a correr por el Tottenham con los testículos fuera, cantando tengo un prepucio, no tienes…”

Fue un momento perturbador, un recordatorio de que la discriminación en el fútbol sigue siendo un problema a pesar de los repetidos esfuerzos por eliminarla: y todavía faltaba más cuando el West Ham viajó para enfrentarse al Genk en la Europa League el mes pasado. Las imágenes de aficionados burlándose de un judío en un avión con destino a Bélgica fueron otro golpe bajo.

Por desgracia, estos incidentes siguen siendo demasiado comunes, y el año 2021 se convirtió en una especie de punto de quiebre para el deporte y el racismo. El año pasado, Kick It Out, la organización benéfica contra la discriminación en el fútbol, advirtió que el “escandaloso” aumento de las denuncias de abusos racistas y homófobos en el fútbol profesional no era más que la punta del iceberg, y lamentablemente se ha convertido en parte de nuestro trabajo como reporteros de fútbol garantizar que se cubra el tema de forma adecuada, sensible y amplia.

Todos hemos experimentado esa sensación de malestar al estar sentados en un palco de prensa: el momento en el que nos damos cuenta de que un sector de los aficionados presentes en el estadio dirige insultos racistas a algún joven futbolista de color. Ocurrió cuando Inglaterra viajó a Budapest para enfrentarse a Hungría, no obstante, es fundamental señalar que el racismo no es solo un problema en países extranjeros: para Gareth Southgate fue desalentador tener que dedicar parte de su informe con los medios de comunicación tras la final de la Eurocopa 2020 para hablar sobre el racismo.

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Inglaterra e Italia se arrodillan antes de la final de la Eurocopa 2020 en Wembley el año pasado. Foto: Facundo Arrizabalaga/AFP/Getty Images.

Sin embargo, tenemos que hablar de ello. En The Guardian, se trata de un tema que seguimos cubriendo rigurosamente. En 2019 publicamos un amplio artículo sobre el aumento del racismo en el fútbol, tanto en el fútbol base como en el profesional, y a principios de este año volvimos a estudiar el problema. En 2021, nuestros columnistas escribieron una y otra vez sobre un tema que, en lugar de desaparecer, parece estar cada vez más arraigado.

Nos preparamos para el partido inaugural de Inglaterra en la Eurocopa 2020 contra Croacia con una entrevista al líder laborista Keir Starmer sobre el racismo en el fútbol y escuchamos a varias figuras dentro y fuera del deporte que hablan sobre la discriminación, entre ellos los exjugadores Lilian Thuram y Anton Ferdinand, y el poeta Benjamin Zephaniah. Chris Hughton nos habló de los retos a los que se enfrentan los entrenadores de color y nuestro premiado podcast, Football Weekly, emitió recientemente una entrevista con el exlateral del Liverpool y de la selección inglesa John Barnes sobre sus experiencias con el racismo.

La esperanza es que los artículos persistentes tengan un efecto positivo; que cambien las actitudes en las gradas y aumenten la diversidad en la cima del deporte. Nuestro deber es presionar a las autoridades, que con frecuencia se muestran indiferentes a este problema. Ya no es únicamente importante que sigamos hablando y escribiendo sobre el racismo en el fútbol. Es una obligación moral.