¡El desastre de las distracciones! Las notificaciones están arruinando nuestra concentración, aquí te decimos cómo escapar de ellas
Ataque de aplicaciones… recibir una notificación de un mensaje de un amigo, que no necesitas leer de inmediato, puede ser sorprendentemente agotador. Ilustración: Guardian Design

Joanie (nombre ficticio), una psicóloga clínica que vive en Londres, tiene tres laptops de trabajo. Se trata de algo habitual cuando trabajas en diferentes servicios del Servicio Nacional de Salud (NHS). A veces, se siente como el maestro de los sintetizadores de los años ochenta, Paul Hardcastle, que solía pasar rápidamente de un teclado a otro cuando tocaba en Top of the Pops. Excepto que no siempre se veía interrumpido bruscamente por notificaciones aleatorias.

“Cuando me conecto en una laptop”, cuenta, “aparece esta cosa automática llamada Netpresenter player. Es un teletipo de cinta, como uno de esos anuncios de las paradas de autobús que no deja de cambiar”.

Lo deja, porque necesita concentrarse en escribir notas antes de su próxima reunión. Pero sigue apareciendo con molestas notificaciones. “A veces estoy en medio de una sesión y empieza a reproducir música y un video, normalmente cosas como ‘No olvides lavarte correctamente las manos’, o ‘Oye, en media hora nos reuniremos todos para un seminario en línea sobre el bienestar del personal'”. Joanie dice que su bienestar mejoraría si fuera más fácil hacer su trabajo.

Con cada vez más partes de la vida gestionadas por internet, desde las operaciones bancarias hasta el entretenimiento o la salud, nos hemos adentrado en un infierno de notificaciones. En un mal día, la vida puede parecer una larga y estresante partida de Space Invaders. Abres el dispositivo para checar el clima, solo para ser bienvenido con un bombardeo de alertas invasivas, algunas interesantes (¡te pagaron!) y otras irritantes (una publicación sin sentido en el grupo de WhatsApp de tu vecindario, una actualización de software…) y antes de que te des cuenta, no te acuerdas para nada del clima.

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Revisar una notificación rápidamente conlleva un importante gasto mental. Foto: artiemedvedev/Getty Images/iStockphoto, modelo posando

Desplazarse por la interminable lista de videos explicativos de YouTube para dejar de recibir notificaciones ofrece una ventana a esta realidad distractora: “Desactiva las molestas alertas de Outlook”, “Cómo desactivar las notificaciones en el navegador de Google Chrome”, “Cómo DESACTIVAR TODAS las notificaciones en CUALQUIER iPhone“. PlayStation, Microsoft Teams, Facebook, Garmin smartwatch, la lista continúa, porque esta es una situación en constante evolución y no podemos mantener su ritmo.

Joanie es una persona que desactiva las notificaciones con frecuencia, pero estaría dispuesta a ver las de Teams y Outlook. La computadora que más usa ha comenzado a utilizar Microsoft Teams para conectarse con los empleados que trabajan desde la oficina o, desde el Covid-19, desde casa. Cuando lo abre, escucho un sofisticado timbre que me recuerda a los aeropuertos, con sus frecuentes anuncios sobre el cierre de puertas de embarque para los vuelos que no son el tuyo. Dice que es el sonido de “actividad”, que avisa sobre anuncios que pueden o no ser relevantes.

Además, está la función de chat general, que le notifica sobre más reuniones de las que cualquiera podría asistir. “Pero incluso cuando rechazo la invitación, a veces sigo recibiendo todos esos mensajes de la reunión que dicen: ‘No puedo ver las diapositivas’. Así que tienes que silenciarte activamente en cada ocasión”. Las notificaciones del correo electrónico aparecen innecesariamente en Microsoft Outlook, y con los niños pequeños, su teléfono personal nunca está lejos, con su flujo constante de recordatorios de la escuela, y otros avisos y alertas que necesita o no ha podido eliminar.

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‘Nadie se sienta a enseñarles a los niños a apagar las notificaciones’… Foto: Westend61/Getty Images, modelos posando

En su tercera laptop, solo hay una unidad compartida para archivos, y una cuenta de correo electrónico. “Cuando estoy en esa laptop, siento que puedo hacer mi trabajo con mucha más facilidad, porque eliges lo que haces“.

Sophie Leroy, profesora asociada en la Facultad de Negocios de la Universidad de Washington Bothell, es una experta en interrupciones laborales, aunque gran parte de sus hallazgos también se pueden aplicar a la vida personal. Ella clasifica las notificaciones en dos categorías: “Notificaciones como los correos electrónicos del trabajo, en los que se espera que des una respuesta de forma inmediata, debido a las reglas corporativas, en contraposición a cosas que posiblemente no requieran que cambies tu atención, como el Wall Street Journal, o tu tienda favorita, y entonces tienes que decidir si la cambias o no”. Ambas situaciones son un reto.

Recibir una notificación de un mensaje de un amigo, que no necesitas leer de inmediato, puede llegar a ser sorprendentemente agotador. “Te quedas como: ‘Está bien, ¿qué quiere mi amigo? Existe incertidumbre, y no manejamos muy bien la incertidumbre”. Ignorarlo, dice Leroy, resulta “cognitivamente difícil”. Se necesita autocontrol, y cuando lo necesitas varias veces por hora, tu cerebro se agotará. Si la actividad que estás realizando te parece extenuante, no tardarás en tomarte un descanso para escarbar en algunas de tus notificaciones. Pero incluso si tienes muchas ganas de seguir trabajando, comenta Leroy, “cuando utilizamos el recurso del autocontrol, este se agota con el tiempo, y será más difícil ignorar esas notificaciones”.

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Un mundo de constantes interrupciones… Foto: DjelicS/Getty Images, modelo posando

Revisar una notificación rápidamente, para poder descartarla y retomar nuestro trabajo, podría parecer por tanto la mejor opción, sin embargo, el costo mental es importante. “Mientras el cerebro pasa de un contexto a otro”, explica Leroy, “nuestro tren de pensamiento ya se rompió. Y cuando retomamos lo que estamos haciendo, al cerebro le cuesta recordar exactamente dónde nos encontrábamos. Recuperar ese ritmo, alcanzar el mismo nivel de concentración… eso requiere tiempo. Incluso después de unos segundos de cambio de atención, regresar puede resultar muy costoso”.

Puede que esto no represente el fin del mundo en muchos trabajos, pero ¿qué pasa si trabajas en algo como la atención médica? “Si se interrumpe a una enfermera que está administrando una medicina a un paciente”, comenta Leroy, “aunque sean unos segundos, existe el riesgo de que se equivoque de dosis u olvide si ya lo hizo o no“. La gente entiende este ejemplo, señala, pero cree que no está relacionado con ellos, sin embargo, su investigación dice lo contrario.

Leroy les da a las personas tareas complicadas en las que deben concentrarse, como revisar los CV para encontrar al candidato más adecuado para una determinada descripción de trabajo. Las personas que se ven interrumpidas, dice, “tienen un 17% menos de probabilidades de elegir al candidato más adecuado debido a los costos cognitivos asociados al hecho de tener que cambiar de atención”. En el infierno de las notificaciones, la productividad disminuye, al igual que la calidad del trabajo de una persona.

Todo esto significa que es más probable que lleguemos a la hora de salida sin haber terminado nuestras actividades, que entonces comienzan a devorar nuestro tiempo personal, el “tiempo de recuperación”, señala Leroy. “Y eso tiene un efecto directo en el bienestar y la salud mental, porque entonces no hay tiempo para desconectar”.

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Recuperar el ritmo después de ser interrumpido por una notificación requiere tiempo… Foto: filadendron/Getty Images, modelo posando

Incluso después de salir de la oficina, las notificaciones siguen llegando y seguimos revisándolas, “porque lo normalizamos, sin darnos cuenta de que si estás pasando un buen rato con tu hijo, o con un amigo, y de repente ves una notificación, estás cambiando entre diferentes mundos y nunca te encuentras por completo en el momento, ni lo disfrutas del todo. Y eso es verdaderamente crítico para el bienestar”. Un estudio demostró que las personas que prestan mayor atención a sus dispositivos que a sus amigos cuando interactúan con ellos presentan una mayor ansiedad y depresión. Otro estudio revela que la satisfacción de vida es menor.

Y sin embargo, para las personas que pertenecen a las generaciones más jóvenes, este estado de interrupción constante puede definir sus primeros años de adolescencia. Beth Walker es profesora de psicología en Yorkshire y tiene cuatro hijastros, los más pequeños de ellos son unas gemelas de 13 años. “Me preocupa la cantidad de notificaciones que reciben en tan poco tiempo”, dice Walker. “Tienen notificaciones de Snapchat, WhatsApp y mensajes de texto”.

Teme que el simple peso de las notificaciones las presione. “Sienten la necesidad de responder inmediatamente. No pueden pensar: ‘Puedo dejar eso hasta que tenga un minuto'”. Y Walker supone que perciben las consecuencias sociales si no lo hacen. “Creo que piensan que sus amigos esperan que respondan de inmediato, o de lo contrario quizá no sean tan buenas amigas como deberían”.

Anna Cox, profesora de interacción entre humanos y computadoras en el University College de Londres, ofrece algo de tranquilidad. “No tenemos ninguna evidencia sólida de que los jóvenes se vean más perjudicados, si prefieres, que cualquier otra persona”. Pero admite que una de las peores cosas de toda nuestra tecnología es que está diseñada para acaparar nuestra atención, y llega con las notificaciones encendidas.

“Siento mucha simpatía por los jóvenes, que reciben su primer celular cuando tienen 10 u 11 años por lo general, y nadie se sienta a enseñarles cómo desactivar las notificaciones. Y por eso se ven bombardeados por estas cosas. Creo que tenemos que realizar un trabajo mucho mejor para educar a la gente de todas las edades”.

Lane dice que los hermanos mayores de las gemelas (20 y 17 años) ahora manejan sus notificaciones con menos urgencia. “Con la orientación adecuada, a medida que crecen, son capaces de ser moderados. Siguen recibiendo las mismas notificaciones, pero si están a la mitad de algo, dejarán el teléfono por dos horas, o lo que requiera”.

Cox lamenta que muchos novatos en el uso de celulares no sepan cómo utilizar los modos nocturnos o la función de no molestar. “Se han registrado muchos casos de niños que se despiertan durante la noche porque alguien les envía mensajes de texto. Cuando observas que puede afectar el sueño de la gente, no es de extrañar que estén estresados. Están agotados“.

Lane comenta que las gemelas todavía están en una edad en la que entregan sus teléfonos antes de irse a dormir, pero que puede ser más difícil obligar a los adolescentes de mayor edad a hacerlo.

Entretanto, las personas que ahora trabajan a distancia probablemente se despidieron de las distracciones de las oficinas abiertas, pero, como en el caso de la laptop que menos le gusta a Joanie, el software está llenando ese agradable y apacible vacío. “Antes podían tener el teléfono en su escritorio, y el correo electrónico”, dice Cox, “pero ahora también tienen Teams y Slack y Zoom y tienen la sensación de que están todas estas cosas diferentes de las que pueden estar recibiendo mensajes“.

Cox comenta que no existen pruebas de que el infierno de las notificaciones afecte de forma permanente nuestra capacidad de concentración. Todavía podemos prestar atención cuando realmente es necesario. Los cirujanos y los camioneros todavía pueden concentrarse con seguridad en sus labores durante horas y horas. “Pero quizá existe un cambio en nuestra forma de ver el mundo”, explica. “Lo que realmente nos gusta es la novedad. Antes de que tuviéramos acceso a toda esta tecnología, era bastante difícil encontrar cosas nuevas, ¿verdad? Era emocionante si tenías un libro nuevo, o si se emitía el siguiente episodio de EastEnders”. Ahora, por supuesto, sobre todo si no hemos desactivado las notificaciones, hay un flujo constante de nuevos contenidos que compiten por nuestra atención.

Al igual que los cachorros obedientes, la tecnología condicionó a los humanos a reaccionar a las notificaciones. La mayoría de estos fastidiosos avisos digitales son cosas aburridas, pero como de vez en cuando recibimos uno de alta recompensa, un mensaje de un nuevo amor, o una actualización sobre una entrega emocionante, “obtenemos esta respuesta al estilo Pavlov”, señala Cox, “en la que terminamos pensando: ‘Oh, tal vez esta sea una emocionante’, y queremos responder de inmediato”. A estas alturas, la mayoría de nosotros estamos familiarizados con la noción de las descargas de dopamina que hacen que revisar el teléfono sea adictivo. La dopamina es nuestro neuroquímico motivador, nuestro mecanismo de deseo y búsqueda, y la novedad es uno de sus principales desencadenantes. Sin embargo, la parte de deseo de nuestro cerebro es más poderosa que la parte de placer, lo que hace que la relación entre el deseo y el placer sea más negativa. Por este motivo, en muchas ocasiones, leer una notificación es como ser un niño pequeño que desenvuelve el regalo de Navidad más grande pero más decepcionante.

Aunque las notificaciones son malas para nuestra productividad, capacidad cerebral y salud mental, para algunos la idea de quedarse sin ellas puede ser angustiosa, como descubrió un equipo de investigadores españoles y estadounidenses en 2017 cuando les pidieron a los participantes que lo hicieran durante 24 horas. Aunque las 30 personas que aceptaron el reto se sintieron menos distraídas y más productivas, también sintieron, dice el estudio, “que ya no eran capaces de responder como se esperaba que lo hicieran, lo que hizo que algunos participantes se sintieran ansiosos. Y se sintieron menos conectados con [su] grupo social”. A pesar de estas quejas, después de participar, aproximadamente dos tercios de ellos planearon cambiar su forma de gestionar las notificaciones, y dos años después, la mitad del grupo cumplió esos planes.

‘El problema es real’, dice Cox, pero existen medidas que podemos adoptar para minimizar el infierno de las notificaciones. Las empresas tecnológicas, como Microsoft, señalan que están intentando hacer que estos mensajes sean menos molestos. “Nuestra investigación nos enseñó que las notificaciones y las interrupciones pueden ser valiosas y perturbadoras“, comenta Mary Czerwinski, directora de investigación del grupo Human Understanding and Empathy de Microsoft, antes de señalar las nuevas funciones que la empresa ha introducido. Focus Assist, dice, “intenta bloquear las notificaciones de las redes sociales y otras aplicaciones para que los usuarios puedan trabajar sin distracciones durante largos periodos de tiempo”. Además, se puede establecer un temporizador de Sesión de Concentración dentro de la aplicación Reloj.

No obstante, las notificaciones siempre provienen de algún sitio. La consulta con tu médico general, la escuela de tus hijos, tu propio recordatorio semanal de que es el día que pasa la basura. Incluso las cosas más sencillas pueden ayudar, sugiere Cox, “como poner tu teléfono en un cajón, mientras te dedicas a la aburrida actividad laboral”. También sugiere compartimentar y, cuando sea posible, tener distintos dispositivos para el trabajo y la vida personal, o incluso tener distintas cuentas de usuario en el mismo dispositivo. Algunos teléfonos Android, explica, permiten tener dos usuarios. Uno puede ser tu usuario de trabajo y el otro tu usuario de fuera de trabajo. Desactivar las notificaciones de las aplicaciones y, dice, “esas insignias que te dicen cuántos mensajes no has leído todavía, reducirán las distracciones”. En el caso de Facebook, comenta, no solo tendrás que desactivar las notificaciones, sino también los correos electrónicos. “Probablemente solo querrás saber si alguien entró a tu cuenta de Facebook”. Pero igualmente, si no tienes la capacidad mental para administrar las complicadas notificaciones en este momento, dice, “no deberíamos asustarnos ni preocuparnos demasiado por ello. No es cocaína”.

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‘Tenemos que tener en cuenta la protección de nuestra atención’. Foto: PeopleImages/Getty Images, modelo posando

Leroy solo utiliza el correo electrónico y los mensajes de texto, y decide cuándo los revisa. Sin embargo, desarrolló una sencilla estrategia para reducir la carga mental que supone el cambio de contexto en caso de interrupción, denominada “plan de estar listo para reanudar”. Antes de revisar la notificación, explica, “dedica un par de segundos para anotar dónde estabas y, lo que es más importante, lo que ibas a hacer después, o en qué punto tenías dificultades. Así te desconectas y atiendes lo que se avecina”. Esto ayuda a que tu cerebro ponga un punto final sobre lo que estabas haciendo. “Así estás más centrado en las solicitudes de interrupción. Y entonces, cuando lo retomas, tienes una pista de dónde te encontrabas y eres capaz de retomarlo mucho más rápido”.

Del mismo modo, si la notificación requiere realizar alguna acción pero no es urgente, no la dejes pasar. Anótalo. “El cerebro no reacciona bien ante algo que está pendiente cuando no hay un plan sobre cómo resolverlo”, comenta Leroy. “Anotar que lo retomarás y te ocuparás del correo electrónico de Jerry ayudará a que tu cerebro se relaje ante el hecho de que tienes pendiente el correo electrónico de Jerry”.

“Tenemos que ser conscientes de proteger nuestra atención”, señala. “Lo damos por hecho. Entender que tenemos esas limitaciones cognitivas, y ser humildes al respecto”.

Cada vez que Leroy descarga una nueva aplicación, desactiva las notificaciones. “Eso es lo que hago por defecto”, explica. Como añade Cox, “estas notificaciones nos entrenan para responder. Y son muy eficaces. Por esa razón, todas las empresas las utilizan. Y por eso tenemos que luchar, discretamente, apagándolas”.