Emmanuel Macron provocó un gran revuelo tras afirmar que la estrategia de vacunación de su gobierno consiste en “enojar” a las personas que no se han vacunado contra el coronavirus, al seguir dificultándoles la vida diaria.

“No se trata de hacer enojar a los franceses”, dijo el presidente en una entrevista con los lectores de Le Parisien el martes. “Pero en cuanto a los no vacunados, realmente quiero hacerlos enojar. Y seguiremos haciéndolo, hasta el final. Esa es la estrategia”.

Las declaraciones de Macron surgieron en un momento en el que el parlamento francés debatía una nueva legislación que, de ser promulgada, implicará que a partir del próximo mes solo los vacunados en su totalidad -y ya no aquellos que tengan un resultado negativo de la prueba deCovid-19- tendrán derecho a obtener el pasaporte sanitario del país.

“”Pero en cuanto a los no vacunados, realmente quiero hacerlos enojar. Y seguiremos haciéndolo, hasta el final. Esa es la estrategia”. Emmanuel Macron”

El pasaporte, introducido este verano, es un requisito en Francia para acceder a lugares públicos cerrados como cafés, restaurantes, cines, museos, salas de conciertos y centros deportivos, así como para abordar trenes y aviones que recorren largas distancias.

“En una democracia, los peores enemigos son la mentira y la estupidez”, dijo Macron. “Estamos presionando a los no vacunados mediante la limitación, en la medida de lo posible, de su acceso a las actividades de la vida social”.

Francia ha vacunado a casi el 90% de su población elegible, indicó Macron, y únicamente “una minoría muy pequeña se resiste. ¿Cómo reducimos esa minoría? La reducimos -perdón por la expresión- haciéndolos enojar aún más”.

El presidente, que dijo que quería postularse para un segundo mandato en las elecciones presidenciales de abril, pero que no haría pública su decisión hasta que “la situación sanitaria lo permita”, añadió que “no iba a encarcelar [a los no vacunados], ni a vacunarlos a la fuerza”.

Así pues, señaló, “tenemos que decirles: a partir del 15 de enero, ya no podrán ir al restaurante. Ya no podrán ir a tomar un café, ya no podrán ir al teatro. Ya no podrán ir al cine”.

Macron añadió: “Cuando mis libertades amenazan las de los demás, me convierto en alguien irresponsable. Una persona irresponsable no es un ciudadano”.

Los adversarios políticos de Macron acusaron al presidente -que en los primeros meses de su mandato se enfrentó a acusaciones de arrogancia, falta de tacto y de no estar en contacto con parte de la población francesa- de lenguaje excesivo.

“Ninguna urgencia sanitaria justifica esas palabras”, dijo Bruno Retailleau, líder de los republicanos de derecha en el Senado. “Emmanuel Macron dice que ha aprendido a amar a los franceses, pero parece que le gusta en particular despreciarlos”.

Marine Le Pen, líder de la ultraderechista Agrupación Nacional, señaló que un presidente “no debería decir esas cosas”, añadiendo que ese lenguaje “no era digno del cargo “y que Macron estaba “convirtiendo a los no vacunados en ciudadanos de segunda clase“.

Otras personas también criticaron la propuesta de ley. Jean-Luc Mélenchon, líder del partido de izquierda radical France Insoumise, calificó las palabras de Macron como “espantosas”, y añadió: “Es evidente que el pasaporte de vacunación es un castigo colectivo contra las libertades individuales“.

Los analistas indicaron que, si bien las palabras fueron crudas y podrían provocar una reacción extrema y posiblemente violenta de las personas antivacunas, las declaraciones del presidente parecían reflejar un cuidadoso cálculo político.

Las encuestas revelan que la gran mayoría de los votantes franceses se sienten cada vez más frustrados respecto a la pandemia y apoyan la aprobación de la vacuna como un método eficaz para acabar con ella, y de aquellos que se oponen, es probable que muy pocos voten por Macron.