Sidney Poitier: una estrella innata del cine que fue pionera silenciosa de una revolución

Para los Estados Unidos del período de posguerra, Sidney Poitier se convirtió en algo parecido al Cary Grant negro: un actor bahameño-estadounidense sorprendentemente guapo y bienhablado. Era una estrella innata del cine que proyectaba pasión, pero atenuada por un tipo de elegancia y moderación que los espectadores blancos encontraban muy reconfortante.

Poitier era elegante, varonil, dueño de sí mismo, con una dignidad innata y una enorme presencia en la pantalla. Además, tenía una voz hermosa y melodiosa, fruto de su infancia en las Bahamas y de sus primeros años difíciles en Nueva York, en los que intentaba triunfar como actor y estudiaba en privado las voces de los melifluos locutores blancos de la radio. Fue un actor tradicional y clásico en muchos sentidos, siguiendo los pasos de Paul Robeson y Canada Lee, pero sumamente elegible para una nueva generación de papeles modernos.

Casi todos sus célebres papeles en el cine están definidos por la raza y la diferencia racial, particularmente ese extraordinario trío de películas que se estrenaron en un año, 1967. En To Sir With Love, fue el profesor negro que visita el Londres de la época del swing y que logra conectar con los niños desafiándolos a ser adultos. En Guess Who’s Coming to Dinner es el hombre negro que se quiere casar con una joven blanca, en unos Estados Unidos en los que esto todavía era ilegal en muchos estados del sur. (Esta propuesta provoca una insoportable turbación en los padres liberales de su prometida, interpretados por Spencer Tracy y Katharine Hepburn). Y en In the Heat of the Night fue el detective de homicidios negro obligado a ayudar a un policía blanco intolerante, interpretado por Rod Steiger.

Vea el tráiler de To Sir With Love

Poitier siempre fue admirado por su estilo e inteligencia y una técnica instintiva y clásica. Fue una persona destacada. Pero a medida que se desarrollaban los años 60, en una nueva era de poder negro y radicalismo, Poitier se vio fuera de moda, ridiculizado como un vendido pseudoblanco, la alternativa segura para una industria cinematográfica conservadora que solo toleraba a este Tío Tom bienhablado. El dramaturgo negro Clifford Mason escribió un artículo en el New York Times en el que criticó duramente a Poitier, afirmando que “el NAACPismo artístico es todo lo que representa este periodo cinematográfico de Sidney Poitier“. Este nuevo ambiente, y la sensación de que no existían buenos papeles para un hombre negro de mediana edad, provocaron que Poitier se retirara de la actuación, regresando a papeles de carácter de menor importancia a finales de los 80 (incluyendo, inevitablemente, una actuación como Nelson Mandela en una película para televisión contra Michael Caine como FW de Klerk). Sin embargo, se convirtió en un director prestigioso, a cargo del gran éxito comercial Stir Crazy, con Gene Wilder y Richard Pryor. También dirigió algunas películas protagonizadas por Bill Cosby, una asociación profesional de cuyas vergüenzas difícilmente se le puede culpar ahora.

Vea una escena de Guess Who’s Coming to Dinner

Poitier saltó a la fama con No Way Out, en 1950, una película noir sobre crímenes dirigida por Joseph Mankiewicz, en la que interpreta al doctor negro de un hospital que tiene que tratar a un matón blanco y racista (una actuación característica de Richard Widmark). Cinco años después, a la avanzada edad de 28 años, Poitier fue elegido para interpretar a un adolescente problemático en Blackboard Jungle, la “película temática” sobre la delincuencia adolescente y las escuelas marginales, complementada posteriormente por su profesor negro en To Sir With Love. En consonancia con su carrera posterior, aportó el escalofrío de la raza negra, pero también fue un buen hombre confiable. La raza también fue un factor en Edge of the City (1957), en la que interpreta a un alijador simpático y seguro de sí mismo que se convierte en una especie de mentor de un tipo problemático que está huyendo de la policía militar (un joven John Cassavetes). La franqueza y la sonriente simpatía de Poiter en esta película lo mostraron en su mejor momento.

No obstante, fue en The Defiant Ones (1958) donde se mostró más desinhibido, en el papel del prisionero negro encadenado al criminal intolerante de Tony Curtis, que logran escapar juntos, comprendiendo que tienen que trabajar juntos y, finalmente, haciéndose amigos.

Después llegó la película por la que se convirtió en el primer hombre negro en ganar el Oscar al mejor actor: Lilies of the Field (1964), en la que un hombre común descubre que fue engañado para realizar trabajos manuales para unas monjas alemanas expatriadas, construyendo finalmente su capilla y logrando una misteriosa, aunque sentimental redención para él y para ellas. Se trata de una película llena de amabilidad y encanto, y que obviamente no trata el tema de la raza. Tres años más tarde llegó ese año milagroso en el que se estrenaron sus tres grandes películas, y entonces surgió el desafecto.

‘Al calor de la noche’

Retrospectivamente, algunas de las interpretaciones de Poitier resultan un poco insípidas, y el hecho de que durante mucho tiempo pareció ser el único actor negro de Hollywood lo dejó expuesto. El artículo de Clifford Mason lo hirió y la obra de teatro Six Degrees of Separation de John Guare, de 1990, basada en la historia real de un joven negro estafador que se infiltró en los departamentos y las vidas de los blancos ricos haciéndose pasar por el hijo de Sidney Poitier, lo afectó aún más. Algunos críticos encontraron en esta historia una perversa parábola de la forma en que se le permitió al propio Poitier convertirse en un huésped en el mundo blanco de la cultura estadounidense.

No cabe duda de que pudo ser un poco excesivamente controlador en la elección de sus papeles. Desconcertantemente, se negó a interpretar a Otelo -un papel en el que sin duda hubiera triunfado- debido a la imagen negativa que promovía de las personas negras, prefiriendo proyectos como su sonora grabación en LP de lecturas de Platón.

Vea el discurso de aceptación de Sidney Poitier en los Óscar

Sin embargo, en el siglo XXI, se revalorizaron los logros de Poitier. Al fin y al cabo, Guess Who’s Coming to Dinner trataba el tema de los matrimonios interraciales y el sexo, un tema del que el Hollywood moderno huye a toda costa. Poitier lo abordó con dignidad y franqueza. Si fue un personaje elegante y con aspiraciones, ¿qué importa? Ese era la realidad; él conectó con algo que el Hollywood blanco rara vez reconoce: la amplia gama de la clase educada negra de Estados Unidos que asciende con libertad, gente que siempre se enfrentará a prejuicios insidiosos y a la condescendencia.

Poitier creó un espacio para la actuación afroamericana que hizo posible las carreras de Laurence Fishburne, Denzel Washington, Forest Whitaker, Terrence Howard y muchos más. La riqueza, la fuerza y la inmediatez de sus interpretaciones en Edge of the City, Guess Who’s Coming to Dinner? y In the Heat of the Night lo convierten en un pionero de la pantalla y en una leyenda de Hollywood.