El fin del traje: ¿El Covid-19 acabó con el básico de la moda masculina?
Oliver Cheshire en Hardy Amies, Jon Hamm como Don Draper de Mad Men y un traje de M&S. Foto compuesta: Getty/AMC/M&S

La familia de Simon Cundey lleva siete generaciones confeccionando trajes de hombre, tomando 37 medidas de cada cliente durante la Gran Depresión y las dos guerras mundiales. El arsenal de gises, tijeras e hilos del sastre fue puesto a trabajar todos los días de la semana desde la fundación de la empresa en 1806, hasta marzo de 2020, cuando el gobierno ordenó que casi todos trabajaran desde casa.

“Si hay algo que no puedes hacer en casa, es medir a la gente para los trajes”, dice Cundey, que ha trabajado para su empresa familiar, Henry Poole & Co, sastrería en Savile Row en Londres desde principios de sus 20 años. “La pandemia es, con diferencia, la peor crisis a la que se ha enfrentado el negocio. Es mucho peor que la Gran Depresión o de lo que fueron las guerras.

En tiempos de guerra, las fuerzas aliadas estuvieron aquí, así que hicimos uniformes para estadounidenses y canadienses, y todavía podíamos ver a los clientes cara a cara“, comenta, mientras platicamos en sillones de cuero frente a una ardiente chimenea en la tienda, rodeados de 48 órdenes judiciales enmarcadas de la familia real y otros líderes mundiales.

Tras el confinamiento, Cundey y su equipo de cortadores, costureros, confeccionadores de pantalones, sacos y chalecos vuelven a trabajar en el número 15 de Savile Row –la calle conocida en todo el mundo como la cuna de la mejor ropa de caballero hecha a la medida– en Londres y los clientes vuelven a entrar por las puertas. Pero no hay tantos como antes de la pandemia, y menos que antes de la crisis financiera de 2008. Es una historia que se repite a lo largo y ancho de “the row“, y en otras sastrerías de todo el país, así como en los minoristas de la calle principal, desde Marks & Spencer hasta Reiss, y en las empresas en línea, desde Mr Porter hasta Asos.

Las declaraciones sobre la caída de la popularidad no son mucho más acreditadas que las de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS), que el mes pasado eliminó los trajes de la canasta de bienes que utiliza para calcular la tasa de inflación anual. La agencia de estadísticas del gobierno señaló que los trajes, que habían figurado en la canasta todos los años desde 1947, no eran adquiridos con la suficiente frecuencia como para figurar en la canasta de 733 bienes y servicios representativos seleccionados para medir el costo de vida en Reino Unido. Fueron sustituidos en la canasta de la ONS por un “saco o blazer formal”.

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Dentro de Gieves & Hawkes en Savile Row, Londres. Foto: Adrian Lourie/Alamy

Nick Paget, redactor jefe de moda para hombres y “analista de tendencias” de la empresa de análisis de consumo WGSN, comenta que “muchos hombres simplemente se han desenamorado de los trajes, si es que alguna vez los amaron“.

Paget, que lleva más de 20 años trabajando en el sector de la moda para hombres, explica que los trajes ya estaban en declive mucho tiempo antes de la pandemia, y que los viernes de ropa informal estaban acabando poco a poco con la formalidad en la oficina. “Pero 18 meses de andar desgarbado por la casa en pants y una sudadera con gorra definitivamente lo aceleraron”, dice, y agrega que la gente simplemente necesita los trajes en menor medida que antes. “Cuando un hombre solía tener que usar traje para ir a trabajar, no era solo uno. Tenía varios trajes en rotación y en la tintorería”.

Los hombres, dice Paget, actualmente no tienen miedo de decirle a sus jefes lo que quieren usar para el trabajo. “Espero que, como parte del acuerdo para regresar al trabajo, se espere que la gente use menos trajes formales“, comenta. “Personalmente, odio vestir una camisa con cuello, y sé que no soy el único”.

Las cifras de la empresa de estudios de mercado Kantar Worldpanel lo respaldan. Descubrió que el gasto en trajes de hombre cayó de 460 millones de libras en 2017 a 157 millones de libras en 2020, antes de recuperarse ligeramente a 279 millones de libras el año pasado. El traje está siendo reemplazado, señala Paget, no por conjuntos de trabajo desde casa compuestos por pants, pantalones de mezclilla o sudaderas, sino por “chaquetas de faena”.

Cuando le pedimos que lo explique, responde: “En realidad, lo dice el nombre”. Se trata de chaquetas diseñadas inicialmente para que los trabajadores las usen para realizar trabajos manuales, de pintura o de plomería. Originarias de la Francia de finales del siglo XIX, donde las usaban los trabajadores del campo y los obreros, las chaquetas fueron apodadas “bleu de travail” o “overol del trabajador” por su profundo tono índigo.

“Los básicos del uniforme de trabajo que son cómodos y prácticos han sido ascendidos a atuendos de oficina, sobre todo en las industrias creativas”, señala Paget. “Se han mejorado las telas y los detalles, pero básicamente son prendas que habría usado un fontanero de la vieja escuela”.

M&S, que ha reducido su número de tiendas que venden trajes a 110 de sus 245 locales más grandes, le atribuyó a la tendencia del uniforme de trabajo el mérito de ayudarla a regresar a los beneficios semestrales.

Wes Taylor, director de moda para hombres de M&S, señala que el traje ha estado en declive desde al menos 2019, cuando el mercado para ellos cayó un 7%. Como resultado, la empresa está cambiando para centrarse en los “separados“, pantalones de vestir y sacos que se venden por separado para que puedan ser mezclados y combinados con ropa menos formal.

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Henry Poole & Co en Savile Row, la empresa familiar de Simon Cundey. Foto: Roger Hutchings/Corbis/Getty Images

“La pandemia aceleró la tendencia a vestirse de manera más informal, especialmente en la oficina, donde, para muchos, los pantalones estilo chinos y la camisa es el nuevo uniforme“, explica Taylor.

Gieves & Hawkes, la sastrería más conocida en Savile Row, que data de 1771, podría desaparecer pronto. Trinity Group, el propietario chino, entró en liquidación a principios de este año después de no encontrar un comprador para la sastrería.

Al igual que la mayoría de las empresas del sector, Gieves & Hawkes comenzó vendiendo uniformes militares a oficiales del ejército. Su sede se encuentra en el número 1 de Savile Row, la antigua sede de la Royal Geographical Society, y es, con diferencia, la tienda más grande de la calle. Bajo la propiedad china, la empresa se expandió a 58 tiendas en 25 ciudades, lo cual, según los expertos, puede ser la razón por la que ha sido difícil de vender. “La ubicuidad ha disminuido en cierta medida la exclusividad”, dice Paget.

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Chaqueta de trabajo Norfolk de Carrier Company. Foto: Andy Hook/Cortesía de Carrier Company

Gieves & Hawkes no es la única sastrería en apuros. Hardy Amies, la marca fundada por Sir Edwin Hardy Amies en 1946 y especializada en trajes para los olímpicos británicos, quebró en 2019. Thomas Pink, el fabricante de camisas de la City, quebró en 2020 antes de que el exejecutivo de JD Sports, Nick Preston, se la comprara al expropietario, el conglomerado de lujo LVMH (Moët Hennessy Louis Vuitton).

Andy Saxton, director de información estratégica para la moda que trabaja en Kantar, no prevé que el mercado de los trajes de oficina se recupere, pero cree que la gente está más dispuesta que nunca a gastar dinero en trajes para bodas y fiestas. “La informalización ha crecido desde hace algunos años“, comenta, mientras viste un suéter azul marino con pantalones de mezclilla oscuros. “El mercado de los trajes ha descendido un 40% en cinco años, no creo que alguna vez vuelva a ese nivel. Pero sí considero que hay grandes oportunidades para vestirse de gala para las celebraciones, me parece que todo el mundo irá vestido a lo grande para las bodas”.

Saxton comenta que las personas exigen que la ropa “trabaje más arduo” para ellos. “No quieren gastar dinero comprando algo únicamente para la oficina”, señala. “Quieren que su ropa tenga un carácter flexible y sea multiusos: ‘Sí, puedo ponérmelo para ir a trabajar, pero también podría ponérmelo para salir por la noche con mis amigos’. Ahora todo gira en torno a difuminar los límites entre el trabajo y la vida“.

Durante el Viernes Negro en Reino Unido, los trajes fueron los artículos más rebajados, con un 54% de todos los artículos de sastrería rebajados, según los datos de WGSN Instock.

En Henry Poole, Cundey cree que la sociedad está a punto de atravesar un “período de elegancia” masivo que se filtrará en todos los ámbitos de la vida, conforme regresemos a la vida anterior a la pandemia. “Es como si la gran bestia despertara de su sueño”, comenta. “A medida que la gente regrese al trabajo y vuelva a relacionarse socialmente, recordará por qué tiene que ser elegante”.

“Pronto tendremos el Ascot y el Wimbledon, por supuesto”, dice. “Pero para todos, siempre hay un momento en el que hay que arreglarse hasta cierto punto“.

“Cuando tu esposa o tu pareja se visten de gala y tú sales con una sudadera y un par de pants, tienes que preguntarte: ¿estarían contentos contigo? La respuesta es no, por supuesto“.

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Un aprendiz de sastre en Henry Poole & Co en Savile Row. Foto: RJT Photography/Alamy

Cundey considera que la razón por la que a muchos jóvenes no les gustan los trajes es porque han usado la talla equivocada. “Muchas personas dicen que odian usar trajes, pero eso probablemente se deba a que los obligaron a usar uno que no les quedaba bien en la escuela”, comenta. “Yo también odiaría usarlos si no me quedaran bien. La regla número 1 es que no debes sentir un traje. Debe ser natural, no debe ser apretado ni holgado“.

Vestir el traje equivocado, señala Cundey, es peor que no usar ninguno. “¿Recuerdas cuando (Mark) Zuckerberg, de Facebook, tuvo que comparecer ante el Congreso?” comenta Cundey. “Parecía un alumno travieso porque su traje era tres tallas más pequeño”. El periódico The New York Times lo bautizó como el “traje de pedir perdón“.

Cundey, que usa traje todos los días, tiene una opinión sobre casi todos los hombres famosos y su vestuario. Criticar a Boris Johnson, comenta, es demasiado fácil, pero lo intenta de igual manera. “Obviamente, Johnson podría tener un aspecto mejor, sus trajes son demasiado grandes. Pero, en realidad, todo se reduce a la mentalidad y a la forma en que uno se presenta. Algunos lo entienden, otros no”.

Se espera que los hijos de Cundey –Henry (al que apodan Enrique VIII, ya que es la octava generación desde el Henry Poole original) y Jamie– mantengan la tradición de la sastrería familiar, pero ni siquiera ellos usan trajes todos los días, reconoce finalmente Cundey.

“Son elegantes casuales”, comenta, “pero no me defraudan”.

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