Los laboratorios en las montañas transforman a Honduras de estación de paso de la cocaína a productor
Miembros de la policía antidrogas de Honduras incineran 8 mil 447 kg de cocaína en Tegucigalpa en marzo. Foto: Orlando Sierra/AFP/Getty Images

Tras una hora de caminata desde la carretera más cercana, un inspector antidrogas hondureño, que portaba una escopeta colgada a su hombro, nos condujo a un claro en la ladera de una montaña, repleto de arbustos de coca marchitos que su unidad arrancó días atrás.

Unas mangueras negras de riego cruzaban el campo de aproximadamente 1.6 hectáreas hasta la confluencia de dos arroyos, donde, bajo un dosel, se encontraban los restos carbonizados de un laboratorio improvisado para el procesamiento de las hojas de coca en pasta, el precursor de la cocaína.

“Esta plantación era pequeña”, comentó el inspector, con el sudor goteando por su frente. “Hemos encontrado otras que tenían entre 12 y 16 hectáreas”.

Después de décadas en las que Honduras fungió como un país de tránsito a lo largo de la autopista de la cocaína desde Sudamérica hasta Estados Unidos, las plantaciones de coca se están extendiendo por todo el país como si se tratara de una planta invasora cuyas semillas son llevadas por el viento.

En 2021, las autoridades erradicaron una cantidad récord de plantas de coca. Este año, prácticamente no ha pasado una semana sin que se descubra otra plantación, y las autoridades ya están a punto de superar la cifra récord del año pasado.

La producción de cocaína en Honduras todavía se encuentra en sus inicios y es poco probable que llegue a acercarse a los niveles de los tres mayores productores de cocaína: Colombia, Perú y Bolivia. Sin embargo, si no se controla, podría dar lugar a una nueva generación de narcotraficantes y fortalecer los antiguos cárteles, tal como ocurrió con el cambio de las rutas de tráfico de drogas del Caribe a Centroamérica a principios de siglo.

“Si no tenemos cuidado, podríamos quedarnos inundados”, dijo un oficial antidrogas. “No queremos terminar como Colombia”.

El aumento de la producción nacional de cocaína se produce en un momento en que el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández se enfrenta a un juicio en Estados Unidos, donde los fiscales acusan a Hernández, que dejó el cargo después de dos mandatos en enero, de dirigir el país como si se tratara de un “narcoestado”.

El departamento de Colón, donde se encontraba la plantación que visitó The Guardian, estaba condenado por la geografía: las llanuras deforestadas por los ganaderos proporcionaban una pista de aterrizaje perfecta para los aviones, y los kilómetros y kilómetros de la remota costa caribeña constituían el punto de anclaje ideal para las embarcaciones, cargadas hasta el tope de cocaína.

Sin embargo, en los últimos años, numerosas rutas de tráfico de drogas se han alejado de Honduras. El sonido, antes ubicuo, de las avionetas o lanchas rápidas zumbando a lo largo de la costa durante la noche es mucho menos común. En la actualidad, el terreno montañoso del interior del departamento es el que soporta la maldición.

Las autoridades comenzaron a descubrir plantaciones de coca en las laderas de las montañas situadas en el extremo oriental de Colón en 2020. Los traficantes buscan lugares remotos y desolados, con frecuencia dentro de reservas naturales.

Los agentes antidrogas se han visto obligados a caminar hasta ocho horas para llegar a las plantaciones de coca, lo cual los pone en riesgo de sufrir una emboscada y posibilita que cualquier persona que se encuentre en el lugar pueda escapar a la selva. En una remota plantación incluso se instaló una antena Wi-Fi para que los trabajadores pudieran ser alertados en caso de una inminente redada en una zona que carece de servicio de telefonía celular.

Los laboratorios en las montañas transforman a Honduras de estación de paso de la cocaína a productor - cocaina
Un paquete de cocaína incautado que lleva una bandera hondureña y la imagen de un gallito en la parte delantera. Foto: Orlando Sierra/AFP/Getty Images

Las detenciones han sido escasas, y los agrónomos colombianos que supervisan la producción de coca, y los “cocineros” que procesan las hojas para convertirlas en pasta, han evitado ser capturados por completo. “En Colón hay muchos colombianos trabajando en las plantaciones”, explicó el inspector. “(Los narcos) cuidan mucho a los cocineros porque sus operaciones dependen de ellos”.

No obstante, las autoridades comentaron a The Guardian que han reunido suficiente información de inteligencia como para determinar que una mezcla de clanes familiares del narcotráfico, nuevos y antiguos, son los responsables de las plantaciones. El ejemplo más destacado es la familia Montes-Bobadilla, que supuestamente ha traficado cocaína durante décadas. El 15 de mayo, la matriarca de la familia fue capturada y uno de sus hijos asesinado, justo dos semanas después de que el departamento de justicia ofreciera una recompensa por información que condujera a su detención.

Durante la fiebre del oro de la cocaína que se produjo tras el golpe de Estado de 2009, la familia Montes-Bobadilla presuntamente gestionaba uno de los mayores almacenes de cocaína del país, y recibía los envíos en su ciudad natal, Limón, antes de entregarlos a otros cárteles que transportaban la droga a Guatemala y a otros países.

Las autoridades indicaron que los traficantes comenzaron a experimentar con plantas de coca en Honduras hace aproximadamente una década, aunque el descubrimiento de plantaciones fue esporádico hasta el último par de años. La cantidad de cocaína que circulaba libremente por el país en ese tiempo era tan grande que no había muchas razones para adaptar las tácticas. No obstante, el incremento de los esfuerzos de interdicción y el desmantelamiento de las redes de tráfico obligaron finalmente a algunas personas a efectuar el cambio.

“Cada generación perfecciona sus métodos, mejora sus tácticas”, señaló el agente. Las plantaciones de coca presentan un menor riesgo y el potencial de una mayor recompensa. Un kilo de cocaína actualmente tiene un valor de alrededor de 13 mil dólares en Honduras, según indican las autoridades. Un traficante suele ganar entre 500 y mil 500 dólares por kilo que pasa al siguiente clan de la cadena. Sin embargo, un kilo producido en el país puede suponer una ganancia de más de 10 mil dólares.

En la plantación visitada por The Guardian, unas semillas rojas parecidas a las del café adornaban los arbustos marchitos y las hojas tenían un tono amarillo verdoso, lo que indicaba que estaban listas para su cosecha, la cual se realiza aproximadamente cada tres meses. Las plantas de coca tenían aproximadamente medio metro de altura, lo que sugería que ya habían sido cosechadas al menos una vez. En otras plantaciones, los agentes descubrieron arbustos completamente maduros de 2.5 m de altura o más, lo que indicaba que tenían al menos un par de años y que ya habían sido cosechados numerosas veces.

Las cosechas por hectárea varían mucho, pero incluso una pequeña plantación como ésta podría llegar a generar ganancias anuales de cientos de miles de dólares, una suma considerable en un país donde la gran mayoría de la población solo gana un par de cientos de dólares al mes.

La resistencia de ciertos cárteles de droga y el aumento de las plantaciones de coca evidencian el carácter de juego inútil de la guerra contra las drogas: si se detiene a un narcotraficante, el siguiente en la fila toma el relevo. Si se cierra una ruta de tráfico de la droga, se abre otra. Si se bloquea un método, los traficantes inventan uno nuevo. Ni siquiera la extradición de un expresidente detiene la circulación de las drogas.

“Siempre están un paso adelante de la policía”, dijo el inspector. “La realidad es que la droga siempre estará aquí”.