A un año de su destitución, Netanyahu de Israel se prepara para su regreso
El líder de la oposición, Benjamin Netanyahu, habla ante la Knéset en Jerusalén, Israel, el 9 de mayo. Foto: Atef Safadi/EPA

El 13 de junio de 2021, Benjamin Netanyahu pronunció su último discurso ante la Knéset (parlamento de Israel) como primer ministro. En un discurso de media hora, orgulloso y resentido, rememoró sus éxitos durante 12 años en el poder y advirtió sobre las amenazas existenciales a las que se enfrentaría Israel bajo el gobierno de coalición entrante. También hizo hincapié en que su partido conservador, Likud, pronto volvería a gobernar.

Yo los guiaré en una batalla diaria contra este gobierno malo, peligroso y de izquierda para derrocarlo”, clamó Netanyahu, entre las protestas y abucheos del pleno. “Con la ayuda de Dios, eso ocurrirá mucho antes de lo que creen”.

Apenas un año después, el exlíder, envuelto en un escándalo de corrupción, podría estar a punto de lograr exactamente eso.

El ambicioso experimento de gobierno en Israel –una coalición de ocho partidos que superó importantes diferencias ideológicas cuando se unió para destituir a Netanyahu y poner fin a años de estancamiento político– tiene dificultades para desenvolverse.

El acuerdo establecido para centrarse en las áreas de interés común y evitar los temas conflictivos, como la ocupación de los territorios palestinos, ha fracasado. La deserción que se produjo en abril destruyó su estrecha mayoría, y ahora casi todas las semanas el primer ministro, Naftali Bennett, se encuentra a si mismo presionando a otros miembros vacilantes de la coalición para que no obstaculicen proyectos de ley importantes o hundan su frágil gobierno.

Si un solo miembro renegado más renuncia, es poco probable que la coalición sobreviva al voto de censura que el partido Likud presentará inmediatamente, y la oposición podría convocar nuevas elecciones.

Entretanto, las divisiones internas del gobierno han provocado un caos en la Knéset. La semana pasada, los miembros de la coalición de tendencia izquierdista fueron convencidos de votar a favor de un proyecto de ley que ampliaba la protección legal otorgada a los colonizadores israelíes en la Cisjordania ocupada, mientras que la oposición de tendencia derechista –que apoyaba ideológicamente el proyecto– votó en contra, lo cual condujo a una derrota del gobierno por un margen de cuatro votos.

“Durante 12 años hemos tenido gobiernos que han debilitado la fe en la democracia y el Estado de derecho”, señaló la diputada de la Knéset (MK) Gaby Lasky, abogada de derechos humanos y miembro del partido de izquierda Meretz de la coalición, que votó a favor de la legislación con el objetivo de no perjudicar al gobierno.

“Estamos haciendo que se escuche nuestra voz en el pleno, pero somos una minoría en el gobierno y una minoría en la sociedad”, explicó. “Debo admitir que resulta más complicado de lo que pensaba dar incluso un pequeño paso”.

Netanyahu ha aprovechado la falta de unidad de la coalición alentando a la oposición a votar en contra de todos los proyectos de ley que propone la coalición, independientemente de su contenido, con el propósito de paralizar aún más a sus rivales.

Ahora, la paciencia de los partidos de tendencia derechista, como la Nueva Esperanza del ministro de Justicia Gideon Saar, se está agotando: si esa facción pro-asentamiento renuncia a la coalición, Netanyahu podría intentar formar un nuevo gobierno sin necesidad de convocar a nuevas elecciones.

“Básicamente nos encontramos en la misma situación de hace un año. La disciplina de voto de la oposición significa que todavía nos enfrentamos a la elección de Bibi, o no Bibi”, señaló Naama Lazimi, MK del partido laborista de centro-izquierda del gobierno, usando el conocido apodo de Netanyahu.

“Resulta difícil planear incluso con un mes de antelación en estas circunstancias… considerando que hemos logrado mucho, pero necesitamos más tiempo para realmente cambiar las cosas”.

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Benjamin Netanyahu, en búsqueda de su regreso. Foto: Ahmad Gharabli / AFP / Getty Images

El gobierno de Bennett puede presumir algunos éxitos, ya que creó una coalición histórica, que por primera vez incluye a miembros de un partido árabe independiente; ha logrado aprobar presupuestos atrasados, guió a Israel en las últimas etapas de la pandemia, hizo las paces con un poder judicial muy difamado por Netanyahu, y restableció las relaciones con los socios occidentales de Estados Unidos y Europa.

Sin embargo, el análisis que prevalece entre la población y dentro del edificio de la Knéset es que la coalición tendrá suerte si llega intacta al final de la sesión de verano.

“La actual Knéset es un mundo revuelto. La coalición quería mantener a Netanyahu fuera de la oficina del primer ministro, y lo hicieron, pero no existe ningún otro denominador común”, indicó Yuli-Yoel Edelstein, MK del Likud y expresidente de la Knéset.

“No pueden gobernar, así que deberían apartarse. Hay un país que gobernar y lo que está ocurriendo en este momento está perjudicando a la política israelí”.

El camino de Netanyahu para regresar a la presidencia comienza a ser más claro, no obstante, aún no es seguro. El líder del Likud todavía es juzgado por corrupción, y ha alienado a partes clave de su base de electores con acciones como el voto en contra de la legislación sobre los colonos. El líder, de 72 años, también se podría enfrentar a un desafío de liderazgo desde las filas del Likud.

Las últimas encuestas sugieren que el 39% de los israelíes preferiría regresar a las urnas para las quintas elecciones del país desde 2019 en lugar de mantener el gobierno actual o formar uno nuevo desde la actual Knéset, sin embargo, si las elecciones se celebraran en este momento, es poco probable que el bloque de centro-izquierda liderado por el ministro de Relaciones Exteriores, Yair Lapid, ni el bloque de derecha-religioso de Netanyahu obtuvieran una mayoría absoluta.

“Por una parte, es importante formar parte del proceso de toma de decisiones y tener representación árabe en la Knéset”, señaló Ahmad Tibi, líder del partido Ta’al, de mayoría árabe, de la oposición.

“Por otra parte, me entristece decir que este experimento de coalición fue prematuro. La izquierda y Ra’am (el bloque árabe de la coalición) quedarán destruidos en las próximas elecciones por haber traicionado a sus electores y sus principios. Ya se lo dije (a Mansour Abbas, líder de Ra’am): si no quieres nadar con los tiburones, no te metas en el agua”.