El ataque contra Salman Rushdie fue injustificable: Imran Khan
El ataque contra el escritor Salman Rushdie fue injustificable, dijo Imran Khan, marcando un tono distinto al de la silenciosa respuesta política en otros lugares de Pakistán. Foto: Murdo MacLeod/The Guardian

El exprimer ministro de Pakistán, Imran Khan, condenó el ataque contra Salman Rushdie, calificándolo como “terrible” y “lamentable”, y señalando que, aunque el enojo del mundo islámico respecto al libro de Rushdie Los versos satánicos era comprensible, no podía justificar el ataque.

Khan también comentó que esperaba que las mujeres afganas “hicieran valer sus derechos” frente a las restricciones impuestas por los talibanes, en una entrevista concedida a The Guardian en la que intentó moderar su reputación de revoltoso. Khan lucha por su supervivencia política tras ser destituido de su cargo en abril. Khan sostiene que su personal y sus seguidores están siendo perseguidos e intimidados, y que él está luchando contra acusaciones de hace ocho años de financiamiento ilícito de su campaña, lo cual podría conducir a que se le prohíba participar en la política.

Hace diez años, Khan se retiró de un evento en la India debido a que Rushdie también aparecería en el mismo y los dos hombres intercambiaron insultos, sin embargo, Khan no parece haber expresado su apoyo a favor de las acciones violentas contra el autor nacido en la India. No obstante, su denuncia del ataque resulta sorprendente en una región en la que la mayoría de los políticos han evitado realizar comentarios.

Cuando se le preguntó sobre su respuesta al ataque con arma blanca en el estado de Nueva York que dejó a Rushdie malherido, Khan respondió: “Creo que es terrible, lamentable”.

“Rushdie lo comprendía, porque procedía de una familia musulmana. Conoce el amor, el respeto, la veneración de un profeta que vive en nuestros corazones. Él lo sabía”, señaló Khan. “Así que yo comprendía el enojo, pero no se puede justificar lo que ocurrió”.

‘El pueblo afgano hará valer sus derechos’

Hace un año, Khan provocó consternación en Occidente y entre muchos afganos cuando celebró la toma del poder por parte de los talibanes, diciendo que con ello estaban “rompiendo las cadenas de la esclavitud”. Defendió el trato que dispensan los talibanes a las mujeres y las niñas, describiéndolo como una “norma cultural” local y señalando: “La idea de cada sociedad sobre los derechos humanos y los derechos de las mujeres es diferente”.

Un año después, las mujeres aún permanecen excluidas de la mano de obra afgana y las niñas mayores de 14 años todavía tienen prohibido asistir a la escuela. No obstante, Khan insistió en que el cambio tenía que provenir del propio Afganistán.

“Al final, las mujeres afganas, el pueblo afgano, harán valer sus derechos. Son personas fuertes”, comentó. “Pero si se presiona a los talibanes desde fuera, conociendo su mentalidad, no harán más que levantar defensas. Simplemente odian la interferencia exterior”.

Desde que perdió el voto de censura en abril, Khan dijo que su partido, el Pakistan Tehreek-e-Insaf (PTI), había sido el objetivo de las iniciativas del nuevo gobierno y de las fuerzas de seguridad destinadas a apartarlo de la escena política.

Uno de sus principales asistentes, Shahbaz Gill, fue detenido el martes y fue hospitalizado mientras se encontraba bajo custodia. Khan señaló que lo golpearon y lo dejaron “psicológicamente destrozado”.

La policía de Islamabad informó que Gill fue detenido por incitar a la población contra las instituciones del Estado e “incitar al pueblo a la rebelión”. Khan señaló que Gill fue atacado porque había expresado que los oficiales del ejército no deberían obedecer órdenes ilegales.

“Lo están obligando a decir que yo fui quien le dijo que dijera eso”, señaló el exprimer ministro.

Un informe médico sobre Gill indicó que este llegó al hospital con la respiración acelerada, señalando que era asmático. También mencionó “dolores en el cuerpo” y “sensibilidad en los tejidos blandos” en su brazo, espalda baja y glúteos. En la tarde del jueves se informó que lo habían dado de alta del hospital y que volvía a estar bajo custodia.

El canal de televisión que entrevistó a Gill antes de su detención, ARY, fue cerrado en algunas partes del país.

Khan comentó que la detención de Gill y el cierre de ARY formaban parte de un patrón establecido bajo el actual gobierno de Shehbaz Sharif, quien sustituyó a Khan como primer ministro.

“Lo que le están haciendo a Gill es enviar un mensaje a todas las personas”, señaló. “Y han asustado a nuestros trabajadores. Agarraron a activistas de las redes sociales y tenemos unas redes sociales muy activas. Están intentando intimidar en cierto modo a la población”.

Pakistán también registró un pobre historial de derechos humanos bajo el mandato de Khan, que abarcó desde 2018 hasta abril de este año, con ejecuciones extrajudiciales de disidentes y frecuentes amenazas contra periodistas, en particular reporteras que se enfrentaron a avalanchas de abuso sexual en las redes sociales.

Khan responsabilizó a las tácticas de contrainsurgencia de las fuerzas de seguridad de los excesos y las desapariciones.

“Ellos eran los responsables de detener a la gente, pero según ellos estaban implicados en esta insurgencia, que se estaba desarrollando en Baluchistán y en la zona tribal fronteriza con Afganistán. De modo que lo atribuían a eso, con cierta justificación, porque en los tribunales no se podía condenar a los terroristas debido a que no se conseguían testigos“, explicó Khan.

“En mi época, nunca intentamos oprimir a los medios de comunicación. El único problema era que en ocasiones los… organismos de seguridad, tres o cuatro veces supimos que habían detenido a alguien e inmediatamente, cuando nos enterábamos, rápidamente lo poníamos en libertad”, explicó.

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El exprimer ministro de Pakistán, Imran Khan, culpó a las fuerzas de seguridad de los abusos cometidos contra los derechos humanos durante su mandato. Foto: Saiyna Bashir/Reuters

La organización de defensa de la libertad de prensa Reporteros sin Fronteras (RSF) indicó que la letanía de abusos cometidos durante el gobierno de Khan era “interminable”. Sin embargo, añadió que existía una nueva campaña para intimidar a los periodistas críticos.

“El acoso contra los periodistas no ha cesado desde que Khan fue sustituido por Sharif como primer ministro, sino todo lo contrario”, señaló RSF en un comunicado.

Khan también se enfrenta a un proceso contra el PTI por parte del comité electoral del país, por contribuciones extranjeras ilegales a su campaña. No negó las acusaciones, no obstante, desestimó el caso por considerarlo políticamente motivado, alegando que los partidos rivales, como la Liga Musulmana de Pakistán (PML-N) de Sharif, no se habían enfrentado a un escrutinio similar.

Uno de los miembros fundadores del PTI, Akbar Babar, presentó una demanda contra el partido en noviembre de 2014, alegando irregularidades en el manejo de aproximadamente 3 millones de dólares de financiamiento extranjero. El mes pasado, la Comisión Electoral de Pakistán dictaminó que el PTI había recibido fondos prohibidos. Se encomendó a la Agencia Federal de Investigación (FIA) que siguiera investigando y la comisión citó a Khan el martes. Los expertos comentan que Khan puede ser expulsado de la política o que se puede inhabilitar a su partido si se comprueban los cargos.

Khan culpó a Washington de haber ideado el voto de censura que hizo caer su gobierno, sugiriendo que Estados Unidos había ayudado a convencer a miembros de su partido para que desertaran.

También culpó al ejército pakistaní, que desde hace mucho tiempo ha actuado como artífice de la vida política del país. En su entrevista con The Guardian se mostró más prudente al acusar a las fuerzas de seguridad, pero comentó: “Si ellos no estaban detrás de la conspiración, desde luego podrían haberla detenido porque las agencias de inteligencia, el ISI (Dirección de Inteligencia Inter-Services) y el MI (Inteligencia Militar), son agencias de inteligencia de calidad internacional, y sin duda habrían sabido qué estaba ocurriendo”.